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CRIANDO CUERVOS / Ebrard y la dignidad nacional 

CRIANDO CUERVOS / Ebrard y la dignidad nacional 
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Javier Ramírez 

Entre hoy y mañana se sabrá el resultado del encuentro del canciller, Marcelo Ebrard, con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, acerca de la imposición arancelaria a los productos mexicanos, como represalia a la política migratoria de México.

La llegada del grupo de funcionarios mexicanos, encabezado por Ebrard, a la capital estadounidense pretende argumentar, desde varios frentes, contra la medida del presidente Trump.

En los tuits que envió el canciller la semana pasada, momentos antes de partir, hace mención a dos aspectos que llaman la atención.

El primero es que explicó el por qué salió del país hasta el viernes por la tarde, y no el mismo día que se dio a conocer la medida por parte de Trump.

El canciller expresó que fue porque se preparaban los argumentos para sentarse a dialogar, ya que estos no sólo dependían de Relaciones Exteriores, -la secretaría a su cargo-, sino que era un asunto que inmiscuye a varias dependencias, lo cual es creíble y aceptable.

Sin embargo, Ebrard ha recibido, prácticamente en menos de una semana, dos desaires de parte de Pompeo.

El primero fue el 23 de mayo, cuando el funcionario estadounidense canceló su reunión con el canciller mexicano, estando Ebrard ya en Washington.

El canciller a su vez disculpó ante la prensa el despreció de Pompeo diciendo que fue llamado de urgencia por Trump.

Pero en el campo diplomático, esas señales ni son bien vistas, ni presagian cosas buenas, pues muestran desprecio por el funcionario y por el país que representa.

De nuevo en Washington, y de nueva cuenta buscando a Pompeo, Ebrard no fue plantado otra vez, pero sí maltratado, pues la reunión entre la delegación mexicana y la estadounidense la aceptaron cinco días después de que arribaron los representantes del gobierno mexicano a la capital de Estados Unidos.

Esa dilación muestra el mínimo, sino es que nulo interés por escuchar los argumentos de la comitiva mexicana en el tema de los aranceles que se ciernen sobre los productos mexicanos a partir del 10 de junio.

El otro mensaje vía Twitter que envió Ebrard y que llamó la atención fue que “defendería la dignidad de México”, pero la declaración de la Casablanca acerca de la sanción arancelaria nada tiene que ver con la dignidad del país.

Y si alguien tiene dudas de ello, basta con escuchar la conferencia que dio el sub secretario para América del Norte, Jesús Seade, justo en el momento de conocerse oficialmente la medida, y que inicialmente había sido convocada para hablar del T-MEC.

El diplomático explicó que una acción de ese tamaño no está sustentada en ningún acuerdo comercial, y menos en una relación como la que tiene México con Estados Unidos.

Seade mencionó que algo así sólo puede aplicarse cuando un producto avasalla el mercado de otro país, y se impone ese tipo de medidas únicamente por cinco años, para luego desregular el arancel, y volver al 0% sobre ese producto.

Es decir, el tema es comercial, es internacional, es de respecto a los tratados y acuerdos internacionales y así se tendría que dirimir. Nada tiene que ver con la dignidad de un país.

Pero el que Trump se haya esgrimido, -ahora más que nunca-, como el gran enemigo de México, le da al Presidente López Obrador la oportunidad de cohesionar a casi todos los sectores en torno suyo, y presentarse como el David que combatirá a Goliath, así no haga más que inflar el pecho y gritar a los cuatro vientos lo valiente que es.

Piquete de ojos

El libro que supuestamente le explotó a la senadora de Morena Citlalli Hernández, ha dejado al paso de los días, más dudas que muestras de solidaridad con la legisladora.

Es poco creíble que quien haya intentado hacerle algún tipo de daño con el supuesto explosivo, no haya colocado nada que pudiera lastimarla de verdad.

No es que se desee que Hernández haya sufrido una lesión más seria, pero esa personas que llegó hasta el extremo de elaborar un artefacto así y enviarlo hasta su oficina, pues le faltó el elemento esencial de un explosivo: esquirlas de metal, vidrio quizá, o mínimo unas tachuelas.

Ya hay opiniones de expertos que tachan el suceso como falso, pues no cuadra ni el patrón de la explosión, los materiales, ni el hecho de que no haya ningún elemento quemado, ni siquiera los bordes del libro, donde debió producirse la chispa de ignición para el explosivo.

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