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CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Caifanes famosos (II)

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Caifanes famosos (II)
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Pedro Flores

Muchos fueron los hombres que en esta zona hicieron historia, entre ellos destaca por ejemplo José Cora “El Colo Cora” hermano de la estrella del cine nacional Susana Cora, que medía 2 metros de estatura y era muy parecido a Jhonny Weismuller, quien interpretaba a “Tarzán”.

Protegido de la señora “Judith” que tenía una “casa de costura” en la colonia Roma. Ahora vive retirado, después de que recibió una golpiza por parte de 20 policías que lo enviaron 2 meses al hospital, y que por su fortaleza sanó.

Otro de los hombres muy conocidos en Cuauhtemotzin, ahí por donde estaba el cabaret “Siglo XX” y que en un tiempo se conoció como “El Barrio Francés”, ya que muchas suripantas en esa área provenían de dicho país, fue Carlos Zozaya, “El Jitomate”. El era el reverso de la medalla del “Colo Cora”, era pequeño, sólo media 1.50 mts, pero era muy ingenioso, entre él y el “Colo” manejaban a las chicas.

Carlitos, como le decían sus amigos era hermano de la primera esposa de Agustín Lara, “La Chata”, Carmen Zozaya. Hubo algunos más cionocidos como Paco “El Elegante” de quien se contaban mil cosas, pero la mayoría era fantasías de sus amigos.

Otros muy populares fueron Carlos Villalpando “El roto”, Pepe Aguilar “El canario”, César Mantilla, “El César”, Miguel García Domínguez, “El camote”, de quien decían, era muy metódico.

Algunos no tan importantes, pero que también eran parte de esa fauna caifanil, fueron Pancho “El Molacho”,Jaime Macías “El Media Luz”, porque le faltaba un ojo, Momo Aguilar “El Nalgas Paradas” quien era un gran bailarín, Ramón Berúmen, “El Bello” quien terminó siendo referee de boxeo, Abel Quiroz, “El Médico” hijo de un famoso doctor quien era secretario particular de Emilio Tuero.

Y de mujeres, ni hablar

Así como hubo muchos hombres que hicieron época, también el sexo femenino tuvo grandes representantes dentro del medio del cabaret y centro nocturno de aquellas épocas, sobresalían Carmen Magaña, “La Veracruzana” quien tenía unas formas de guitarra, brava mujer que peleaba con cualquiera y que rivalizaba en popularidad con otra morena “La Obsidiana” y cuyos recuerdos viven en mucha gente que ahora tienen puestos en la administración pública o industriales a quienes les da pena volver los ojos atrás.

Las velas de Santa y Diego Rivera

Las parrandas eran largas, la bohemia y la vida nocturna en esos tiempos estaban desbordadas, si bien a las 5 o 6 de la mañana cerraban “El Caracol”, “El Gusano, “El Río Rosa”, “El Burro”, y a esa hora “la gente bien” acudía a “La Canción”, ubicada en la calle del Organo, “La Bola”, “El Grillo Verde” y naturalmente a “las Velas de Santita” allá en Izazaga, en donde frecuencia se veía a Diego Rivera, Antonio Badú y muchos artistas más.

La vida nocturna había florecido en todo su esplendor, empezaron a sonar nombres como el de Francisco Aguirre y su hermano Tomás, Heriberto Pino, Max Salazar, como los principales propietarios de los Bares como “El Río Sena”, “Guadalajara de Noche”, “El Zombie”, “El Caracol”, “El Gusano, “María Bonita,” “El Infierno” o “El Bohemio”.

Muchos personajes surgieron a la luz de las variedades que se presentaban en el “Waikiki” cabaret que estaba enfrente del periódico “Excelsior” y en donde debutó Pedro Infante; donde se hizo famoso el grupo de música afroantillana “El Son Clave de Oro”, con sus cantantes Chepilla, Moscovita y Cascarita. En el “Rio Rosa” se inició la cantante María Victoria, promovida por Jorge Moll. Ahí la conoció Manuel Gómez, entonces cuñado de Pancho Aguirre y con quien se le ligó sentimentalmente, iniciando así el despegue de su carrera.

El cabaret “Barba Azul”, nació prácticamente con el mambo en la década de los cuarenta. Ubicado en el centro de la colonia Obrera, colonia que tiene la fama de contar con el mayor número de cantinas y cabarets como el “Quinto Patio” en cuyo techo tendían ropa y contaba con espléndidas “mamboletas”. Más de 600 mujeres acudían cotidianamente.

En la planta baja estaba el salón principal, se exigía mucha limpieza a las chicas que además de destacar por su afición al baile, lo hacían por su forma de mascar chicle.

En los pisos superiores, la música estremecía gracias a las bocinas, las parejas bailaban sobre cemento, no en pista, las mamboleras eran de menosrcategoría, “otra cosa era en el tercer piso, algunas bailaban con huaraches y hasta descalzas”, contaba el historiador y periodista Ricardo Valdez Olay.

Ahí, recuerda el que fuera conocido en sus escritos como “El Hindú Rivolay” que una de las principales asistentes era “La Muertera”, cuyo apodo surgió porque alternaba hasta con sepultureros, “La Negra”, de color serio pero buena bailadora, “La Zopilota”, de quien decía que era fea, pero muy amorosa y “la Licuadora” que bailaba tremendamente.

Severo Mirón, otro periodista e historiador, interrumpe y señala que “El Columpio” y rememora a “La Rondalla” situada en en Jaime Nunó y Santa María, frente al “Aztimba” que tenía más de 300 mesas y competía con “El Can Can” “De uno de esos sitios había salido el vate López Méndez, quien hacía esquetches para revistas musicales y el “Shubert” quien escribía en “El Redondel”, ambos, cronistas de la revista “Vea”, la más atrevida de la época, fueron conminados a “desalojar la sala” porque había llegado la hora “U”, que señalaba que a la una de la mañana debían de cerrar.

Regresaron debidamente armados al otro día, el Vate discretamente le dijo al “Shubert” Mira hermano, vengo preparado, en el momento en que le mostraba una anforita que traía en la bolsa trasera, ambos se encaminaron al “Barco Dorado “, de donde los corrieron también a la una de la mañana. Entrados en alipuses, comentó, salieron del “Centro de Salud” y el Vate se resbaló cayendo de nalgas al piso, y al sentir el líquido en “salva” sea la parte, lo único que dijo. “Ojalá y sea sangre.

 

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