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La culpa es de la mala comunicación

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Adrián Rueda

Con un argumento que ni un niño de kínder creería, Claudia Sheinbaum quiso justificar que el cese de Pedro Sosa Álvarez al frente del Instituto de Vivienda de la capital fue por tener “mala comunicación con el gobierno”.

Como broma estuvo bien, pero es hora de que la jefa de Gobierno explique con seriedad por qué cedió a la salida del funcionario, luego de que grupos vivienderos ligados a Morena hicieron un plantón en las afueras del Antiguo Ayuntamiento.

Si el arquitecto Sosa Álvarez –según su carta de renuncia– sólo seguía instrucciones de la propia Sheinbaum para eliminar la corrupción generada por los gestores de vivienda, ¿por qué entonces lo corren?

Puede que la gobernante tenga razón y lo que esté fallando sea la comunicación interna del Gobierno de la CDMX, donde nadie entiende lo que se le pide, y quienes lo entienden –y lo ejecutan– son despedidos.

Uno de los temas que tienen hasta el copete a los ciudadanos es el de la corrupción, y luego de este cese para darles gusto a los corruptos líderes afines a su propio partido, queda la duda de si en verdad se quiere ir por el camino de la honestidad o el de los votos.

No es posible que a la primera protesta de grupos mafiosos inconformes con su propia línea de trabajo, Claudia se espante y ceda a sus intereses, descalificados por ella misma cuando era candidata al Gobierno de la capital.

Con las debidas diferencias, la carta de Sosa Álvarez se asemeja en el tono a la de Carlos Urzúa cuando se fue de Hacienda y denunció que en el gobierno federal había conflicto de intereses que no podía aceptar.

Lo mismo aquí, que el hoy exdirector del Invi denuncia que grupos internos lo agredieron desde su llegada y se resistieron al cambio, pues se les acabaría el lucrativo negocio de la vivienda popular financiada con dinero de los capitalinos.

Pero en el colmo de las decisiones, la jefa de Gobierno deja como encargado de despacho –dicen que con intenciones de ratificarlo– a Rodrigo Chávez, fundador de la Asamblea de Barrios en el PRD, y que encabeza, conocida como Patria Nueva.

Es uno de los líderes que se ha dedicado desde hace muchos años a lucrar con las necesidades de vivienda de la población más golpeada, a la que revende los inmuebles y además la obliga a apoyar políticamente a la agrupación.

Mala señal que la jefa de Gobierno haya dado esa muestra de debilidad tan rápido, pues si los vivienderos son rijosos, nadie quiere imaginar que un día se rebelen los microbuseros, por ejemplo, porque esos sí paralizan la ciudad.

Lo bueno es que la funcionaria por fin encontró la falla en su gobierno: ¡no hay comunicación!… literalmente.

CENTAVITOS

Dicen que al perro más flaco se le cargan las pulgas, pues no sale de una y Jesús Orta se mete en otra. Mal con el caso Norberto Ronquillo; muy mal con el doble asesinato en Artz Pedregal, y peor con el asalto de ayer a la Casa de Moneda en pleno Paseo de la Reforma. Parece que ahí la comunicación con el gobierno no es mala, sino pésima.

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