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LA MANO QUE MECE LA CUNA / El Peje huele mucho a fifí

LA MANO QUE MECE LA CUNA / El Peje huele mucho a fifí
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Adrián Rueda

Acostumbrado a tropezar con su propia lengua, Andrés Manuel López Obrador ha acumulado una serie de inconsistencias a lo largo de su carrera por la Presidencia de la República, y el pie se lo ha puesto él mismo… o sus más cercanos.

Cuestión de recordar que a su llegada en 2000 a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, se dedicó a vender un falso discurso de “austeridad republicana”, e invitó a sus colaboradores a vivir en la “justa medianía”.

Decía que sus trajes se los hacía un sastre de la colonia Roma –jamás dio nombre o dirección del modisto-, pero durante un evento en 2005 quedó expuesta la bolsa interior de su saco, con la firma Hugo Boss, y en su muñeca un reloj Tiffany, valuado en 80 mil pesos.

No pudo explicar cómo se vestía con ropa y relojes “fifí”, que costaban más de lo que en ese tiempo ganaba mensualmente como jefe de Gobierno, que eran 60 mil pesos. NO importó, sólo dijo que a él no le gustaba ser ostentoso y que habían sido regalos.

Pasaron las elecciones de 2006, y luego de ser derrotado fue fotografiado en diferentes viajes, incluso en Venecia, donde se tomó fotos con turistas mexicanas que lo reconocieron. No trabajaba, no tenía ingresos oficiales, pero sí podía vacacionar por Europa.

Pero él no era el único del clan que se daba vida de rey sin trabajar, pues en 2009 su hijo Andrés Manuel López Beltrán se dejó ver en una protesta callejera con unos tenis Louis Vuitton de 800 dólares, diseñados por el rapero Kanye West.

El joven protestaba luciendo sus tenis franceses elaborados con piel de becerro, mientras su padre encabezaba un mitin frente al Senado de la República, denunciando “que un puñado de potentados domina con arrogancia y cinismo al país”.

A raíz de eso los reporteros se metieron a las redes del pequeño Andy, quien tenía casi mil fotos a bordo de yates y de sus visitas a tiendas de moda en Nueva York; de sus fiestas en antros famosos y demás imágenes que delataban su vida de junior.

El junior canceló su cuenta de Facebook, pero su licenciosa vida había quedado registrada en imágenes y echaba por tierra el falso discurso de su padre.

Luego de ello vinieron escándalos como las propiedades de Octavio Romero Oropeza, quien fue su Oficial Mayor en el GDF y que en breve será el director general de Pemex. Las hijas de este tabasqueño estudiaban en el muy fifí Colegio Ollinca de El Pegregal.

Ni qué decir del famosísimo Nico, el súper chofer de López Obrador que saltó a la fama por manejar un Tsuru blanco, pero cobrando lo mismo que el jefe de Gobierno, “porque también hacía tareas de logística”.

O el sueldazo de su hoy esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, quien durante su administración la contrató ilegalmente como su sexta asesora, pagándole 60 mil pesos mensuales, que era el equivalente al del gobernante.

Otro escándalo de la propia Gutiérrez Müller, que también sin trabajar adquirió un lujoso departamento en la Del Valle y, según papeles, se lo vendió Julio Scherer, el próximo Consejero Jurídico de la Presidencia de la República, a través del “socialité” César Yáñez.

Y cómo olvidar los departamentos propiedad de El Peje que el priísta José Antonio Meade sacó en campaña, y que incluso el tabasqueño ofreció regalárselos si le comprobaba que eran de él; se lo comprobó y no hubo pago de apuesta.

Todos esos datos están confirmados y se hicieron públicos, pero nada pasó, pues Andrés Manuel dijo que todo lo que tiene se lo regala el pueblo y de ahí nadie lo saca. Sigue diciendo que será austero y hasta “franciscano”, si es necesario.

Sin embargo su concepto de austeridad no parece haber echado raíces en sus cercanos, y aquí es donde es necesario traer a cuento la “Fifífiesta” de su escudero de toda la vida, el célebre César Yáñez, quien como si fuera todo un potentado se casó a todo lujo en Puebla.

Si la boda la pagó el suegro o la novia, es o de menos, el asunto es que se dejaron ver con la crema y nata de la sociedad y del poder, algo que siempre criticaron y que juraron erradicar porque es ofensivo para un pueblo con tantas carencias.

Pero si la fiesta fue una bofetada a las clases pobres que votaron en masa por López Obrador, la publicación de 18 páginas del evento en la Revista Hola –Fifí en toda la línea- no tuvo perdón.

En su prisa por sentirse importantes y poderosos, los pejistas no repararon que estaban cayendo rápidamente no sólo en todo lo que criticaron, sino en todo lo que la población que votó por ellos odia.

Ni López Obrador ni mucho menos sus colaboradores como Yáñez podrían haber sido tema de la portada de esa revista, si no fuera por el dinero que pagaron y por la posibilidad económica que representan para muchos.

Si los personeros de El Peje dijeron que no era la boda del tabasqueño, y que salió en la revista porque fue uno de los invitados, unas semanas después repitió en sus páginas, ahora como invitado al bautizo del hijo del gobernador chiapaneco Manuel Velasco y de la cantante Anahí.

Y cuando se creía que los escándalos habían llegado a su fin, aparecen las fotos de José Ramón López Beltrán, su hijo mayor, desayunando en el lujosísimo hotel madrileño Villa Magna, donde regularmente se hospedan fifís de alto rango.

Es más, ahí se ha quedado el propio presidente Enrique Peña Nieto, al que parece que la familia López Obrador quiere imitar en todo, pues sale en las mismas revistas, visita los mismos lugares y hasta busca tener los mismos diseñadores y maquillistas.

La noche en ese hotel de Madrid cuesta 500 euros, sólo por dormir ahí, más lo que se tiene que pagar por volar, transportarse, mantenerse, comprar souvenirs y demás cositas.

Eso sería lo de menos, a no ser porque a ninguno de los tres hijos mayores se les conoce trabajo formal alguno –lo mismo que a su padre durante tantos años-, por lo que es un misterio de dónde saca esa familia tanto dinero para vivir como jeques sin trabajar.

Y no importa que los chairos tratan de justificar esas acciones y que digan que cada quien hace con su dinero lo que quiere. Tampoco que digan que Peña Nieto, Felipe Calderón, la Casa Blanca y demás mugres, pues en todo caso todos son iguales.

Que si el PRIAN, que si la Mafia del Poder, que si todos los periodistas que critican a El Peje son chayoteros. El real problema, lo que deberían observar, es que Andrés Manuel prometió un cambio y lo único que está cambiando es de personajes, porque de mañas no.

Ya no son los hijos de Peña o de Fox, ahora son los suyos los que ocupan las planas de sociales y los mostradores de las grandes tiendas y hoteles. No cabe duda que el tufo Fifí está muy impregnado en la Transformación de Cuarta que le espera a México.

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