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INTERSECCIONES / Campañas envenenadas

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Fulvio Vaglio

Como todos los sábados temprano he estado viendo por CNN el programa de Michael Smerconish. Ya comenté que lo considero un comentarista objetivo, atinado y muy profesional. Hoy, una parte de su programa gira alrededor de la foto que algunos periodistas conservadores rastrearon en el anuario 1984 de una carrera de medicina, en que se ven dos personajes disfrazados, uno como el clásico negro de cómics racistas, y el otro como un encapuchado del Ku Klux Klan. El primero lleva puesta una máscara negra; los dos conviven y brindan con cerveza: uno de los dos, supuestamente, es el actual gobernador demócrata de Virginia, Ralph Northam: él mismo lo ha admitido, aunque dice no recordar cuál era de los dos.

El guion ha segudo de manera predecible: Northam se ha disculpado apelando, en su defensa, a los treinta años que luego dedicó a causas nobles y progresistas; los críticos (inclusive en su propio partido) lo invitaron a renunciar al cargo; la encuesta en vivo de Smerconish arrojó que el 63 % consideran que debería renunciar y el 37% no; todos, incluyendo el propio gobernador, aceptan que el mensaje de la foto era racista.

Perdonen ustedes, pero no. La foto se burlaba de estereotipos raciales y culturales. Alguien debería recordar que en 1982, al otro lado del charco, un fotógrafo treintañero había tomado en sus manos la imagen de marca de una microempresa prácticamente desconocida, a la que a lo largo de dos décadas llevaría a posicionarse como un milagro mercadológico; la marca: Benetton; el fotógrafo: Oliviero Toscani; las campañas: contra la discriminación y por las causas sociales del momento: las fotos irreverentes: un beso entre un cura y una monja, el abrazo entre un palestino y un israelí, un semental negro montando una yegua blanca y muchísimas otras por el estilo. La transgresión era “in”, la provocación era lo que nos prendía, la paradoja era el único camino que teníamos abierto hacia la utopía.

La foto de Northam en el anuario de 1984 (si es que no está retocada: más la veo y más me surgen dudas) no tiene la fuerza, el valor estético o el mensaje contundente de las campañas de United Colors en aquellos mismos años (por eso es bueno que Northam se dedicara a la medicina y no a la publicidad); si quieren, llámenla idiota, con su pie de foto “tomémonos otra chela”; pero racista, no. A lo sumo, era “políticamente incorrecta”, pero ¿cuándo? ¿en 1984, cuando los norteamericanos celebraban la (bien o mal) recobrada identidad nacional después de Vietnam y Watergate, o ahora, en el clima de cacería de brujas que se ha instaurado en la política norteamericana a año y medio de las elecciones presidenciales?

Hubo otras revelaciones interesantes en el programa de Smerconish: el CEO de Starbucks, Howard Schultz, anuncia que está considerando seriamente competir como candidato independiente en 2020; la noticia ha sembrado el pánico en la cúpula demócrata: una candidatura independiente dividiría el voto anti-Trump, favoreciendo así al actual presidente. Smerconish, lúcido como siempre, se ha preguntado si de veras los demócratas tienen el triunfo electoral tan asegurado como creen; les ha recordado que ese mismo triunfalismo miope no les permitió calibrar exactamente el “peligro Trump” hace tres años; ha considerado la candidatura de Schultz como una aportación positiva a la necesaria, y urgente, remodelación del sistema electoral norteamericano; y ha citado las encuestas de opinión según las cuales más del 40 por ciento del electorado se declara “independiente”.

En el programa se dijeron más cosas: es posible que la investigación Mueller no termine indicando claramente la corresponsabilidad de la organización Trump en la “colusión” rusa, lo que dejaría con menos armas a los demócratas radicales para perseguir un eventual impeachment: la pelota está en la cancha demócrata y éstos tienen que reorganizar rápidamente sus tácticas y estrategias si quieren una chance en noviembre 2020.

Otras cosas no estuvieron en el programa, pero sí en la agenda de la semana: la declaración de John “bigote” Bolton sobre la posibilidad de llevarse a Maduro a la base de Guantánamo (¿no que la habían cerrado?); la polarización cada vez más clara entre Rusia y China por un lado, y Estados Unidos (perdón: el mundo libre) por el otro, sobre control de recursos petroleros (Venezuela, Siria, Irán, Brasil y México), sobre tecnologías digitales (caso Huawei, para simplificar) y sobre la muerte del tratado nuclear firmado en 1987 por Gorbachev y Reagan.

¿Que todo esto que es más importante que la foto (y el futuro político) de Northam? Sí: y ojalá los políticos norteamericanos (por lo menos los demócratas e independientes “wannabe”) así lo consideraran: pero están atrapados en un juego aprendido desde hace décadas y es dudoso que logren liberarse de él. La próxima campaña electoral ya ha empezado y estará marcada por el juego sucio. Y preparémonos también aquí: los portales de revistas latinoamericanas críticas e independientes empiezan a ser inundados de mensajes y solicitudes de admisión por parte de nombres impronunciables, o de otros nombres que parecen demasiado buenos para ser ciertos: el otro día contesté un mail, supuestamente de la flamante congresista demócrata Alejandra Ocasio-Cortez. Si realmente eres tú y lees esta columna, Alejandra, por favor confírmalo y seguimos en contacto.

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