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Hito mañanero cada día

Hito mañanero cada día
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Arturo Páramo

La conferencia de prensa matutina de Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un hito en la historia del periodismo en México.

En tan solo un mes el presiente de la República ha rebasado el número de comparecencias ante los medios de comunicación que sumaron todos sus antecesores desde hace al menos cincuenta años.

No es algo nuevo para el tabasqueño. Durante cinco años mantuvo la dinámica, que se pensaba que no resistiría, de dar una rueda de prensa matutina a diario en el Ayuntamiento capitalino. Hubo días en que no había temas de coyuntura, y aún así la conferencia siempre se dio. Hubo días en que sólo asistía un reportero (personalmente me sucedió una vez) y ese era atendido.

Su reticencia a atender a los medios tras la elección de 2006 se explicaba por su convencimiento de que habían participado en la conspiración para que no lograra la victoria ese año y en 2012.

La elección de 2018 marcó un cambio de paradigma en su relación con los medios. La aparición de medios digitales fue aprovechada por él para catapultar su discurso e imagen a través de las redes sociales sin el filtro de las mesas de redacción. Entendió como ninguno la utilidad de los micro blogs, de los videomensajes, de los textos cortos, concisos y coyunturales.

La entrevista al pie del templete de cada jornada en la campaña presidencial era el momento importante del día en la cobertura.

La expectativa por su conferencia de prensa semanal en su casa de transición y las entrevistas hechas a pie de la ventanilla de su auto sólo eran el prefacio de lo que vivimos en la actualidad.

A la fecha ha realizado 25 conferencias de prensa matutinas. Cada una con una duración de entre una hora y una hora con 35 minutos.

La suma de horas ante las cámaras de televisión, medio centenar de reporteros que se pelean la palabra, difusión en tiempo real como nunca ha tenido un presidente, también son notables.

Cada mañana asistimos al espectáculo del presidente en una esgrima de preguntas, respuestas, algunas veces réplicas, con más de una ocasión el titular del Ejecutivo orillado a estar a la defensiva, a reconocer que no tiene información sobre algún tema, otras obligando a su equipo de comunicación a revolverse para encontrar, por ejemplo, la versión más reciente de la declaración patrimonial presidencial que puede convertirse en un parteaguas en la vida del país por los alcances que aún tiene.

Cada mañana, tal vez sin recapacitar en ello, se escribe historia al someter al presidente al escrutinio que no se ha ejercido con alguno de sus antecesores. Él se presta al debate, cuestiona, ha llegado a entablar batalla contra un medio en específico, delinea sus acciones de gobierno, ofrece combatir la corrupción, niega que vaya a perseguir a ex funcionarios, usa gráficas, muestra documentos, firma decretos, y abre cada mañana una sesión de preguntas y respuestas en las que algunas veces ha sido exigido al máximo.

El ejercicio del presidente sometido a cuestionamientos es seguido a diario por miles de personas en directo y eso es un cambio radical en un país acostumbrado a que la figura presidencial era inalcanzable, incuestionable e infalible.

Desde fuera se tiene la percepción de que los reporteros que acuden a la rueda de presa “mañanera” son complacientes. Todo lo contrario.

La realidad es que quienes participan en ella tienen la fortuna de ser los primeros en someter a preguntas (Con la única condición de ser seleccionados por el propio presidente)  al hombre más importante de la vida pública del país sobre el tema más duro, como las acusaciones de la supuesta responsabilidad en la caída del helicóptero en Puebla, o sobre la resistencia de miembros de su gabinete de hacer públicos sus bienes, o tan banales como su expectativa de la final del fútbol o sobre el regalo que pediría a los Reyes Magos.

Desde el ángulo que se le vea, cada mañana asistimos a un acto histórico, que lo mismo es un espectáculo, sirve de material de parodias televisivas, es un foro para presumir políticas estatales, pero sobre todo, es el ejercicio más radical de la democracia: tener la oportunidad de preguntar directamente a quien gobierna el país.

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