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LA MANO QUE MECE LA CUNA / La misoginia de Morena

LA MANO QUE MECE LA CUNA / La misoginia de Morena
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Adrián Rueda

Si de algo se llenó Morena en las cámaras legislativas, fue de mujeres defensoras de sus derechos y de los derechos de los demás, pero sobre todo de impulsoras de la equidad de género, que es una de las deudas históricas en la sociedad mexicana.

Tan presumen de esos logros, que en su slogan la Cámara de Diputados destaca ser la legislatura de la equidad de género, que en realidad se empieza a quedar en una simple frase ante las políticas públicas que la oposición empieza a calificar como misóginas.

Contrarias a su costumbre de ser incluso contestatarias, las mujeres de Morena han guardado, en el mejor de los casos, un silencio vergonzoso ante la cancelación de programas que benefician justamente a ese sector de la población, que es mayoritario.

Incluso ha habido temas en los que no se han conformado con callar, sino que han defendido los atropellos presidenciales por el simple hecho de que vienen de su líder máximo, Andrés Manuel López Obrador, al que no se atreven a contradecir.

A dos días de la celebración anual del Día Internacional de la Mujer, ninguna voz de Morena se ha escuchado en defensa de su género, y hasta parece que de defensoras pasaron a simples empleadas.

¿A poco un sueldo o la expectativa de una carrera política más amplia les hizo callar ante las injusticias históricas que las mujeres han sufrido en el país, y que fue una bandera de lucha en las principales plataformas políticas utilizadas para ganar votos?

¿Con qué cara las legisladoras de Morena se podrían integrar a alguna de las múltiples marchas en favor de la equidad de género que se realizarán el viernes, si desde su trinchera no solamente son omisas, sino cómplices de su gobierno?

Porque hace más de un mes López Obrador anunció el recorte del presupuesto para las Estancias Infantiles, que en el país atendían a 333 mil niños menores de cuatro años, mientras sus madres salían a ganarse el sustento diario.

Según el tabasqueño, en el Programa de las Estancias Infantiles había mucha corrupción y muchas personas se estaban haciendo ricas defraudando al Gobierno; nadie ha sido acusado formalmente de nada a pesar de esos señalamientos.

Al interior de la administración pejista se sabe que la decisión la tomó la subsecretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, relacionada –ella sí- precisamente con actos de corrupción durante su paso por diferentes áreas de Gobierno de la capital del país.

Desde que fue nombrada como segunda de abordo en esa dependencia, se anticipaba que Montiel sería en realidad la encargada de manejar los programas sociales del Gobierno Federal, por la sencilla razón de que se jefa, María Luisa Albores, nada sabe de esos temas.

A pesar de las inconformidades generalizadas y de las marchas de las mujeres afectadas, López Obrador ha hecho oídos sordos a las quejas, insistiendo en que en esos lugares se defraudaba con dinero público.

En un intento de paliar un poco la situación, el tabasqueño anunció un programa sustituto de apoyo a las madres de niños menores, consistente en entregar en promedio 40 pesos diarios a las madres de estos niños para que elijan dónde llevarlos a que se los cuiden.

Ello a pesar de que legalmente el Congreso no destinó en el Presupuesto 2019 ni un centavo a ese programa que el gobierno se sacó de la manga, sencillamente porque no existía, lo cual representa una ilegalidad.

Pero además es ello, y como para dejar bien claro el poco interés en beneficiar a las mujeres, López Obrador retiró el apoyo económico a los centros que dan atención a mujeres violentadas, cambiándolo también por dinero en efectivo para las afectadas.

No se necesita ser ningún genio para saber que el poco dinero que el gobierno les entregue a estas mujeres irá a parar a los bolsillos de sus maridos, y no se destinará ni al cuidado de sus hijos ni a la atención de la violencia de género.

Esas decisiones se anuncian cuando delitos como los feminicidios en el país están en uno de sus niveles más altos de la historia, sin que se haya puesto en marcha estrategia alguna para disminuirlos.

Es más, en su pretendida Constitución Moral López Obrador sugiere que las mujeres deben estar en su casa, yendo contra toda libertad o igualdad de género, que se supone es por lo que lucha la izquierda moderna en el país.

Claro que es entendible que, cuando se llega al poder por determinada opción política, hay que apoyar las propuestas de esa opción, pero de ahí a renunciar a ideales y a convertirse en una simple asalariada hay un mundo de diferencia.

Y conste que las mujeres de Morena tienen un ejemplo en casa con Tatiana Clouthier, que fue la única diputada que abiertamente rechazó un cargo en el gobierno pejista y que desde San Lázaro se opuso a que hubiera una Guardia Militar, como quería el presidente.

Habrá que ver cómo festejan las mujeres morenas su día el viernes, pues en la realidad nada han hecho para defender a su género, quizá porque en sus posiciones no cuenten con la autonomía suficiente, o porque están subordinadas a un salario.

No es nada difícil llegar a la conclusión de que una mujer que ha sido violentada en cualquiera de sus formas requiere mucho más que una dádiva para salir adelante, pero al parecer se carece de voluntad política para atender el asunto.

Quizá porque ese tipo de acciones no son rentables políticamente, como sí lo son las decisiones en las que el gobierno les regale una limosna mensual para atarlos a la hora de los votos. ¡Qué perversidad!

Por eso es que no se entiende muy bien el silencio cómplice de las morenistas, a quienes bastaría recordarles que si no se hubiera avanzado en el tema de la equidad de género ellas no estarían en las posiciones que están.

Pero parecen aplicar la de “nosotros ya llegamos y las demás que le hagan como puedan”, en algo muy similar a lo que piensan los paisanos mexicanos establecidos en Estados Unidos: “nosotros ya pasamos, que no lleguen más paisanos porque nos quitan la chamba”.

O quizá las legisladoras y funcionarias de Morena piensen que si ya no hay más niños desatendidos o mujeres violentadas, puedan perder sus banderas de lucha social para ascender más posiciones en la administración pública.

Como quiera, es más que vergonzoso el silencio cómplice de las feministas de Morena que callan a cambio de un salario o del yugo de un solo hombre.

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