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Fulvio Vaglio

No sólo en Estados Unidos George Soros está en la mira de los populistas: si la Casa Blanca lo acusa de estar tras la caravana de migrantes, en Europa se está forjando una alternativa a su fundación multinacional “Sociedad Abierta”. El abogado belga Mischaël Modrikamen, desde su sede en Bruselas, lanza la propuesta de una “internacional populista” que reúna a todos los movimientos y partidos populistas europeos; “y no sólo europeos”, avisa en una entrevista con la reportera Eugenia Fiore publicada el 11 de octubre pasado: si quieren leerlo como una referencia a Bolsonaro en Brasil, bienvenidos.

La iniciativa tiene un acentuado cariz de ultraderecha; por ejemplo, Modrikamen ha invitado a participar a dos partidos italianos: La Lega de Matteo Salvini y el neofascista Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni. En la entrevista no ha mencionado otros partidos europeos, pero no es difícil adivinar la identidad de los próximos invitados: la AfD y el neonazi NPD alemanes, el ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ) y el propio Partido Popular (ÖVP) austriacos, el Frente Nacional francés de Marine Le Pen, la Vox española, casi seguramente los populistas suecos, belgas y luxemburgueses que acaban de crecer en las respectivas elecciones locales, además de los partidos derechistas en el gobierno en el grupo de Visegrad (Polonia, Hungría y República Checa) y del neonazi “Amanecer Dorado” en Grecia.

¿Sueños guajiros? Quizás no tanto. La propaganda anti-Soros, aparte el tono veladamente antisemita, insiste en presentarlo como un peligroso magnate capaz de “hacer y deshacer gobiernos” con una sola llamada telefónica; o, por lo menos, de intentarlo. Frente a esa amenaza global, los populistas europeos despliegan viejas banderas nacionalistas y apuntan sus artillerías contra la centralización autoritaria desde Bruselas; inclusive algunos medios, en el afán de definirlos, les han robado el término a los independentistas catalanes y han empezado a llamarlos “soberanistas”.

El principal financiador del proyecto populista es nada menos que Steve Bannon, del cual Modrikamen sólo es la cabeza visible: lo admite el propio abogado belga en su entrevista. El rompecabezas empieza a armarse cuando redes virtuales de periodistas italianos denuncian la maniobra de la administración Trump para utilizar a Italia como elemento de disrupción de la Unión Europea: Italia no es ni débil económicamente como Grecia, ni aislada o marginalizada como Hungría o Polonia: al parecer, la Casa Blanca ve el gobierno “verde-amarillo” en Italia como un súbdito fiel y confiable para su propio proyecto de dominio global; por eso, las primeras invitaciones de Modrikamen van dirigidas a Salvini y Meloni.

Uno de los tambores que más se oyen en el tam-tam transatlántico es la migración. No es sólo la caravana de migrantes hondureños, ni sólo el drama de los migrantes varados en el Mediterráneo: está en juego el mercado internacional de la fuerza de trabajo, y los cambios que en éste se están dando. El propio eje Merkel-Macron está modificando su política y parece decir: en las últimas décadas hemos aceptado mano de obra genérica, no calificada, y a partir de la crisis migratoria de 2015 ya tenemos de sobra; ahora lo que necesitamos es mano de obra calificada y, sin embargo, barata. El tercer mundo nos puede proporcionar la segunda así como, en el pasado reciente, nos brindó la primera. Fronteras abiertas, sí, pero con juicio: ni Soros ni Trump.

En esta situación, no sorprende que para los medios se abran espacios que parecían acotados hace sólo una década. La red virtual de periodistas, a la cual pertenece Eugenia Fiore, se llama “Los ojos de la guerra”; el nombre puede parecer ambiguo y hasta siniestro, pero en realidad nació precisamente como una red de corresponsales en los teatros de guerra; ¿recuerdan? pasó lo mismo con CNN en la Guerra del Golfo, y vean cómo ha ampliado su cobertura. “Gli occhi della guerra”, a su vez, está asociada con otra red virtual: “stopeuro.news”; este nombre también revela una marcada tendencia euroescéptica y responde a la exigencia de una refundación profunda de la Unión Europea si es que ésta quiere sobrevivir.  Pero, si nos tomamos la molestia de leer sus artículos, nos encontramos con que ataca con igual intensidad a Jean-Claude Juncker que a Steve Bannon.

StopEuro recoge y reproduce, sin modificarlos, artículos de “Gli occhi della guerra”. La fuente citada mayoritariamente por ambas publicaciones es Huffington Post, la revista virtual lanzada en 2005 y que ahora, como “Los ojos de la guerra” y StopEuro, cubre noticias al nivel mundial. Todas ellas proporcionan una mirada crítica sobre todo el ajedrez global y los personajes que lo protagonizan. Es cierto que todas ellas tienen, a veces, un acento amarillista en los títulos de sus artículos: ni modo, la mercadotecnia tiene sus reglas. Pero pueden ser un baluarte del periodismo independiente en estos tiempos de confusión ideológica y de cínica manipulación política.

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