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LA MANO QUE MECE LA CUNA / Ebrard y su estilo ‘camachista’

LA MANO QUE MECE LA CUNA / Ebrard y su estilo ‘camachista’
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Adrián Rueda

Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard eran famosos por inflar artificialmente un conflicto, estirar al máximo la liga, y luego “resolverlo” para presentarse como héroes; Camacho ya murió, pero Ebrard sigue con las mismas mañas.

Bastó con que Donald Trump amenazara vía twitter con imponer aranceles a México si no frenaba la migración ilegal hacia Estados Unidos, para que como por arte de magia el gobierno mexicano localizara a jefes polleros y les congelara sus cuentas.

Ese tuit fue suficiente para que la Guardia Nacional, que con tantos trabajos y negociaciones se logró aprobar para cuidar a los mexicanos del crimen organizado, sea enviada a la frontera sur a detener indocumentados, cual Border Patrol Azteca.

Serán seis mil elementos –que son los que se calcula serán capacitados en un año-, dijo el canciller Ebrard. Su misión: impedir que ilegales –sobre todo “bad hombres” centroamericanos- pasen a México y de ahí puedan llegar a EU.

También alcanzó para aceptar “de buena gana”, que mientras los gringos deciden si dan visa a los miles de solicitantes, el gobierno de México se haga cargo de ellos de este lado de la frontera, como tercer país.

Sin despeinarse prácticamente, y sin gastar un solo peso ni pasar por engorrosas aprobaciones del Congreso estadounidense, Trump logró lo que había venido prometiendo desde su campaña: sellar la frontera sur con el dinero de los mexicanos.

Y ya que las autoridades mexicanas se pusieron en barata, imponer a los mexicanos un paquete de compras de productos agrícolas, con lo que Trump queda muy bien con los productores sureños de su país y con los electores gringos en general.

Le alcanzó también para dar un coscorrón a los demócratas, sobre todo a la lideresa de la Cámara Baja, Nancy Pelosi –con quien ni en pintura se puede ver-, que era aliada de Ebrard y estaba dispuesta a ayudar a México; la dejó colgada y lastimada políticamente.

En fin, las bravatas de Trump, que él mismo ha confesado que utiliza cuando quiere negociar algo en condiciones ventajosas, fueros suficientes para doblegar al Gobierno de la 4-T, que había prometido poner en su lugar al mandatario gringo.

Bastó un solo tuit para que Andrés Manuel López Obrador se hiciera chiquito y se tragara no sólo su advertencia de que como presidente de México no dejaría golpe sin respuesta a su homólogo estadounidense, sino hasta para darle las gracias por perdonarnos la vida… así sea sólo de momento.

Parece que esta vez quien tenía “otros datos” sobre los migrantes era Trump, pues el único que al parecer no recordaba que la invasión de migrantes extranjeros rumbo a Estados Unidos creció porque él los invitó a venir fue precisamente El Peje.

Porque alentó a quienes quisieran buscaran el sueño americano serían bienvenidos a México, donde se habilitarían varias ciudades refugio y se les darían papeles, comida, servicios y hasta trabajo, si deseaban permanecer en el país o eran rechazados por EU.

Ante esa invitación del gobierno de la 4-T, las fronteras mexicanas no sólo se atiborraron de caravanas de centroamericanos, sino de asiáticos, haitianos y por primera vez hasta de africanos, que vieron la puerta abierta hasta la frontera con Estados Unidos.

Claro que el gringo aprovechó la jugada de principiantes que intentó el de Macuspana, para imponer a México su política –que no es precisamente la de los mexicanos- de utilizar la mano dura en el propio territorio mexicano.

¿Cómo podrá explicar López Obrador a los centroamericanos que primero los invita, los alimenta, los cuida y los escolta hasta la frontera con los gringos, y ahora les aplicará la ley del tolete para que ni siquiera entren a México?

México perdió por todos lados, dejando la puerta abierta a más vejaciones por parte de Donald Trump –porque canceló los aranceles sólo de momento, ya que dice que estamos a prueba-, y el de Macuspana llamó a festejar en la frontera la “victoria”.

Presentó como “héroe nacional” al canciller Ebrard, que lo único que hizo fue traicionar a los pocos aliados mexicanos de aquel lado, como son los demócratas, y arrodillarse ante los mandatos del gobierno gringo.

Pero lo de Marcelo no es nada nuevo, por su pasado camachista.

La verdad no resolvió nada y solamente debilitó a México, dejándolo mucho más vulnerable ante un demente Trump, que si ya de por sí tenía la costumbre de agarrar de costal a los mexicanos, ahora que ya aflojaron, pues con más razón.

El gringo ya probó la sangre, comprobó que a las primeras de cambio el estridente presidente mexicano se dobla. Que es puro pico de ganso y que será un auténtico flan ahora que necesitará golpearlo con más frecuencia para afianzar su reelección en EU.

¿Qué festeja el Presidente de México y su canciller luego de la paliza?

¿Que al final los mexicanos siguen las órdenes de Trump de cerrar la frontera sur y pagar por ello, como él siempre lo había prometido?

¿Que los impuestos de los mexicanos serán usados para mantener a los migrantes a los que El Peje y su carnal Marcelo invitaron a entrar al país e ir a la frontera, y que ahora son nuestro problema?

El gringo loco ganó; México fue humillado y Marcelo quiere que le den una estrella.

En realidad lo deberían destituir por traidor y por ocultar que no fue a las casa de los estadounidenses a negociar, sino a entregar a nombre de su jefe López Obrador la dignidad histórica del país.

Si antes había duda -o al menos resistencia- de que México fuera usado como patio trasero de sus vecinos, hoy el tema está más que claro y la nación perdió el poco respeto que se conservaba.

Por mucho que López Obrador lo quiera vender como una victoria o como una gran hazaña de su canciller, eso solamente lo creerán su chairos y los ignorantes que todo se tragan, porque la realidad es que se trató de una entrega incondicional.

A estas alturas está muy claro que el tabasqueño ya pasó del “me canso ganso”, al “ya se me cansó el ganso”.

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