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INTERSECCIONES / Unión europea, cargos y migrantes

INTERSECCIONES / Unión europea, cargos y migrantes
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Fulvio Vaglio 

Dos actos de la misma tragedia (o tragicomedia, si termina sin masacre) se están representando en estas horas en dos extremos de la Unión Europea: Bruselas al norte, Lampedusa al sur. El primer acto, aún inconcluso, concierne los nombramientos para los puestos de mando en la UE 

Un acuerdo en lo oscurito ha permitido al eje Macron-Merkel anotarse una muy pírrica victoria sobre sus viejos rivales socialdemócratas: en lo oscurito, porque viola el acuerdo anterior, en vigor desde 2013, sobre quién puede ser nombrado para Presidente de la Comisión Europealos seis contendientes finales para el puesto (Spitzenkandidaten) debían ser los que cada partido hubiera nombrado previamente a las elecciones. En este caso, los principales eran el cristiano demócrata alemán Manfred Weber y el socialdemócrata belga Frans Timmerman.  

El acuerdo de 2013 había sido cuestionado desde el comienzo. Los críticos de ese sistema decían que distaba mucho de ser un modelo de democracia, pues seguían siendo los partidos políticos quienes escogían sus candidatos, mientras el electorado no conocía ni sus antecedentes ni sus propuestas de gobierno; en efecto, una encuesta realizada a finales de abril 2019 reveló que el 45% de los encuestado no conocían ninguno de los candidatos; y eso en la politizada Alemania. Lo comparaban con las elecciones primarias en Estados Unidos, con bastante razón.  

Los en favor argumentaban que, por imperfecto que fuera, era sin embargo mucho mejor que el sistema anterior en que las cúpulas de los partidos mayoritarios negociaban entre ellos, sin más, quién ocuparía el cargo.  

El 2 de julio, después de varios días sin llegar a un consenso, fue nombrada para Presidenta de la Comisión Europea la cristiano-demócrata alemana Ursula von der Leyden, mientras que la francesa Christine Lagarde pasó del FMI al Banco Central Europeo. El socialista español Josep Borrell a Asuntos Exteriores, y el liberal belga Charles Michel como presidente del Consejo Europeo, completan el cuadro. Una victoria de la equidad de género, anunció el presidente saliente Jean-Claude Juncker que se había quedado sin argumentos más convincentes (el sábado pasado admitió finalmente que el proceso “no fue transparente”).  

Los comentaristas europeos se muestran indecisos: la mayoría denuncia el retroceso en la democratización de la UE, pero varios reconocen que la “realpolitik” no permitía otra solución. Todos, a regañadientes, admiten que, aun sin obtener ninguno de los puestos de mando, fue la ultraderecha europea la que determinó el proceso; en particular, el húngaro Viktor Orbán. Éste se la tenía guardada no sólo a Timmermans, sino también a Weber: al primero por haber impulsado la investigación sobre las leyes húngaras que limitan el ejercicio de derechos civiles; el segundo por haber perseguido la expulsión del FIDESZ húngaro de la representación del PPE. Orbán dijo “no” a los dos y Macron y Merkel doblaron las manos.  

El otro ganador de este juego ha sido Matteo Salvini y su sueño de liderar un bloque de ultraderechalo que nos manda directo al segundo acto que ya empezó en el otro polo, Lampedusa. Hasta ahora, dos barcos de ONGsla alemana Sea Eye 3 y la italiana Alex, al borde del colapso, han forzado el bloqueo impuesto por Salvini alrededor de la isla siciliana, con su carga de migrantes rescatados en el Mediterráneo; otro barco alemán, el Alan Kurdi, al momento de escribir esta nota sigue sin saber si podrá atracar en Lampedusa o en Malta. Y habrá más: una asamblea de las ONGs ha declarado que seguirán con su labor de rescate, diga Italia lo que diga.  

El diablo está en los detalles y los reportes internacionales no dan toda la perspectiva. El trasfondo de las negociaciones entre Malta, Roma y el velero Alex ha sido publicado por La Repubblica y da asco sólo al leerlo: el gobierno italiano y el maltés enfrascados en un complot para engañar a los tripulantes y migrantes rescatados en alta mar, prometiéndoles un desembarque tranquilo y sin persecución judicial en La Valletta solo para negárselo con el “tuit” siguiente. Mientras tanto, una crisis sanitaria a bordo, con los baños inoperantes por falta de agua. 

Por lo pronto, los sucesos de Lampedusa ya han provocado fisuras, tanto en Europa como en el mismo gobierno italiano. Alemania ha pedido a Salvini que reconsidere su posición; éste, después de que un tribunal había negado su solicitud de 15 años de cárcel para la capitana del “Sea Eye 3”, ha pedido que se aumente la multa para quien fuerce el bloqueo, de 50,000 euros a un millón. El movimiento 5 estrellas, por su lado, se ha disociado de Salvini, acusándolo de querer jugar solo, sin miramientos para sus compañeros de equipo: “se cree Maradona y sólo es un Higuaín fuera de condición”.  

Salvini reitera su acusación a las ONGs de ser cómplices de los tratantes de migrantes: cualquier parecido con las declaraciones de Trump sobre la situación migratoria en la frontera sur de Estados Unidos no es para nada casual. La verdadera pregunta es: ¿se atrevería Salvini a hacer esto si las elecciones europeas, y el reparto de puestos en Bruselas, hubieran sido distintos? ¿Es decir, si no tuviera la certeza de que su sueño de liderar un bloque ultraderechista y eurófobo es próximo a convertirse en realidad? El drama no ha concluido, esperamos el tercer acto. 

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