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Cri Crí, vecino del periquillo sarniento

Cri Crí, vecino del periquillo sarniento
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Pedro Flores

Hablar de la plaza Jáuregui es introducirnos en grandes pasajes de la historia de México, en donde se puede hablar de cárceles de personajes famosos, de un viejo palacio municipal de pinos y sauces que dieron tranquilidad para que, en su momento, Joaquín Fernández de Lizardi escribiera “El periquillo sarniento”, y Francisco Gabilondo Soler “Cri Crí”, algunos de sus cuentos musicales que lo inmortalizaron.

Dicha plaza está ubicada en uno de los centros culturales e históricos de la Ciudad de México, en Mixcoac. Esta palabra, proveniente de náhuatl “mixcoatl”, que se traduce como “Nube en forma de serpiente”, en épocas prehispánicas era la zona de los Chichimecas, adoradores de los dioses Tláloc y Quetzalcóatl, y que rendían tributo al señor de Azcapotzalco.

Hay mucha historia en dicha plaza, aquí hay construcciones hermosas cuyas paredes son testigos mudos que han visto pasar personajes de toda índole, por ejemplo, el edificio donde hoy se encuentra la casa de cultura “Juan Rulfo”, este inmueble data del inicio del siglo XX.

Es un edificio arquitectónico de estilo porfiriano, construido por órdenes del General Díaz, en 1912, que fue habitado por Merced Gómez, presidente municipal de Mixcoac.

La historia local habla de que en el entonces lejano barrio y, en particular en el edificio del edil, se encontraba una de las cárceles más obscuras y feas, a donde enviaban a los delincuentes más peligrosos o reos políticos, como lo fueron en su momento José de León y Toral y la Madre Conchita por el asesinato del general Álvaro Obregón. Ellos fueron enjuiciados ahí.

Cerca de dicho inmueble se localiza la parroquia y ex convento de Santo Domingo de Guzmán, cuyo atrio es uno de los más hermosos y cuidados de toda la ciudad.

El templo data de 1648, y llaman la atención los grandes casetones que forman su techumbre; el arco de la portería y el claustro del convento son de 1595, en donde los vecinos adoran a la Virgen del Rosario.

Son muchas las anécdotas de los viejos vecinos que escuchaban la historia de sus abuelos que les comentaban que Mixcoac era un pueblo muy chico, la mayoría de las calles eran empedradas, y todas las familias se conocían porque inicialmente eran como ocho o 10 cuadras, y lo demás era puro maizal, así que había que caminar como hora y media de brecha para llegar a la avenida Coyoacán, que era el único camino para “México”.

La lejanía de esta zona a finales del siglo XIX y principios del XX originó  que mucha gente adinerada construyera sus casa de fin de semana, es por eso que aún prevalecen hermosas construcciones, como la Casa Serralde, la Casa Limantour, que hoy es sede del Colegio Williams, o verdaderas evocaciones europeas, como la casa Frehoof Evers.

El ambiente fue propicio para que gente como Joaquín Fernández de Lizardi habitara frente al jardín, en la vieja calle de Campana 51, ahora número 73.

Joaquín Fernández de Lizardi, mejor conocido como “El pensador mexicano”, escribió aquí su célebre novela “El periquillo sarniento”, que refleja las costumbres mexicanas y “La casona”.

A unos pasos de ahí, vivió Francisco Gabilondo Soler “Cri Crí” con su primera esposa, Rosario Patiño Domínguez, ambos nacidos en Orizaba, Veracruz, sin embargo,  desgraciadamente su casa ha desaparecido.

Dentro de este contexto no podemos dejar pasar a otro gran personaje mexicano oriundo del viejo barrio, Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, quien a lo largo de su obra poética realiza una gran cantidad de referencias a Mixcoac, su pueblo y su memoria, sobre todo en su libro “Vuelta”, de 1971, nos deja ver la transformación del antiguo pueblo en un barrio más de la Ciudad de México:

Mixcoac fue mi pueblo: tres sílabas nocturnas,

un antifaz de sombra sobre un rostro solar.

Vino Nuestra Señora, la Tolvanera Madre.

Vino y se lo comió.  Yo andaba por el mundo.

Mi casa fueron mis palabras, mi tumba el aire.

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