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LA MANO QUE MECE LA CUNA / La trampa de Los Chuchos

LA MANO QUE MECE LA CUNA / La trampa de Los Chuchos
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Adrián Rueda

Cuando en noviembre de 2018 el PRD llamó a su refundación nacional, decidió nombrar   una Dirección Nacional Extraordinaria, integrada por cinco representantes de las diversas corrientes, a fin de conducir la reforma interna.

El partido venía de recibir una paliza en las elecciones de julio de ese año, que lo había puesto en cuenta de protección, y convocó con urgencia al 15 Congreso Nacional Extraordinario para anunciar su refundación.

La realización del evento contó con el sello del partido y sus tribus: se realizó en medio de la confrontación, los golpes y los sillazos –situación de la que muchos culparon a René Bejarano- pero al final se impuso la mayoría, coordinada por Los Chuchos.

La votación fue de 485 consejeros a favor, por 40 en contra, y fue así como se creó una Dirigencia Nacional Extraordinaria, que podía asumir todas las facultades en lugar del CEN encabezado por Manuel Granados, quien presentó su renuncia como dirigente.

Aunque uno de sus postulados fue que serían eliminadas las llamadas tribus del partido, se nombró un órgano colegiado integrado precisamente por los representantes de cada tribu, sólo que con rostros más jóvenes.

Fue así como en la nueva Dirección Nacional Extraordinaria quedaron Ángel Ávila, de Nueva Izquierda; Fernando Belaunzarán, de Galileos; Karen Quiroga, de Vanguardia Progresista; Adriana Díaz, de ADN, y Stephany Gutiérrez, de Foro Nuevo Sol.

Esta decisión ocasionó la salida de varios cuadros importantes del PRD, quienes no estuvieron de acuerdo con el rumbo que tomaría el partido y prefirieron retirarse.

Pasada la tormenta, se confirmó que detrás de esa jugada habían estado las mentes macabras de Jesús Ortega y Jesús Zambrano –Los Chuchos-, que querían quedarse con lo que quedaba del partido, a fin de negociar una alianza para 2024.

El siguiente paso fue buscar el aval del Instituto Nacional Electoral a las modificaciones estatutarias aprobadas por los consejeros, lo cual se logró con el reconocimiento de las autoridades electorales.

Cuando las cosas se fueron enfriando, más de uno entendió que la nueva dirigencia colectiva –con todo y que tiene un carácter de provisional- puede tomar decisiones como la de designar candidaturas a cualquier nivel de elección, entre otras cosas.

Claro, todo esto mientras no haya una nueva dirigencia, emanada de la elección interna a la que ya han llamado a sus militantes, y que originalmente tendría lugar a más tardar en agosto.

Y es aquí donde se aprecian con mayor claridad las marrullerías de las corrientes dominantes del partido, pues a fin de garantizar la transparencia y legalidad de la renovación interna, el PRD pidió la participación del INE.

El pretexto fue excelente, pues con ello no habría manera de recriminar a alguien por el control de las elecciones internas, aunque sabían que les iba a costar un buen dinero el apoyo del organismo electoral.

Todo estaba prácticamente listo, cuando el Consejo General del INE informó al sol azteca que este año estaría hasta el full de trabajo, por lo que sería imposible ayudarles con la elección interna, que sólo que quisieran esperar al siguiente año.

Y así se acordó, por lo que los perredistas tendrán que esperar hasta enero o febrero para renovar a su dirigencia nacional, y con ello pensaban que también a las dirigencias estatales que han sido nombradas como “extraordinarias” por la nueva dirección colegiada.

Pero ahora que revisan las letras chiquitas del acuerdo por el que se modificaron los estatutos para dar paso a la Dirigencia Nacional Extraordinaria que se mantiene al frente, les cae el veinte de que ese grupo puede hacer lo que quiera y tendrá validez.

Entre las cosas que hicieron desde el CEN fue nombrar a dirigencias colegiadas extraordinarias en los lugares donde ya habían expirados los plazos legales de los presidentes estatales, como fue el caso de la Ciudad de México.

En la capital Raúl Flores llevaba ya casi dos años en falta, y lo que hicieron fue destituirlo para nombrar a una dirigencia colegiada extraordinaria, integrada por Nora Arias, Carlos Estrada, Daniel Pacheco y Paola Villena, en lo que había elecciones.

Hay un lugar extra para alguien de Julio César El Nenuco Moreno, quien intentó tomar la dirección del partido pero no se la concedieron, por lo que dejó vacante el nombre de su representante en la dirección colegiada.

De acuerdo a los estatutos, resulta que la Comisión Nacional Extraordinaria tiene facultades para nombrar dirigencias estatales, las cuales permanecerán en el poder durante tres años, por lo que no será necesario hacer elecciones internas en esas entidades.

O sea que el PRD solamente llevará a cabo una elección, y será la de su dirigencia nacional, porque en los demás lugares donde los presidentes terminen sus periodos estatutarios, el colectivo que gobierna el partido puede hacer nombramientos sin ningún problema.

Esto quiere decir que, entre más se retarde el proceso interno para la renovación del sol azteca, las corrientes dominantes pueden colocar a sus afines en cada estado, para cuando llegue el momento de la pelea nacional.

Por supuesto que en este esquema quienes tienen mano son Los Chuchos y sus aliados, que con toda claridad buscan el control del partido desde las sombras, para ir preparando el terreno de las alianzas rumbo a 2024.

Hasta el momento está claro que los dirigentes de esa corriente se han acercado al Movimiento Ciudadano, pero no con Dante Delgado, sino con el gobernador jalisciense Enrique Alfaro, para semblantear un acuerdo por la candidatura presidencial.

Para poder hacer esto, Los Chuchos tienen que afianzar primero el control interno del PRD, partido que si participa en solitario ahora sí acabará por desaparecer, y es por eso que será ofrecido al mejor postor con la idea de sobrevivir.

Si logran su objetivo de no desaparecer del mapa electoral, más adelante pensarán en qué hacer con la franquicia –que originalmente perteneció al Partido Comunista-, para hacer que la izquierda moderada renazca en el país.

Por eso el que se quede en el PRD no podrá llamarse engañado; ya sabe hacia dónde los quieren llevar sus dirigentes.

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