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LA MANO QUE MECE LA CUNA / El apetitoso PRD local

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Por Adrián Rueda

jadrian02@yahoo.es / opinion@elinfluyente.mx

Cuando todo mundo se pelea por las coordinaciones legislativas del PRD en las diferentes cámaras, nadie parece ver que la gran beta para quienes no lograron un puesto de elección popular en julio pasado podría ser la dirección del partido.

No tanto la dirigencia nacional, pues los amarillos pasaron a ser un satélite, uno más de la chiquillada, que los convierten en un actor político prácticamente testimonial.

A lo que se deberían de enfocar los caciques locales es a apostar por la reconstrucción del sol azteca en la Ciudad de México, que es donde pudieran tener cierta fuerza y esperanza de larga vida en caso de que Morena falle.

La capital de la República ha sido durante años el principal bastión perredista y, aunque en las elecciones pasadas fueron barridos, ninguna derrota es para siempre y deben empezar a pensar en el mediano y largo plazos.

La reconstrucción del PRD tendría que empezar por renovar los cuadros y hacer un primer plan con miras a 2021, que son las siguientes elecciones intermedias, y que el electorado podrá medir muy bien a Morena como gobierno.

Para entonces los pejistas llevarán tres ejerciendo el poder y tendrán, muy seguramente, un desgaste importante por el incumplimiento de las altas expectativas que generaron a su llegada.

Aunado a ese desgaste, habría que agregar que para entonces los morenos habrán hecho crisis en su lucha intestina por el poder y habrá varios afectados, que buscarán a toda costa su supervivencia y el PRD no les será ajeno a sus intereses.

Como la gran base de Morena está sustentada en perredistas, sus arraigadas costumbres de hacer tribus provocarán una lucha interna por los principales espacios, la cual se agudizará conforme se acerque el 2021, y hará crisis en 2024.

Habrá ajustes de cuentas, muchos de ellos desertarán o, peor aún, serán obligados a saltar del barco y seguramente no buscarán cobijo ni en el PRI o el PAN, sino en su retorno a las filas amarillas.

Y aquí es donde los derrotados de hoy pueden ser los triunfadores de mañana, pues quien recoja los pedazos del partido y los una, quedará en una inmejorable posición de liderazgo en la izquierda mexicana.

Quienes sean coordinadores legislativos tienen el tiempo contado a los tres años que dure la legislatura, a menos que se reelijan hasta cuatro veces, como lo permitirá ya la ley a partir del 18, pero nada podrán ofrecer a sus aliados.

El ser diputado no da para formar un pastel y repartirlo entre las tribus; es una posición individual que tiene una fecha de caducidad muy clara.

En cambio, quien reconstruya en partido y lo fortalezca, puede convertirse en el gran padrino, pues en primer lugar trascenderá más allá de 2018. En segundo lugar tendrá la oportunidad de recorrer abiertamente todas la alcaldías y ampliar sus áreas de influencia. Esto es en lo que toca a los caciques que fueron desplazados de sus territorios por Morena, y que por estar cuidando sus parcelas no podían salir a otras zonas porque, o les comían el mandado, o los mordían sus compañeros dueños de las parcelas ajenas.

En cambio, como dirigentes del partido pueden placearse por todos lados y, algo aún más importante, convertirse en padrinos porque serán quienes repartan las futuras candidaturas a puestos de elección popular.

Si bien es cierto que los arreglos en la repartición del pastel lo hacen las tribus, quien convoca y forma todo es el presidente, que además decide por estatutos al coordinador o coordinadora en las cámaras.

La clave para empoderarse será la forma en que se impulse la refundación del partido, alejando de los puestos directivos a los viejos de siempre, y dando cabida a una renovación generacional que represente una oferta política diferente a los ciudadanos.

La refundación del partido tendrá que pasar por un análisis sobre la conveniencia de cambiar incluso de nombre y de siglas, pues aunque es una marca muy posicionada en la vida política del país, también es una marca negativa que jala hacia abajo.

Se tendrá que analizar si perjudica más que beneficia y establecer si como PRD ya dio todo de sí, o aún tiene alguna esperanza de perdurar.

Lo más conveniente para los perredistas será abrir una opción más hacia la social-democracia, en la que tengan cabida todas las corrientes políticas que toquen los extremos. El nuevo partido podría absorber a quienes sean echados del PRI, PAN, Movimiento Ciudadano, Verde Ecologista e incluso de Morena, y volver a hacer la vaquita para resurgir con fuerza en 2024.

Los riesgos que asuma quien llegue a la dirección del PRD son pocos, pues es prácticamente imposible que lo pueda hundir más de lo que ya está.

Ese partido tocó fondo y casi cualquier cosa que se haga se notará y le abonará al crédito político de quien encabece esa acción, aunque parece que pocos se han dado cuenta de ello, porque en la CDXM siempre ha sido visto como un apéndice de sus mayores.

Pero da la casualidad que el PRD en la capital es casi lo único que prevalecerá de esa organización y, lo mejor, no tendrá quién lo mande porque su dirigencia nacional quedará muy debilitada, y ya no tiene Jefe de Gobierno que meta su cuchara. Es decir, quien asuma no tendrá que recibir órdenes casi de nadie, lo que le dará libertad de hacer cosas nuevas y de moverse a sus anchas por todo el territorio, placeándose y rearmando los grupos.

Su labor no terminaría en 2021 y, en caso que lograra hacer resurgir al partido, se convertiría en la auténtica opción de izquierda moderada, que podría ser atractiva incluso para los ciudadanos y líderes de a pie.

Porque si bien es cierto que Morena arrasó usando la bandera de la izquierda, su conformación con tantos personajes no sólo de partidos de ultraderecha, sino con personajes impresentables de la mafia del poder, lo convirtieron en un mazacote sin forma.

En lugar de andar matándose por las coordinaciones o lloriqueando por las derrota, los caciques del partido deberían ponerse de acuerdo en refundar al PRD y resurgir de sus cenizas, cual ave Fénix. Es eso, o seguir peleando entre ellos para consolidarse como un partido más de la chiquillada.

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