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Black Mirror

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De acuerdo a su creador, este ejercicio al cual podemos llamar cinematográfico, “es una caja de chocolates amargos (dark chocolate), nunca sabrás cual te tocará, pero siempre será un chocolate amargo”. Charlie Brooker, en clara alusión a la caja de chocolates de Forrest Gump, crea una analogía que define de manera sencilla pero poderosa la esencia de esta serie, controvertida, visionaria, reflexiva y sobre todo genial.

La serie es una sucesión de historias que están entrelazadas entre sí por un momento en el tiempo, la relación nunca es clara, en cada capítulo se exponen pequeños indicios que remiten a otros capítulos, como una canción que se escucha en tres diferentes capítulos o los titulares de noticias que corresponden a las historias de otros capítulos. Fuera de esto, las historias son inconexas, es decir no es una serie de una misma historia, sino una serie de diferentes historias, cada una de ellas situadas en un futuro no tan lejano; historias que tampoco son de ciencia ficción, pues la temática principal, el uso inconsciente de las tecnologías digitales en realidad toca las fibras mas sensibles de las sociedades actuales, cosa que Brooker también explica en diferentes entrevistas.

Lo que sucede en el futuro en la serie, está pasando en este momento, los escritores y directores de cada capítulo nos dejan ver como el uso y abuso de las tecnologías de la información y la comunicación están cambiando y afectando a sus usuarios y como este uso y abuso se extiende a las sociedades, pues al fin y al cabo, es a los grupos a los que afecta de maneras que no hemos alcanzado a comprender lo que compartimos con los demás y el como usamos esa información, a la cual damos aprobación o compartimos sin comprender que alcance puede tener la acción de aprobar y/o compartir, además de usar la virtualidad para aspectos de nuestra vida que pueden considerarse contra natura.

El tema no es menor, y la serie nos lo muestra de maneras oscuras y perturbadoras, en extremos narrativos que son absolutamente creíbles, pues de alguna manera lo estamos viviendo. Estos extremos hacen uso de las posibilidades narrativas de la serie “Dimensión desconocida” en palabras del mismo creador, “eso es lo que debería verse en la televisión”. Para los que hemos visto The Twilight Zone la referencia es clara e inevitable, los que no la han visto es una recomendación y casi obligación verla si les gusta Black Mirror.

Además hay algo inquietante en la formalización del lenguaje cinematográfico de muchos de los capítulos, o me atrevo a decir que de todos, la gran similitud con la manufactura del gran maestro del suspenso Alfred Hitchock, quién por cierto también presentaba una serie de televisión bastante oscura y perturbadora como Black Mirror.

Sin lugar a dudas esta serie que no es nueva, empezó en 2011, es algo digno de ver, pues pocas series nos pueden hacer pensar y reflexionar de la manera que lo hace esta serie que va en su tercera temporada, pocas historias contadas en medios audiovisuales nos pueden enseñar un espejo en el cual vernos, en este caso, un espejo negro.

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