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En Churubusco; no en Los Pinos

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Por Jorge del Villar

El sábado 28 y domingo 29 de julio hubo la Conferencia “The New Human Story”, en la que participaron Joe Dispenza, Gregg Braden y Bruce Lipton, en el World Trade Center. Los tres son reconocidos científicos que para mi sorpresa vinieron a hablar, en gran medida, acerca de lo que era la mentalidad de nuestros pueblos originarios hace miles de años.

Cuando se presentan acontecimientos como éste en la capital del Chile, sin albur, es cuando me siento muy afortunado de vivir en la capital de mi país. La Ciudad de México se ha convertido en punto estratégico y obligado para toda gira internacional de cualquier artista, ¡que sin dificultad alguna llena foros donde caben hasta cien mil personas! Los cantantes se sienten mucho más seguros aquí que por ejemplo en Inglaterra, en donde recientemente en un concierto de Ariana Grande una bomba mató a decenas de asistentes.

Y entonces me pregunto ¿quién gana cuando maliciosamente se compara a México con Irak? En la ciudad de las chinampas no sólo se agotan conciertos multitudinarios de artistas pop, como Demi Lovato o Katy Perry, sino de sopranos como Anna Netrebko o René Fleming. En cuestión de horas, los boletos vuelan. Esto no sólo habla de una creciente y explosiva clase media, sino de su voluntad de gastar una proporción importante de su ingreso en la vida cultural y artística.

Me siento orgulloso no sólo de que se llenen conciertos internacionales, con elevados costos, más aún considerando el actual tipo de cambio; sino de programas culturales como “Jueves de Teatro”, en donde los teatros del INBA y la UNAM ofrecen sus boletos en ¡30 pesos! Yo no compararía a México con Irak, es más, ni con Nueva York, en donde el teatro sólo es para extranjeros y millonarios.

En tan sólo un kilómetro cuadrado, como es el Centro Cultural del Bosque, a espaldas del Auditorio Nacional, tenemos una riqueza cultural inigualable. En ocho espacios distintos se presentan simultáneamente obras cuya excelencia es fácilmente comparable a la calidad off-broadway, que se caracteriza por obras de teatro en Nueva York, que sin tener la espectacularidad y mega producción de los teatros ubicados en la Avenida Broadway, cuentan con una calidad internacional garantizada.

En el Centro Cultural del Bosque se encuentra desde los grandes clásicos, como Shakespeare y Chehov, hasta traducciones de los dramaturgos internacionales más contemporáneos y vanguardistas. La diferencia con Nueva York es que un boleto barato de una obra off-Broadway cuesta mil pesos, mientras que en México cuesta lo que el boleto del metro neoyorkino.

Si bien México se ha convertido en un gran consumidor de cultura, nos ha faltado adquirir el liderazgo latinoamericano en su producción. En el mundo no existe una olimpiada cultural que abarque todas las disciplinas artísticas. Sin embargo, algo muy semejante sucede en la cultura y el deporte nacional. Mientras que Colombia, un país exponencialmente menor a México en términos territoriales, poblacionales y económicos ganó 8 medallas en las últimas Olimpiadas de Río, nosotros ganamos 5. Colombia también tiene al artista plástico vivo mejor vendido de Latinoamérica, Fernando Botero, y a la cantante que más discos vende, Shakira.

En gran parte, esto se ha debido a los bandazos y ocurrencias culturales que han costado miles de millones al pueblo de México, en vez de dar seguimiento a lo que sí ha funcionado. Mientras que tenemos el “Centro Nacional de las Artes” en Churubusco, construido por los arquitectos mexicanos más reconocidos y que nos costó al pueblo de México cientos de millones de pesos, ahora se quiere invertir cientos de millones de pesos para hacer de Los Pinos algo muy parecido a lo que ya existe en Churubusco.

Si bien la conferencia de los tres doctores estadounidenses a la que asistí en el WTC fue sumamente enriquecedora, conozco a grandes científicos mexicanos que tienen la preparación y capacidad para hablar de la mentalidad y misticismo de nuestros pueblos originarios en cualquier país.

Cuando los incentivos y estímulos culturales estén bien colocados y no se actúe por ocurrencias políticas, quizás podamos dar ese salto al reconocimiento que nos merecemos.

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