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CRÓNICAS DE LA CIUDAD / La canción mixteca y la Casa del Estudiante

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / La canción mixteca y la Casa del Estudiante
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Por Pedro Flores

Es patrimonio nacional y no recibe ayuda, en sus instalaciones la pintura de las paredes se de scascara y los muros muestran algunas fisuras y manchas de humedad. Algunos pasillos se ven oscuros, hay rastros de polvo en el suelo y algunos agujeros que antaño fueron ventanales, y que ahora están cubiertos con lonas. En sus paredes externas hay basura acumulada de la que fue orgullosa Casa Nacional del Estudiante (CNE), ubicada en Tepito, iniciada en 1910.

La Casa Nacional del Estudiante fue un proyecto impulsado en el gobierno porfirista para ayudar a los alumnos de bajos recursos y de diversas partes del país para obtener una profesión. La primera piedra de este edificio se colocó el 6 de julio de 1910, en una ceremonia encabezada por el entonces secretario de Hacienda, José Yves Limantour. La apertura fue un año después.

A 108 años de la inauguración del inmueble de tres pisos, ubicado en la esquina de lo que fue el Callejón del Perro y Plazuela del Carmen (hoy Plaza del Estudiante y calle Girón) resiente el abandono de autoridades locales y federales.

A pesar de que este inmueble del Instituto Nacional de Antropología e Historia (ficha número 090060071352) está incluido en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos sufre grave deterioro, muestra las marcas del tiempo, el clima, la contaminación y la actividad del ambulantaje.

Los estudiantes que forman el comité estudiantil que administra la CNE han solicitado en diversas ocasiones la intervención de la Delegación Cuauhtémoc para que los comerciantes aledaños dejen de sujetar sus puestos en las debilitadas columnas, pero hasta la fecha, no les han dado respuesta.

La casa de tres pisos tiene una escalera ascendente, una especie de caracol que conecta a las piezas del recinto, incluyendo un auditorio y una biblioteca que los jóvenes han ido armando con donaciones de los de nuevo ingreso.

El mantenimiento de la misma se hace con donaciones de los mismos estudiantes, y para ahorrar, reciclan el agua de los baños y ya instalaron celdas solares para no gastar mucho en gas y luz.

El edificio (estilo porfiriano), cuya construcción estuvo a cargo del arquitecto Mauricio de María y Campos, tiene un amplio vestíbulo cuyas escaleras de caracol se coronan con los murales afectados por la humedad y dos amplias canchas para futbol y básquetbol.

El esfuerzo colectivo de los estudiantes es ponderable, ya que gracias a ellos el comedor es abastecido por un banco de alimentos, y las diversas cooperaciones permiten comidas diarias. Los estudiantes, organizados en comisiones, también se han dado a la tarea de instalar una pequeña biblioteca y una sala de cómputo para quienes no cuentan con equipo propio.

Historias y leyendas

No existe una memoria escrita fidedigna en donde se asiente que ahí estuvieron célebres personajes como Pedro de Urdimalas, guionista de la película “Los Olvidados”; José Vasconcelos, ex rector de la UNAM, y Emilio Portes Gil y Miguel Alemán, expresidentes de México.

También los revolucionarios Julio Antonio Mella, Ernesto Guevara de la Serna, el Che, y Fidel Castro, entre otros, y se habla de la participación social que tuvo en los sismos de 1985, pues sirvió de albergue, y los estudiantes de medicina de esa época atendieron a los que lo necesitaban.

De lo que sí es de la presencia de José López Alavés, quien junto con la orquesta de la Casa del Estudiante compuso la “Canción mixteca” en 1912, y forma parte del Álbum de Compositores Juveniles en la Casa del Estudiante, dato reconocido por la Sociedad de Autores y Compositores.

Este compositor nació en Huajuapan de León, Oaxaca, el 14 de julio de 1889, y fue hijo de José López y Rita Alavés.

En 1900 forma parte de la banda infantil en Huajuapan, que integró el maestro Fidencio Toscano y donde fue clarinetista. Con motivo del Centenario de la Independencia de México, obtuvo el primer premio como clarinetista, otorgado por el presidente Porfirio Díaz Mori, y el secretario de Educación Pública, Justo Sierra, y una pensión por dos años para continuar sus estudios en la Ciudad de México.

Al parecer, la Casa Nacional del Estudiante seguirá sobreviviendo gracias a las donaciones.

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