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DERECHOS EN LA MIRA: LA INFANCIA EN EL PERIODISMO

DERECHOS EN LA MIRA: LA INFANCIA EN EL PERIODISMO
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POR: NASHIELI RAMÍREZ HERNÁNDEZ

Hablar de derechos de la infancia es un acto revolucionario. Es revolucionario porque rompe con las visiones estereotipadas con las que crecen niñas, niños y adolescentes. Así, imaginarios de ternura, vulnerabilidad y necesidad de protección, recaen de manera generalizada sobre la infancia; mientras que las ideas de peligrosidad, control y vigilancia, permean de manera acrítica sobre las y los adolescentes.

Estas visiones son resultado de la regulación que desde el mundo adulto (“adultocéntrismo”) se ha hecho sobre la manera en que se debe criar, educar, proteger, controlar, vigilar, asistir, prevenir, castigar o tutelar la condición de la niñez y la adolescencia. Son prácticas discursivas que, a lo largo de la historia, han sido socializadas a través de diversas instituciones, teniendo lugar privilegiado los medios masivos de comunicación, los cuales han contribuido a homogeneizar la experiencia de niñas, niños y adolescentes.

De esta manera, aún en la actualidad en los medios de comunicación predomina una representación donde niñas, niños y adolescentes son objeto de noticia con base en una lógica mercantil, aquella que es rentable y consumible.

Es común que los medios difundan “el caso de la niña o el niño abandonado”, “los adolescentes incursionando en la plantilla del crimen organizado”, “el caso del niño talento que, pese a las carencias familiares, de manera cuasi heroica ha logrado sobresalir”. Asimismo, se televisan programas donde las y los niños emulan ser adultos; las niñas aparecen hipersexualizadas, en un orden patriarcal, objetos de consumo; o aquellos donde las y los adolescentes compiten entre sí para obtener fama, opción nada desdeñable en un contexto que les ofrece poquísimas oportunidades de desarrollo.

Los asuntos referentes a la infancia y la adolescencia aparecen como “recortes de la realidad”; se habla, se escribe, se difunde información sobre sujetos que, paradójicamente, se desconoce, pues nunca o en contadas ocasiones se toma en cuenta su opinión, sus intereses, sus propuestas, mucho menos el contexto socio-histórico en el que emergen, ni las relaciones de género y generacionales que les atraviesan.

Frente a esta situación, es hora de detenernos a reflexionar y plantear una serie de procesos que impacten en la manera de hacer y ejercer el periodismo; se trata de construir una visión positiva de la infancia y la adolescencia desde dicha profesión, teniendo como
“brújula” el enfoque de derechos humanos y los estándares más altos en la materia.

Para el logro de lo anterior, la Convención de los Derechos del Niño (CDN, 1989) es referente indispensable, al ser un instrumento jurídicamente vinculante que reconoce a las niñas y los niños como sujetos de derechos, y donde la infancia y la adolescencia son formas de ser persona y tienen igual valor que cualquier otra etapa de la vida.

De manera particular, el artículo 17 de la Convención asume la importante labor desempeñada por los medios de comunicación, y hace un llamado para que los Estados Partes garanticen que las y los niños tengan acceso a información y al material que promueva su bienestar social, espiritual y moral, y su salud física y mental. Asistidos en el parámetro de la interdependencia de derechos, el contenido del artículo 17 ha de interpretarse de manera conjunta con el contenido del artículo 12 del citado instrumento, el cual es referente al derecho a la libertad de expresión en todos los asuntos que afectan a las niñas, niños y adolescentes, teniéndose debidamente en cuenta sus voces y opiniones.

Bajo la lógica anterior, es claro que lo que pueda pasar o no respecto de la relación entre los medios de comunicación y la infancia y la adolescencia, en gran parte es producto del tipo de formación ciudadana y del tipo de imaginario sociocultural que guíe tal proyecto.

Se trata, entonces, de romper con la lógica binaria (indefensión/protección, autonomía/heteronomía, peligroso/ tutelaje) que ha guiado las relaciones sociales, educativas y culturales entre la infancia, la adolescencia y el mundo adulto; integrar las perspectivas y capacidades de acción y propuesta originadas desde las niñas, niños y adolescentes o, dicho en otras palabras, construir ciudadanía desde la niñez y la adolescencia.

Mención aparte requiere el establecimiento y la institucionalización de normas y principios que, desde un enfoque de derechos humanos, guíen la labor periodística. A este respecto, es de destacar los “10 principios para cubrir la infancia en el periodismo”, resultado del trabajo impulsado por la Red por la Infancia y la Adolescencia (RIA), contando con la participación de actores diversos provenientes de la sociedad civil, medios de comunicación, instituciones educativas, representantes del poder legislativo, del gobierno, y, por supuesto, de niñas, niños y adolescentes.

Estos principios son una especie de “carta de navegación” para cualificar la cobertura periodística de la infancia, cuya máxima es que cualquier persona que aborde la infancia en el periodismo verifique que el producto informativo incorpore el enfoque de derechos humanos, específicamente, los derechos de las niñas y los niños y su interés superior.

De lo anterior se desprenden aspectos que llaman a cuidar el vocabulario utilizado; la salvaguarda de la identidad y datos personales de niñas y niños; asegurar que las imágenes, voz o datos a difundir no pongan en peligro la vida, integridad o vulneren el ejercicio de sus derechos; difundir datos de contacto de las dependencias de gobierno que brindan atención a este grupo; a presentar experiencias significativas de niñas y niños, mediante las cuales se escuchen sus voces, anhelos y propuestas, etcétera.

La incorporación de estos aspectos fortalece mucho la labor periodística, y posibilita que niñas, niños y adolescentes
sean reconocidos como sujetos de derechos dentro de la cultura mediática desde sus propias historias y experiencias.

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