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LA MANO QUE MECE LA CUNA / El cascarón del PRD

LA MANO QUE MECE LA CUNA / El cascarón del PRD
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Por Adrián Rueda

Aunque en los círculos de poder del PRD capitalino hay un falso ánimo de que en las próximas elecciones pondrán en su lugar a Morena, la realidad es que los cálculos más optimistas los ven ganando a lo mucho cuatro delegaciones.

Los perredistas le siguen apostando a la estructura territorial que, si bien es fuerte, no han podido lograr que alguien encabece los esfuerzos conjuntos para que todos vayan en una sola línea; actualmente cada quien jala por su lado.

Es increíble que, a como están las cosas, los jerarcas amarillos no se hayan podido poner de acuerdo y dar a alguien la batuta de la contienda. Que alguien sea el que los haga tirar de la carreta hacia el mismo lado, y no cada quien para donde quiera.

Si bien es cierto que la estructura de los caciques sigue siendo fuerte, es claro que no les da para imponerse al hartazgo de la gente que, quizá desesperada, se ha dejado seducir por las promesas de Morena de hacer de la CDMX un paraíso.

Entre soberbia y egoísmo, quienes controlan los territorios más importantes de la capital se han negado a dar su brazo a torcer en favor de alguien, y cada vez se ven más enconchados tratando de cuidar su reinado, sin importarles mucho los de sus vecinos.

No se dan cuenta que no importa el nombre de los candidatos que tengan enfrente, pues aunque en algunos casos se trata de verdaderos pillos cobijados por Morena, el candidato a vencer –en todos los casos- es Andrés Manuel López Obrador.

Es decir, que en la boleta pesar el nombre de El Peje, sin importar que se estén disputando alcaldías, distritos o la Jefatura de Gobierno.

Los primeros 45 minutos de la campaña para la Jefatura de Gobierno han terminado y siguen sin ponerse de acuerdo.

La mayoría de ellos esperaba que cuando arrancaran las campañas por las diputaciones locales y las alcaldías los números comenzarían a dar la vuelta. Que el PAN lanzara su voto duro y el Movimiento Ciudadano se sumara en varias partes de la CDMX, con lo que Alejandra Barrales sería fortalecida y la estructura contagiada del entusiasmo necesario que se necesita para operar la elección.

El asunto es que ya va para un mes de arrancaron las campañas por las posiciones locales y no se ve para cuándo –si es que en realidad va a pasar-, arranque la locomotora que embista a los morenos en la capital.

Y no es que Morena esté haciendo una gran campaña; de hecho no han hecho prácticamente nada. El tema es que ni los perredistas ni los panistas han encontrado el modo de unificar a sus simpatizantes en torno a una sola figura que los represente.

Hasta la fecha hay muchos panistas que no están convencidos de votar por Barrales, por la sencilla razón de que no la sienten suya. Tampoco sienten que Claudia Sheinbaum los pueda representar, por lo que se están identificando más con el priísta Mikel Arriola. Tampoco todos los perredistas se sienten satisfechos con apoyar al panista Ricardo Anaya o a los candidatos azules en las delegaciones o distritos,  lo cual está pulverizando el voto de ambos partidos.

Por eso es que Morena, sin hacer prácticamente nada, se mantiene arriba a pesar de sus cuestionados candidatos.

Ante ese escenario, lo de menos sería que el PRD perdiera la Jefatura de Gobierno e incluso algunas alcaldías o distritos. No, lo realmente grave es que su derrota puede ser tan apabullante que se vaya al tercer lugar, incluso abajo del PAN.

Que quede reducido a un partido del cinco por ciento y se asemeje más a un Partido Verde Ecologista de México, que es un satélite del poder en turno. O sea, que termine como negocio de unos cuantos; para los que se queden con el cascarón, estaría muy bien.

Por ejemplo, si Los Chuchos rescatan el esqueleto del sol azteca y lo rehacen, harían realidad su sueño de tener su propio partido y hacer negocio con quien ellos quieran, sin tener que pedir permiso a nadie.

Si en verdad el sol azteca es barrido en la capital, necesariamente tendrá que renacer en otro partido, pues ni la marca ni el cascarón les servirá de mucho a sus actuales caciques que, incluso ganando, se tendrán que someter al gobierno en turno.

Nadie imagina que con el Congreso Local en contra y con un gobierno central de oposición, algún alcalde, por mucho valiente que sea, se enfrentará al poder del Centro para mantener su independencia.

A nadie le gusta estar con los perdedores y lo más probable es que, lo poco que no alcance a ganar Morena en las urnas, lo adquiera con base en acuerdos o a la descarada compra de voluntades, que en la política no es nada difícil.

Y en este caso con mayor razón, pues entre Morena y el PRD no existe la menor diferencia, pues son exactamente los mismos, que se pelearon no por diferencias ideológicas, sino por el agandalle de puestos por parte de algunos grupos.

Una vez que pase la elección y todo se asiente, tanto diputados, como concejales y alcaldes, se sentarán en la misma mesa de quienes detenten el poder para sumarse al vencedor y seguir gobernando –y robando, claro está- con una piel nueva.

Porque si se analiza con frialdad, está muy claro que el PRD no va a perder el gobierno de la capital, al que llegó desde 1997. Lo gobernará con más amplitud todavía, debido a que son los mismos que se extendieron a través de una nueva franquicia.

Es algo así como América y Necaxa, que tenían el mismo origen, venía del mismo dueño y ambos jugaban en la misma liga. Hubo un momento en que los Rayos ligaron varios campeonatos con jugadores prestados por los azulcremas. Eran del mismo dueño, sólo que con diferentes camisetas… igual pasa con morenos y amarillos.

Y mientras los corruptos de izquierda pactan y se fortalecen, quienes se queden en el PRD tendrán que jugar con el cascarón que, en una de esas, les alcanza para formar su partido satélite y seguir viviendo cómodamente de la política.

Resultado de ello, la población seguirá padeciendo a la misma mafia izquierdosa de siempre y volverá a ser timada por los políticos de toda la vida, que cambian de partido como cambian de calzones. Aplicando a raja-tabla los conceptos de Groucho Marx, como el de: “estos son mis principios, pero si no te gustan tengo otros”.

Ninguna frase puede definir mejor a los políticos, sobre todo a los de la capital, que lo mismo se les ve de verdes que de amarillos o azules… y ahora de color guinda. De cualquier forma la política seguirá siendo el gran negocio, y es ahí donde radica la importancia del cascarón que quede luego de la derrota del PRD.

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