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AMLO y las riendas del poder

AMLO y las riendas del poder
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Arturo Páramo

El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene el poder y lo ejercerá sin empacho.

Es evidente que habla de la administración pública, de la burocracia, e incluso de su alianza con poderes fácticos como la iniciativa privada o de sectores sociales que han sido y serán mercado cautivo del presidente de La República.

Sólo los ilusos pensaban que en el primer minuto del 1 de diciembre habría paz y tranquilidad en el país y que el impulso electoral de López Obrador alcanzaría para serenar a los grupos del crimen organizado y para que las personas que incumplen con normas cívicas tuvieran un repentino comportamiento digno de aplausos.

De acuerdo con la más reciente encuesta de Consulta Mitofski el 63 por ciento de los entrevistado en su estudio “Expectativas de Gobierno 2018-2024”, en el inicio de la Cuarta Transformación, el 43 por ciento de la población piensan que la situación general en México mejorará, y el 24 por ciento piensan que seguirá igual de malo o empeorará.

El 26 por ciento piensa que los cambios podrían comenzar a verse en unos seis meses, en tanto que una cifra similar piensan que estos llegarán hasta el primer año de ejercicio.

Los 50 asesinatos cometidos en los primeros dos días del nuevo gobierno, representan una reducción de aproximadamente un 20 por ciento respecto a lo que se registra normalmente. Es una buena señal que podría atribuirse al estado de expectación que marca Consulta Mitosfki.

Lo cierto es que López Obrador está dispuesto a asumir riesgos, a tocar los temas que sus antecesores, al menos Peña Nieto, evitó involucrarse personalmente.

El domingo pasado, en su primera visita a un estado como Presidente aceptó en Veracruz declarar emergencia en esa entidad por violaciones a los derechos humanos en la modalidad de desapariciones forzadas.

El lunes firmó el decreto por el que se aprueba la creación de la Comisión para conocer la verdad en el caso de los 43 desaparecios de Ayotzinapa, mientras el avión presidencial partía para siempre de México, y en la Bolsa de Nueva York se emitía una serie de bonos para hacer frente a la eventual finalización de contratos de construcción del Nuevo Aeropuerto de México, en Texcoco.

Es de esperarse que las demostraciones de fuerza de Lopez Obrador no choquen con la falta de claridad en temas como la continuación de las obras en el NAIM, o la conformación de la Guardia Civil Nacional con elementos de la milicia y a cargo de la Sedena y a la que insiste en calificar como policía civil.

“Tengo las riendas del poder en las manos”, insistió López Obrador en su primera rueda de prensa del sexenio y así se ha esforzado en corroborarlo.

Mención aparte es el inicio de la nueva administración en la Ciudad de México con Claudia Sheinbaum, quien al igual que López Obrador, tuvo polémicas decisiones antes incluso de iniciar su periodo en el gobierno.

La confirmación del uso de un logotipo presuntamente plagiado y la eliminación de las foto multas por un sistema de puntos y trabajo comunitario eliminan uno de los pocos logros que se reconocen a la anterior administración: la revaloración de la imagen y estima entre los habitantes de la ciudad, y el reconocimiento mundial en acciones referentes a la movilidad.

En el afán de marcar posturas, Sheinbaum podría desmantelar todo aquello que se hizo bien en la Ciudad de México y que la convirtió en la vanguardia en el país, y dotarla de nuevo de seguridad, de garantías para negocios y continuar con las acciones en materia ambiental.

Se trata del mundo real, de combatir la descomposición de la vida que se ha acentuado paulatinamente desde hace al menos una década. Hincarse durante la entrega del Bastón de Mando y dejarse llevar junto con miles de personas durante el ritual de purificación en el Zócalo pueden quedar en la anécdota si en las primeras evaluaciones de su desempeño no se observan reducciones en la delincuencia, una sensible disminución de la inseguridad y una mejora en los bolsillos de la población.

Si López Obrador tiene, como dice, “las riendas del poder en las manos”, todo lo que suceda en adelante es su responsabilidad. Repartir culpas será inadmisible.

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