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LA ANTÍPODA OSCURA: Rigo, estás perdonado

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Por Alberto Cuenca

Por obra y gracia de ya saben quién, todos los pecados que pudo haber cometido Rigoberto Salgado están perdonados. El ex delegado de Tláhuac puede ir ya por la vida con la cara en alto, porque Andrés Manuel López Obrador lo ha exculpado.

El ritual de expiación fue el pasado domingo 3 de junio por la tarde, en la explanada de la Delegación Tláhuac, ante miles de personas que, al unísono, festejaron el momento en que el encarnado líder de la fe obradorista levantó la mano del ex delegado y lanzó el credo: “Cuando la calumnia no mancha, tizna”.

De camisa blanca, con el diminutivo de su nombre bordado a la altura del corazón, el recién exonerado alzó gallardo la mirada frente a los fieles morenistas que abarrotaban la explanada delegacional; aspiró profundo y el pecho se le hinchó; los ojos se le humedecieron, pero “Rigo” aguantó las ganas de llorar. “Se los encargo mucho. Fue muy vilipendiado, muy golpeado, acosado por la mafia del poder, y no hicieron nada absolutamente.

Aquí está Rigo y aquí estamos nosotros”, dijo Andrés Manuel, quien no suele entretenerse mucho en hablar de otros candidatos de Morena. Pero con “Rigo” se tomó su tiempo.

Comparó su caso con el de Nestora Salgado y lo puso al nivel de víctima de esa mafia del poder que “siempre tiene la máxima de fabricar delitos, y aunque no puedan probar nada ya sembraron la insidia, la calumnia; ese es el proceder de estos corruptos, pero no pudieron”, dijo ese domingo el candidato presidencial.

Cuando AMLO terminó de hablar, Rigoberto se le acercó y le extendió la mano; le dijo: “Muchas gracias” al tabasqueño, quien le estrechó la mano y guardando un aire de desatención.

Expiadas las culpas, sobre Salgado parece no pesar ya ninguna carga moral que le impida avanzar en su candidatura a diputado local por el distrito 8 de Tláhuac.

Qué lejano parece aquel julio de 2017, cuando la Marina abatió al líder del cártel de Tláhuac, Felipe de Jesús Pérez, alias “El Ojos”. De inmediato las sospechas de complicidad recayeron sobre Rigoberto.

A partir de ese momento se comenzó a ventilar información sobre un inexplicable enriquecimiento del entonces delegado, así como presuntas reuniones que el funcionario celebraba con “El Ojos” en el restaurante La Carreta del Pacífico, propiedad de “Rigo”, o la inclusión de personajes cercanos a Pérez Luna en la nómina de la Delegación Tláhuac.

Extraoficialmente se afirmaba que las procuradurías federal y capitalina, investigaban a “Rigo”, pero las dependencias nunca lo confirmaron, y así Salgado salió a la palestra pública para inscribir su candidatura a diputado. Ahora que ha sido exculpado por AMLO, a los adversarios de “Rigo” les ha generado escozor el espaldarazo político, pero acaso olvidan que ellos fueron omisos y nada diligentes en seguir un procedimiento de destitución que tenía plazos fatales, a vencerse en noviembre pasado.

Lo mejor que le pudo haber pasado a “Rigo” fue el sismo del 19 de septiembre, pues después de esa fecha el expediente de destitución se guardó en el cajón de los recuerdos.

La Comisión Jurisdiccional, a cargo del diputado Armando López Velarde Campa, encargada de elaborar el dictamen de destitución, no volvió a sesionar y jamás se reunieron con el procurador, el jefe de la Policía, el titular del C5 y el abogado de “Rigo”, Gabriel Regino.

Hoy los perredistas critican que Salgado sea candidato a diputado y ande por la vida como si la inseguridad y el crimen no campearan por Tláhuac; en corto, dicen que López Velarde Campa no tuvo los pantalones para seguir con el proceso de destitución y que el neomorenista Víctor Hugo Romo operó para congelar el proceso. Claro, como si esos dos diputados tuvieran el poder político suficiente para detener algo así.

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