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La calle de Academia, un baluarte de la historia

La calle de Academia, un baluarte de la historia
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Pedro Flores

Caminar por la calle de Academia es transitar por la historia de la Ciudad de México y remontarnos a hechos del tiempo de la colonia hasta la modernidad de la capital de una de las urbes más pobladas del mundo.

Los viejos balcones de muchas de sus casas permanecen como mudos testigos de las andanzas románticas de damas de alcurnia española hijas de conquistadores, como Martín de Castroverde, Juan de Alvarado, Hernando de la Sesma y Francisco Negrón, entre otros.

Fue famosa en los años 40 por realizar uno de los más fastuosos bailes estudiantiles, en donde además de disfraces extravagantes, como pierrots y colombinas, había gigantes y cabezudos, tradición que desapareció con el tiempo.

La academia de San Carlos fue creada a petición de las autoridades de la Casa de Moneda de la Nueva España, quienes veían como fin principal establecer una escuela de grabado en el entonces virreinato novohispano, y mejorar la producción y acuñación de la moneda. Su fundación fue inspirada en el modelo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y fue la primera academia creada en el continente americano, y también tuvo en sus instalaciones al primer Museo de Arte que se inauguró en Latinoamérica.

Las materias principales que se impartieron en la academia fueron las de arquitectura, pintura y escultura. El terreno en donde el viejo “cascarón” de lo que fue una de las mejores escuelas de artes tiene un origen totalmente noble, ya que en 1530 Fray Juan de Zumárraga funda el “El hospital del amor de Dios”, cuya finalidad era proteger a las niñas indígenas de los abusos de los conquistadores y proporcionarles educación.

Un dato curioso de la edificación de dicho hospital es que el Ayuntamiento de la ciudad le había cedido los terrenos a Fray Juan de Zumárraga, y cuando las autoridades le pidieron que diera oportunidad para abrir una calle, la actual calle de Emiliano Zapata, el sacerdote les pidió que le ayudaran a construir dicho nosocomio.

En la actualidad, transitar por dicha calle es recorrer un área en donde el Instituto Nacional de Antropología e Historia tiene marcados como monumentos históricos del siglo XVII a los números 1, 3, 5, 13 y 15, y obras del siglo XVIII los edificios marcados con los números 21, 22, 27, 32 y 39.

El edificio de la esquina de Santa Inés y Academia está rematado con alto relieve, en donde al centro aparece un cordero que, en la época de Zumárraga, la utilizaba como vecindad, y cuyos dineros los empleaba para el hospital y el sostenimiento del personal que en su mayoría eran monjas.

La fama del hospital creció tanto que empezaron a llegar enfermos de todas partes, inclusive de Guatemala, lo que obligó a tener el apoyo real y se transformó en el “Hospital real del amor de Dios”, funcionando hasta 1788, pero en 1791 fue adaptado para la albergar a la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos de la Nueva España. Real del Amor de Dios”.

La iglesia y ex convento de Santa Inés, que albergaba 30 monjas, y cuya casa conventual es ahora el Museo deJosé Luis Cuevas, fue fundado en 1600 por Don Diego Caballero y su esposa Doña Inés de Velasco. El convento existió hasta 1861, y en la época colonial albergó a huérfanos españoles que no tenían dote. A cambio se exigió a estos huérfanos orar una hora al día por sus benefactores. Obligados por la ley de separación de bienes, los conventos y monasterios en el país se disolvieron.

La iglesia del convento y la sala residencial se separaron, pero la Iglesia de Santa Inés mantiene su función original. La sala residencia se convirtió en un a propiedad privada que funcionó principalmente como viviendas hasta que el artista José Luis Cuevas compró la propiedad con la intención de restaurarla y establecer el actual museo dedicado a su arte y el arte contemporáneo de América Latina.

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