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El ‘mil usos’ ahora Museo de San Carlos

El ‘mil usos’ ahora Museo de San Carlos
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POR: PEDRO FLORES

Historias de amor, muerte, diplomacia, educación, comercio, y ahora arte, alberga el palacete del Conde de Buenavista, proyectado y construido por el arquitecto Manuel Tolsá, edificación realizada entre los años 1798 y 1805, realizada en estilo neoclásico.

Este lugar destaca por su sobriedad y dimensiones monumentales, similares al Palacio de Minería, pues tiene un patio central de forma elíptica, único en la arquitectura de la ciudad. Hoy es conocido como el Museo Nacional de San Carlos.

Ubicado en la calle de Puente de Alvarado 50, calle que lleva ese nombre en “honor” a Pedro de Alvarado, quien comandó la matanza del Templo Mayor y que, huyendo después de la derrota en San Hipólito, solo, cubierto de barro, chorreando de sangre y defendiéndose hasta la desesperación de sus perseguidores, como pudo se montó en las ancas de un caballo para salvarse de la furia de las tropas de Cuauhtémoc y Cuitláhuac.

En los años 1700, época de las grandes casas de la “nobleza española”, la construcción de este inmueble fue ordenado por María Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez de Bárcena, segunda Marquesa de Selva Nevada, quien se lo obsequiaría a su hijo José Gutiérrez del Rivero y Pinillos y Gómez, quien ostentaba el título nobiliario de Conde de Buenavista, de ahí que a esa zona se le conoce como “Buenavista”.

Pero la desgracia acompañó a la Marquesa, su hijo murió de hemofilia antes de poder habitar su casa. A raíz de este desafortunado suceso, doña María Josefa cayó en una terrible depresión y se retiró a la vida religiosa en el Convento de Regina Porta Coeli, área que ahora forma parte de las instalaciones de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Finalmente, la Marquesa se trasladó a Querétaro con el nombre de Sor María Antonia de los Dolores, al convento de las Teresas de la orden de las Carmelitas Descalzas, donde falleció en 1813.

Después de la muerte de la dueña original, el palacete, que ha sido mil usos, fue casa de la tercera Marquesa de Selva Nevada, María de la Soledad Gutiérrez del Rivero y Rodríguez, quien era afecta a las reuniones. Cuenta la leyenda que hasta el mariscal francés Francisco Aquiles Bazaine y el Barón de Humboldt se hospedaron ahí, incluso, que fue sede de la primera representación diplomática del Reino Unido en México, entre 1823 y 1827, a cargo de Sir Henry George Ward. A principios de 1840, la casa estuvo arrendada al Conde de Regla, don Pedro Romero de Terreros, fundador del Monte de Piedad. A la muerte del Conde, sus hijos dejaron la casa y se fueron a vivir a la Hacienda de la Teja, que después sería la residencia veraniega del general Antonio López de Santa Ana.

Pero cuando Bezaine fue llamado nuevamente a Francia, la “Mariscala” no lo quiso devolver y perdió un juicio ante el gobierno Juarista, al final del cual también perdió la razón. Posteriormente, el gobierno liberal cedió la propiedad a  José Rincón Gallardo como pago de deudas contraídas con éste. Después se lo vendió a José Iturbe, y éste a los propietarios de la Tabacalera Mexicana (en 1899), de ahí el nombre también de la colonia, hasta que cambió de sitio de residencia

Finalmente, la familia Iturbe Beistegui fraccionó en 1937 los últimos terrenos aledaños al palacete neoclásico.
Cuando Agustín von Schulzenberg, su último dueño, murió en 1939, el lugar estaba intestado, situación que permitió al gobierno tomar posesión oficialmente del mismo y así lo declaró Monumento Nacional.

LA LOTERÍA NACIONAL

Desde antes de que muriera su último dueño, en 1925 la Lotería Nacional para la Asistencia Pública dejó su sede en la calle de Donceles y se trasladó a la casa que fuera propiedad de Ignacio de la Torre y Mier, en Paseo de la Reforma número 1, y fue ahí donde por primera vez en el país se utilizó un letrero de gas neón. En 1934, la institución se mudó a la casa del Conde Buenavista, hoy Museo Nacional de San Carlos.

Pero en ese año se inició la construcción de un edificio ex profeso para albergar a la Lotería Nacional, y fue el ingeniero José Antonio Cuevas quien construyó el primer edificio con flotación elástica, inaugurada el 28 de noviembre de 1946 en Paseo de la Reforma esquina con Rosales.

El edificio tuvo una época de receso, y en 1953 fue sede de la preparatoria número 4 de la UNAM, cuya primera sede fue en avenida Hidalgo número 120, hasta que el 11 de febrero de 1964 el rector de la UNAM, el doctor Ignacio Chávez, y el presidente de la República Adolfo López Mateos inauguraron las instalaciones de este plantel en avenida Observatorio número 170, Tacubaya.

Una vez más tuvo su restauración, y fue hasta 1968 cuando el edificio se convirtió oficialmente en el Museo Nacional de San Carlos, que tendría la función de resguardar uno de los más importantes acervos de arte europeo en Latinoamérica. Actualmente, dicho edificio resguarda colecciones de arte que datan desde el siglo XIV.

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