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LA ANTÍPODA OSCURA / Serranía contra Espino

LA ANTÍPODA OSCURA / Serranía contra Espino
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Alberto Cuenca

De mala gana, forzada por las constantes y cada vez más graves fallas en el servicio, presionada por un sindicato que hizo correr el rumor de su renuncia y obligada por la Jefa de Gobierno a detener públicamente la bola de nieve que se le viene, la directora del Metro, Florencia Serranía, tuvo que salir a dar la cara ante los medios de comunicación y decir que en ese sistema de transporte todo está bien.

Ella no quería. A los periodistas que la han buscado para una entrevista les ha puesto de pretexto que después de los primeros 100 días del actual gobierno ofrecerá un diagnóstico sobre la situación del Sistema de Transporte Colectivo.

Ingenuamente pensó que en este tiempo la estrategia de la avestruz le resultaría. Creyó que usar la cuenta de Twitter del propio Metro para informar del flujo de trenes bastaba para presumir transparencia.

La semana pasada no le quedó de otra que dar una conferencia. Poco habló ahí de las constantes fallas en el Metro que ya han generado heridos, como los ocho lesionados que dejó una escalera eléctrica en la estación Mixcoac.

Dijo lo que quiso; respondió a medias los cuestionamientos; se levantó intempestivamente dando por terminada la conferencia y evitó hablar de temas escabrosos como la relación, o más bien la presión, que enfrenta con el sindicato del Metro encabezado por el sempiterno Fernando Espino Arévalo. Por eso no quería salir a hablar ante la prensa.

En esa conferencia reveló que a través de medios electrónicos, de recursos de transparencia y otro tipo de comunicados, ha recibido “sugerencias” para finiquitar contratos millonarios que se encuentran en revisión por las áreas técnicas administrativas. “No cederé ante esas presiones y mucho menos ante ese tipo de sugerencias; claramente les digo que al Metro se lo ha acabado la corrupción y eso se acabó”, expresó ese día la funcionaria.

Cuando se le preguntó si renunciará obviamente lo negó y argumentó que si se corrió ese rumor fue porque ella se ha convertido en una persona incómoda dentro del Sistema de Transporte Colectivo.

Entre líneas y para quien quisiera entenderlo mandó un mensaje a esos que le hacen “sugerencias”, pues dijo que en el Metro han mandado los proveedores improvisados, no supervisados, así como flamantes organizadores que han decidido qué vender y a qué precio.

Aunque Florencia no dio nombres y apellidos, esos flamantes organizadores no son otros que Fernando Espino y su sindicato.

Desde que inició este gobierno, Espino ha sostenido constantes reuniones con Serranía. En los encuentros el polémico líder gremial le ha presentado a la irascible funcionaria un diagnóstico hecho por los mismos sindicalizados en el cual le exponen un escenario desastroso, pero también le presentan la receta, y esta no es otra que una serie de “sugerencias” para hacer compras consolidadas de refacciones y herramientas con ciertas empresas.

No vaya a pensar que esos eventuales proveedores son amigos o afines al Sindicato Nacional de Trabajadores del Metro que encabeza Espino, ni vaya a malpensar que este dirigente ha propuesto hacerse cargo directamente del mantenimiento de instalaciones fijas y móviles, como escaleras o trenes.

Pero, de hecho, Espino sí lo ha planteado y hasta públicamente, como en una entrevista concedida a Ciro Gómez Leyva un día después de la conferencia de Serranía.

Ahí, le dijo al conductor que ha pugnado para que sean sus agremiados quienes realicen el mantenimiento de las escaleras eléctricas.  Lamentó que esa labor se adjudica a empresas externas y no a sus técnicos “altamente capacitados”.

Curioso que Espino haya hecho mención de ese dato cuando, en su conferencia, Serranía anunció que ya se había hecho la adjudicación de un contrato de mantenimiento a escaleras y se prepara un segundo.

Públicamente Serranía y Espino aseguran que en sus reuniones hay cordialidad y ánimo de coordinación. A puerta cerrada se sabe que los encuentros son cada vez más tensos y que ya suenan tambores de guerra, en detrimento de unos usuarios cada vez más afectados por retrasos, fallas, ambulantes, inseguridad y basura.

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