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Cherchez the money

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Por Fulvio Vaglio

Cherchez la femme, pardieu, cherchez la femme! Quizás sea la expresión más prolífica del folletín decimonónico desde que Alejandro Dumas padre la puso en boca de Monsieur Jackal, el misterioso ex delincuente convertido en director de la Sûreté, en Los Mohicanos de París, de 1854.

Los investigadores de lavado de dinero al nivel internacional sólo han tenido que escoger entre varias mujeres que buscar: Concepción Andrade, la secretaria de Odebrecht encargada de manejar la dirección de “relaciones especiales” desde su fundación en 1987 hasta su despido en 1992; se llevó los papeles comprometedores y los guardó celosamente por 25 años, hasta que los entregó a las autoridades norteamericanas el año pasado.

También han buscado a una empleada de Mossack Fonseca, cuyo nombre no se ha hecho público, para que revele lo que sabe de esa firma legal con base en Panamá, que tejió una red internacional (45 sucursales) encargada de administrar cuentas en paraísos fiscales para la protección financiera de, entre otras, familias de políticos encumbrados, desde Azerbaiyán a Ucrania en orden estrictamente alfabético: en 2016 un anónimo John Doe destapó el caño con dos reporteros de la Süddeutsche Zeitung, Bastian Obermayer y Frederik Obermaier (la homonimia es real), empezando la inagotable filtración de los Panama Papers y provocando la caída aparatosa de Mossack Fonseca.

En cambio se ha hecho muy público el nombre de Mária Trošková, la ex modelo convertida de manera fulgurante en consejera especial del primer ministro eslovaco, Robert Fico: los innegables méritos políticos de Mária están en You Tube y se pueden accesar a través de la página rumana Cine este noua asistentă a premierului… Habrá que ver si las autoridades eslovacas decidirán ir por la asistente especial, o si la dejarán en el limbo de los intocables.

Hasta aquí la historia no pasa de un escándalo digno de tabloides amarillistas, con políticos y empresarios que, en sus momentos de ocio, buscan la femme; pero su esmoquin ajado tiene las mangas manchadas de sangre. El 21 de febrero se encontraron dos cuerpos en una casa de Ve’lká Mača, en el suroccidente de Eslovaquia. Los muertos, Ján Kuciak y su novia, habían sido balaceados; Kuciak era periodista y tiene el desafortunado récord de primer reportero asesinado en la breve historia de la Eslovaquia independiente.

La opinión pública ha especulado que el asesinato de Kuciak tiene que ver con su actividad de reportero para el blog Aktuality.sk, en el que se había sumado a la protesta contra el Ministro de Interiores, Robert Kaliňák, presuntamente implicado en la especulación inmobiliaria: lo que a su vez lo relacionaría con la ‘Ndrangheta calabresa: el último reporte de Kuciak, que todavía no veía la luz en el momento de su muerte, hablaba de la mano larga de la mafia, que desde hacía años se había instalado en el suroccidente de Eslovaquia, malversando fondos de la Unión Europea para corromper a políticos de alto nivel; entre ellos, ¿adivinen?, Mária Trošková y Viliam Jasan, presidente del Consejo de Seguridad eslovaco.

La respuesta de Fico no fue convincente: acusó a la oposición de medrar políticamente con la muerte de Kuciak, y movilizó para este propósito Dennik N, el medio rival de Aktuality.sk. El gobierno se desmoronó: el Ministro de Cultura, Marek Mad’arič, se dijo “frustrado” por el asesinato del reportero y presentó su renuncia el 5 de marzo; Kaliňák renunció el 12; Mária ha renunciado a su puesto para no entorpecer las investigaciones y Robert acaba de ser sustituido por Peter Pellegrini este pasado 22 de marzo.

No hay autogolpe sin Reichstag: unas horas después del asesinato de Kuciak, se incendió el edificio donde se guardaban los expedientes inmobiliarios y los bomberos se tardaron veinticuatro horas en apagar el fuego: sin pérdida de documentos importantes, declararon las autoridades, y parece oír el Uff! generalizado de alivio…

Unos meses antes, el 16 de octubre 2017, había explotado un coche bomba alquilado por Daphne Caruana Galizia, reportera maltesa que murió en el atentado. Unas horas antes había escrito en su blog: “Hay delincuentes dondequiera que mires. La situación es desesperada”. Daphne estaba investigando lo que los Panama Papers habían revelado sobre la corrupción de altos políticos en su país; en particular el primer ministro Joseph Muscat.

Los asesinos no habían escatimado recursos: la bomba era tan poderosa que los restos del auto fueron lanzados en el aire y aterrizaron en un campo cercano; el primer ministro condenó el atentado (¡faltaba más!) y a la fecha sigue en su cargo.

La secuencia principal queda clara: empieza con un garganta profunda destapando la caja de Pandora con unos periodistas (Mossack Fonseca en este caso); el escándalo atrae la atención de las autoridades designadas para monitorear los secretos a voces de fraude fiscal y lavado de dinero; alguien empieza a relacionarlo con lo que se murmura sobre una transnacional brasileña (Odebrecht), que ha obtenido y sigue obteniendo jugosos encargos gubernamentales a través de donativos a la gente adecuada, inicialmente en Latinoamérica pero también en otros países.

Parecería el escenario perfecto para que las mismas autoridades internacionales entren al desquite en el juego que mejor conocen: castigar a los responsables locales sin tocar demasiado a los beneficiarios globalizados y a los políticos nacionales, que todavía pueden servir; sólo que también se han metido al partido los periodistas y blogueros obedientes a su ética profesional, y destapan otro caño pestilente: la relación de los proveedores de paraísos fiscales con el crimen organizado, que es la otra multinacional de la que nadie habla.

Follow the money, dicen los investigadores en las teleseries norteamericanas (inclusive las que se disfrazan de política real); Cherchez la femme, sugiere el folletín europeo. Mientras se deciden, nos quedamos con el mapa: la red de corrupción y crimen organizado ocupa los cincos continentes, en espera de que también la Antártida se vuelva un objetivo estratégico relevante. Es una internacional democrática porque abarca a todos parejo: no importa que seas pobre como Eslovaquia o pequeño como Malta (Ján Kuciak y Daphne Caruana Galizia lo demuestran).

Vaya, ni siquiera queda exenta Islandia cuyo primer ministro apareció en el payroll de Mossack Fonseca: y tan bien que nos caían los vikingos en el mundial…

* Semiólogo, analista político, historiador y escritor / Fotos: https://en.wikipedia.org

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