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GENTE DETRÁS DEL DINERO… CHILANGO / ¿Qué tiene de malo Santa Fe?

GENTE DETRÁS DEL DINERO… CHILANGO / ¿Qué tiene de malo Santa Fe?
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Mauricio Flores

El último argumento que el presidente electo Andrés Manuel López buscó justificar la decisión de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México fue su “descubrimiento” de que algunos intereses perversos buscaban aprovecharse de una “obra faraónica” para luego comercializar los espacios y edificaciones en el vetusto Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a fin de crear una “nueva Santa Fe”… o en su perspectiva un nuevo intento de saqueo al patrimonio nacional de forma colateral a la obra más importante que intentó el gobierno de Enrique Peña. De hecho, el próximo mandatario dijo que antes de la consulta no pudo revelar información sobre el proyecto aeroportuario de Texcoco, porque “tenía que actuar con imparcialidad” pero que en el fondo, continuar con dicha obra era una estrategia para que los terrenos del actual aeropuerto se convirtieran “en una especie de Santa Fe”.

Pero de verdad Santa Fe, al poniente de la capital ¿es tan mala y perversa a vistas de la Cuarta Transformación? Hoy muchos se pueden quejar de que sus vías de acceso terrestre están regularmente saturadas a casi cualquier hora del día, de que sus vialidades interiores parecen avenidas bombardeadas en Siria, que los miles de trabajadores que se desplazan desde el oriente o norte de la ciudad tardan hasta 6 horas de trayecto idea y vuelta a sus trabajos; que ahí suele faltar el agua y que un olor nauseabundo escapa de coladeras retretes producto a fisuras en la compactación que se hizo sobre los basureros que existían hace tres décadas en ese lugar. Pero en términos económicos no hay nada que reprocharle… a menos que se les acuse de ser #Fifis.

Call me Fifi

Bueno, el presidente electo está atrapado -otra vez, pero ya verá manera de escabullirse- en su propia interpretación de la historia. Pero la historia documentada nos dice que el rescate de los tiraderos en el poniente de la capital inició en 1981 (cuando era aún presidente José López Portillo) pero su verdadera recuperación como distrito financiero y de servicios de alto nivel empezó cuando Carlos Salinas de Gortari en 1991 idea con el entonces regente capitalino Manuel Camacho Solís (mentor y formador político de Marcelo Ebrard, hoy futuro canciller) y el urbanista Juan Enriquez Cabot planean un desarrollo audaz al estilo La Defénse de París: ello se concreta con el Centro Comercial Santa Fe en 1993… pero el proyecto quedó varado por la crisis devaluatoria (la de 1994, no se confunda) que postergó la reurbanización y ampliación de accesos hasta entrado el siglo XXI.

La joya de corona

La zona poniente de la Ciudad de México se convirtió, desde la época de Maximiliano de Habsburgo, en el espacio preferido de las familias adineradas: primero bajo el nomre de “Paseo de la Emperatriz” que luego Benito Juárez rebautizaría como Paseo de la Reforma: lejos de la tolvaneras prevenientes del ya desecado Lago de Texcoco (aunque no lo crean los detractores del NAIM, ese lago murió oficialmente hace 200 años). Por esas misas razones de salubridad y encarecimiento de la tierra urbana -antes agrícola- las familias se desplazaron en la época porfirista y postrevolucionaria a Polanco hacia hermosas residencias y fincas colindantes con la Hacienda de Los Morales, y poco después hacía Las Lomas que también les ponían a salvo de las inundaciones que recurrentemente invadían el centro histórico… y que pueden regresar sí los promotores de #YoPrefieroLago logran re-inundar lo que fuera el vaso de Taxcoco que -por si no se habían enterado- se encuentra 4 metros por arriba del nivel de donde se asienta la Catedral de la ciudad de México.

Entrados los 80 del siglo XX, cuando los hijos y nietos de las familias pudientes no cabían en esa zona, cuando era evidente la incómoda medianía en La Del Valle y Tlalpan, saturado ya San Ángel y en vías de convertirse en terminal de microbuses, se mudaron más hacia el occidente, hacia las zonas arboladas del Estado de México, como Contadero y aprovechar los espacios urbanizados en Santa Fe.

Y si, es una zona francamente prospera, Fifi, diría el presidente electo. En la Zona Poniente hay 104 personas por hectáreas mientras que en el oriente y el actual AICM unas 190 almas se hacinan por hectáreas. Y en #Fifilandia se concentran casi 12% de todas las remuneraciones de la capital así como el valor de la producción (casi toda servicios) y salarios promedio de 20 mil pesos mensuales para quienes trabajan -que en mayoría no viven ahí pues solo residen en la zona 6.4% de los capitalinos- en los grandes edificios, centros comerciales y residencias.

En tanto, en el oriente y donde está el AICM, donde se hacina casi 30% de la población de la CDMX, con el tercio de las unidades económicas que por lo general son pequeños negocios que malviven con una productividad de 300 pesos por persona al día o sea a penas un tercio de lo que se gana quién trabaja en Santa Fe y la zona poniente, es también la región donde se registra la más pobre oferta de cines, bancos, hospitales y ni que hablar de museos.

Ese “maléfico” Santa Fe, el de los salarios altos y actividades innovadoras así como de servicios disponibles, es lo que el presidente López Obrador dijo quiere evitar para los pobres del oriente de la capital. Tal vez por que la exposición a la riqueza los corrompa, les haga ver fuera del rancho y de la barriada; que una Santa Fe de Oriente haga que los hijos del pueblo olviden su rica tradición de derrota y pretendan romper con la aspiración colectiva de revancha contra los poderosos.

Tal vez lo que temen los operadores de la Cuarta Transformación que esa Santa Fe de Oriente, en una zona empobrecida por décadas, proporcione a los individuos, sobre todo los jóvenes, recursos y conocimientos para que piensen y actúen como tales.

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