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Economía para Principiantes

La autosuficiencia alimentaria ¿Sueño guajiro?

¿Queremos ser autosuficientes en materia alimentaria?

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En México debemos considerarnos sumamente afortunados por todo lo beneficiados que hemos sido en cuestiones de biodiversidad, de ubicación geográfica, clima y recursos naturales en general.

Todo esto me viene a la mente porque en días pasados, el presidente hizo mención. De un concepto que, si bien parecería obsoleto y poco visionario, en los hechos puede resultar lógico y muy benéfico, siempre y cuando se pueda traducir en una política pública, lo que requerirá mucho más allá del romanticismo del concepto y demandará en cambio de tecnología, promoción y muchos recursos económicos.

El concepto autosuficiencia alimentaria nos evoca a ese escenario en donde en cualquier seno de cualquier hogar mexicano, se levante la familia a desayunar y en la mesa, al centro se encuentre un gran queso fresco, frijoles recién pulverizados, fritos en manteca de preferencia, acompañados de un gran molcajete de salsa del día y por supuesto, de unos huevos fritos que produjeron nuestras gallinas. Después de desayunar, nada como un buen café con leche, ordeñada por supuesto de una de nuestras vacas.

Si lo anterior fuera posible, nos podríamos a salvaguarda de la escasez mundial y de la manipulación de precios de los granos en los mercados de futuros de Chicago. Y de verdad, no estamos tan alejados de la realidad ya que, en muchos de los estados del interior de la República, seguimos viviendo esa realidad basada en el autoconsumo, lo cual como les comentábamos, es un concepto profundamente romántico, propio de la época del cine de María Félix; Pedro Armendáriz o Joaquín Pardavé.

Desafortunadamente, ese modelo no es posible que opere en todo el país por una simple cuestión de escalas y de cadenas logísticas. En las ciudades resultaría impensable pensar en ese esquema de autosuficiencia, lo que nos obligaría a que fuesen otros los mexicanos que produjeran los alimentos para que como país pudiésemos pensar en sobrevivir sin depender de importaciones de alimentos, y para que ello suceda, se necesitarían modificar una gran cantidad de prácticas y políticas públicas para cubrir nuestras diferencias, de lo contrario, todo se quedaría en buenos deseos.

¿Tenemos océanos suficientes para proveer de alimentos al país? Sí. ¿Tenemos tierras para cultivar lo que necesitamos? También. ¿Contamos con el espacio suficiente para desarrollar la industria ganadera? Por supuesto. El problema es que no contamos con la tecnología suficiente, con el personal capacitado necesario y con vías de comunicación, férreas y aeropuertos que posibiliten el traslado óptimo de mercancías. Adolecemos de planeación a mediano y a largo plazo y por ello, lo que podría parecer una excelente idea, llena de lógica en el entorno de incertidumbre que estamos viviendo, se diluye ante la realidad en la que nos encontramos y todo se queda como una ocurrencia o como parte del anecdotario de buenos deseos no cumplidos.

¿Queremos ser autosuficientes en materia alimentaria? Pues entonces dediquémonos a
construir todo un plan integral con metas a corto, mediano y largo plazo, para hacer realidad
nuestro sueño de no depender de terceros para poder comer sabroso, fresco y nutritivo,
como debe ser.

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