AMLO y Keynes

AMLO y Keynes
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Jorge Alberto Lara

No hay que equivocarse, el presidente López Obrador tiene un interés preponderante, casi obsesivo, en la realización de grandes obras de infraestructura como el Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y el reacondicionamiento de la base aérea de Santa Lucía más por razones que tienen que ver con la generación de empleo que con la finalidad funcional de dichas instalaciones.

Como sabemos esta forma de impulsar la creación de fuentes de trabajo tiene como principal inspiración el pensamiento del economista inglés John Maynard Keynes.

La obra de Keynes ha sido muy influyente en la teoría económica universal, sobre todo lo fue en la primera mitad del siglo pasado. En la actualidad sigue siendo objeto de discusiones y debates.

Para Keynes, las fuerzas del libre mercado no garantizaban el objetivo del pleno empleo y ante esas insuficiencias recomendaba la intervención estatal y la utilización de recursos públicos.

Las premisas keynesianas suelen ser aplicadas por gobiernos de tendencias de izquierda moderada cuando se trata de superar ciclos de estancamiento económico. El mejor ejemplo de lo anterior  fue el programa de PWA (Public Works Administration, Agencia de Obras Públicas) creado por el gobierno de Franklin D. Roosevelt para superar los efectos devastadores de la gran recesión de 1929, en los Estados Unidos. Bajo los auspicios de dicho proyecto se construyeron decenas de obras utilizando la mano de obra de millones de desempleados. La prioridad era proveer empleo a ese ejército de personas desocupadas. La mayoría de las obras de la PWA consistieron en instalaciones de infraestructura, carreteras, aeropuertos, presas, edificios públicos.

Las principales críticas al keynesianismo al que resulta tan afecto el jefe del Ejecutivo, derivan de las consecuencias que puede generar en materia de deuda, ineficacia en el gasto y déficit presupuestal… y por lo tanto, en desinversión y más pobreza.

En el caso de la WPA se menciona que sus objetivos generales no se cumplieron y que en realidad generó gasto deficitario. Lo que eventualmente terminó con el capítulo post recesivo en los Estados Unidos fue el inicio de la Segunda Guerra Mundial y sus implicaciones económicas para este país, alejado geográficamente del conflicto y listo para desarrollar una industria bélica muy robusta.

Sin que la economía mexicana o mundial se encuentren en recesión en la actualidad, el presidente hace una apuesta a medidas anticíclicas: se trata de crear empleos a toda costa, sobre todo en el sureste.

Ante la determinación de López Obrador de avanzar en el desarrollo de estas obras, sería pertinente verificar si, una vez concluidas, en efecto tendrán una funcionalidad plena o si por el contrario se convertirán en elefantes blancos. Habrá que vigilar que los costos de construcción no se disparen y que en los hechos se conviertan en infraestructura que impacte positivamente en las regiones y en la calidad de vida de la población. El riesgo que se corre de no ser así es que estas construcciones se conviertan en un pesado lastre para los habitantes del sureste y para todos los mexicanos.

Ante la construcción de una refinería contra las opiniones de prácticamente todos los expertos, el presidente tiene un argumento central: se crearán cien mil empleos… La experiencia demuestra que hay dos tipos de empleos: los productivos o los que no lo son. Esperemos que estos empleos sean muy productivos y sustentables.

En la era de la tecnología de la información, el big data y la innovación y cuando otros países apuestan a la educación, en México se abre un nuevo laboratorio para las ideas del viejo Keynes…

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