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CRÓNICAS DE LA CIUDAD: Hace 47 años murió Adelita

CRÓNICAS DE LA CIUDAD: Hace 47 años murió Adelita
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Pedro Flores

Víctima de cáncer, Adela Velarde Pérez murió el 18 de marzo de 1971, en la población de Del Río Texas.

Adela trabajó más de 25 años en la ex Secretaría de Industria y Comercio, pero su fama y valor trascendieron con el corrido más famoso de la Revolución: “La Adelita”.

Descendiente de sangre hidalguense, Adela nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 8 de septiembre de 1900. Quienes la conocieron dicen que heredó el carácter indomable de su abuelo, el general Rafael Velarde, decidido partidario, pero además, amigo de Benito Juárez, a quien protegió de casa en casa durante su presidencia itinerante.

Hija de un comerciante de Ciudad Juárez, desde joven, su vocación fue la medicina, por eso en 1915 se incorporó a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca. Cuando estalló la Revolución, el movimiento la motivó más tal vez por las pláticas que sostenía con la maestra Leonor Villegas de Mañón, su tutora, quien había fundado el cuerpo de enfermeras de la Cruz Blanca Neutral.

Adela pidió permiso para ingresar a dicha institución para auxiliar en los diversos puntos de combate, pero su padre, don Rafael se negó. La pequeña no se dio por vencida, y con mentira tras mentira fue aceptada por doña Leonor el 7 de febrero de 1913.

A los 14 años, Adelita quedó incorporada a las tropas carrancistas que comandaba Alfredo Brecede.

Documentos consignados en el Archivo General de la Nación señalan que la novel enfermera demostró facultades para la medicina y pronto aprendió a limpiar y curar heridas, y su valor en el frente de batalla de Camargo, Parral, Torreón y Santa Rosalía, le valieron la admiración de tropas y oficiales.

UN SEMINARISTA, AUTOR DE LA CANCIÓN

Antonio del Río Armenta, quien era un ex seminarista que también prestaba sus servicios en la Cruz Blanca Neutral, había entablado una gran amistad con Adelita y una vez le dijo que era su amor platónico. Toño, como lo conocían, solía tocar su armónica en sus ratos libres, y era afecto a hacer amistades. Adela aseguraba que Toño había muerto en Santa Rosalía cuando corría al río a llevar agua a uno de los heridos. Cuando le avisaron a ella, corrió para ayudarle, pero llegó tarde. Poco se podía hacer por su amigo.

En sus brazos, antes de morir, le dijo que la música que tanto tocaba en el organillo era para ella, y que la letra y  la música estaban en su mochila, que la conservara como un recuerdo. Así, el corrido de “La Adelita” se entonó por primera vez en el sepelio de Antonio del Río Armenta, para después convertirse en el himno de las huestes revolucionarias.

UNA AUTÉNTICA BENDICIÓN

Ella todavía siguió como enfermera hasta la Batalla de Zacatecas, entonces dejó de pertenecer formalmente al Ejército. Con dificultades llegó a la Ciudad de México, donde se empleó como mecanógrafa en la administración de correos número uno, para después ingresar a la entonces Secretaría de Industria y Comercio.

Muchas fueron las personas que durante su vida burocrática en dicha dependencia la conocieron y bastantes también las que dudaban de su identidad, detalle que a ella no le importaba.

A la muerte de Venustiano Carranza, Adelita regresó a Ciudad Juárez para visitar a sus padres, y luego se regresó a la capital de la República para engrosar las filas de la burocracia. Orgullosa de lo que había hecho siempre, conservaba una carta de Monseñor José María Martínez, quien fuera arzobispo de México en donde al calce señalaba: “Para la auténtica Adelita, con mi bendición”.

Además, existe un decreto presidencial del 9 de octubre de 1962 en donde se señala con claridad que Adela Velarde Pérez es veterana de la Revolución, según se comprueba por el oficio 9734 de fecha 22 de febrero de 1941, girado por la Secretaría de la Defensa Nacional, ostentando la condecoración al Mérito Revolucionario que se le otorgó por los servicios prestados del 20 de febrero de 1913 al 15 de agosto de 1914, por lo que se le otorga una pensión vitalicia de $750 pesos, mientras la interesada conserve su estado civil.

SU VIDA AMOROSA

La vida amorosa de “La Adelita” no concluyó hasta que “se fue con otro” con un Coronel de nombre Alfredo Villegas. A esta persona lo había conocido en “la bola”, porque era sobrino de doña Leonor, la fundadora de la Cruz Blanca Neutral en Ciudad Juárez, pero lo había dejado de ver por muchos años.

En 1965, Adelita llegó a la Ciudad del Río, Texas; donde se casó con Villegas, quien era era viudo. El militar, ya retirado, la localizó y le habló de amores, cuando Adelita tendría 70 años de edad, se casaron y se la llevó a vivir a Del Río, Texas, en donde residía. Sin embargo, seguido se les veía por Ciudad Acuña con su esposo en la plaza, tomando cerveza. La doctora Elma Villegas, nieta del coronel, dio información, documentos y fotografías para que el doctor José Alberto Galindo Galindo, cronista de Zaragoza, escribiera el libro titulado “Bajo un cielo de metralla, la verdadera historia de La Adelita”, editado en 2008.

El cáncer que padecía desde su estancia en la capital se fue agravando y poco a poco ese cuerpo que resistió tres heridas de gravedad y sorteó mil peligros se fue minando. Los esfuerzos médicos fueron vanos, el 18 de marzo de 1971, a los 72 años, murió Adela. La mujer se acababa y la leyenda seguía. En su tumba lacónicamente se lee: Adela Velarde Pérez (8 de septiembre de 1900- Estados Unidos, 1971).

El 20 de noviembre del 2014, la Secretaría de Relaciones Exteriores, a través del Consulado de México en Del Río, Texas, celebró ese día en el 104 aniversario de la Revolución Mexicana, y ahí tuvo lugar el primer homenaje oficial que se realizó a Adela Velarde Pérez, La Adelita.

En el cementerio de San Felipe, ahí en Del Río, Texas, en Estados Unidos, más de 100 personas se juntaron en torno a su tumba y le rindieron homenaje a la mujer cuya vida y entrega a la causa de la Revolución inspiró una de las canciones más conocidas de todo el repertorio musical en México, traducida, además, a varios idiomas, pero la estrofa más popular es: “Y si Adelita quisiera ser mi novia y si Adelita fuera mi mujer, le compraría un vestido de seda para llevarla a bailar al cuartel”…

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