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ECONOMÍA PARA PRINCIPIANTES / La importancia de la estabilidad en la economía

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Por Pablo Trejo

Twitter: @drpablotrejo / Facebook: DrPabloTrejo

Los sistemas económicos modernos, a pesar de parecer muy complejos, se basan en una serie de principios comunes que en realidad son bastante simples de explicar.

Si analizamos una economía en particular, podemos observar que su pujanza o deterioro está ligada a elementos tradicionales, como los recursos naturales con que cuenta, la modernidad de sus factores de producción o la disponibilidad de una fuerza laboral suficiente; pero también otros factores intangibles como la estabilidad social, la confianza en las instituciones que conducen al país o la confianza que tengan los inversionistas en esa economía determinada.

Durante años, la economía mexicana ha logrado mantener todos esos factores dentro de un rango de estabilidad controlado, sin grandes sobresaltos, incluso cuando ha tenido que enfrentar factores negativos exógenos, como la mini crisis derivada de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EU y la presión que significó sobre el valor de nuestra moneda en mercados internacionales.

Nos atreveríamos a decir que, incluso, los escándalos de corrupción pública no han hecho merma en la confianza de los inversionistas en nuestro país, lo que parecería un fenómeno atípico, puesto que un escándalo del nivel del ex gobernador Duarte de Veracruz o del tipo Odebrecht, podría significar un daño enorme en la economía de cualquier país más avanzado, pero no en el nuestro. Parecería que la confianza que se tiene en nuestro país va más allá del tema de la corrupción imperante en nuestras instituciones. Como si el tema fuera un factor inherente a nosotros los mexicanos.

Si la corrupción no merma la confianza en nosotros, la pregunta es ¿qué sí lo haría? Lo que resultaría devastador sería la pérdida de la paz social. Y aquí queremos hacer la diferencia de lo que se conoce como el tejido social, el cual está deteriorado por la violencia y desintegración familiar. Nos referimos a ese fenómeno en donde la gente toma las calles como medida de presión o como estrategia frente a cualquiera que considere que atenta contra sus derechos.

El pasado proceso electoral significaba en los cálculos de los especialistas un enorme riesgo en materia de paz social. Si un número importante de ciudadanos sentía que la era fraudulento, hubiese salido a las calles a manifestar su descontento. Incluso, la presidenta del principal partido opositor habría dicho que en ese supuesto se “soltaría al diablo”, igual que el candidato que resultó vencedor habló de “soltar al tigre” en referencia a la posibilidad de desorden social.

En ese contexto podemos entender la rapidez con que los dos principales candidatos perdedores salieron a reconocer su derrota, enviando con ello un mensaje de calma y serenidad a los grandes dueños de los capitales con intereses. Al reconocer su derrota, Ricardo Anaya y José Antonio Meade desactivaron inmediatamente cualquier posibilidad de revuelta social, que como decíamos, sería tal vez el único factor que en realidad podría desestabilizar nuestra economía.

Resulta paradójico que, al hacerlo, ambos candidatos se comportaran justamente de la manera contraria a lo que hizo Andrés Manuel López Obrador en 2006 con la toma de una de las principales avenidas del corazón de nuestro país, lo que en su momento generó nerviosismo en los mercados internacionales.

Anaya y Meade, conocedores de los resortes que mueven a nuestra economía, actuaron de manera responsable y decidida al reconocer el triunfo de López Obrador, lo cual, desde cualquier óptica, debe reconocerse como un gesto de madurez y civilidad política, la cual compromete aún más al gobierno que encabezará nuestro flamante presidente, quien no tendrá pretexto alguno para cumplir sus promesas de gobierno.

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