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LA MANO QUE MECE LA CUNA / ¿Volverían a votar por El Peje?

LA MANO QUE MECE LA CUNA / ¿Volverían a votar por El Peje?
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Adrián Rueda

Después de justificar la fastuosa boda de su colaborador más cercano, publicada en la Revista Hola, y de organizar una consulta que él mismo hubiera descalificado, para acabar con el Aeropuerto de Texcoco, ¿quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador lo volverían a hacer si las elecciones fueran hoy?

Porque nada de lo que ocurre debe sorprender a los 30 millones de personas que dieron su voto a López Obrador para que fuera Presidente de la República; lo que está haciendo lo anunció desde su campaña política.

Aunque en la consulta –innecesaria, por cierto-, fueron solamente 700 mil personas las que votaron a favor de que el nuevo aeropuerto se construya en Santa Lucía, la responsabilidad es de los 30 millones que lo apoyaron en las urnas el primero de julio.

Lo menos grave es la cancelación del proyecto de Texcoco, sino el monstruo que crearon sus fanáticos, que puede ocasionar un daño grave al país y todo por una ambición muy personal de quien cree ser dueño de la verdad absoluta.

Para derrumbar la obra pública más fastuosa que gobierno alguno hubiera construido en México –que no iba a ser la de él-, El Peje se burló de todos y manipuló a sus fanáticos para tratar de legitimar su ambición desmedida por el poder.

No le importó ignorar no solamente a las cámaras empresariales, organismos internacionales especializados, asociaciones de pilotos aviadores, controladores aéreos y calificadoras de riesgo para imponer su proyecto, sino hacer trampa para ello.

Su decisión se basa en un informe muy preliminar, hecho al vapor y por petición de su equipo a la firma francesa Navblue, sobre la viabilidad de Santa Lucía como futuro Aeropuerto Internacional de México.

Ese informe incluye letras chiquitas –que por cierto intencionalmente no leyó-, que señalan que el diagnóstico lo elaboraron con datos proporcionados por la empresa Rioboó, que asesora a López Obrador y que quiere construir el futuro aeropuerto.

El Peje tampoco hace pública la advertencia que en Santa Lucía hay riesgos como la orografía de la zona, el equipamiento tecnológico y la imposibilidad de coordinar vuelos simultáneos entre el Aeropuerto Internacional de la CDMX y esta base aérea.

Pero más allá de las cuestiones técnicas, lo que hay que analizar si esa será la forma de gobernar de López Obrador, porque nadie -empezando por el propio Peje- habría aceptado una consulta tan ruin si hubiera venido de cualquier otro presidente.

¿Habría avalado que la consulta se realizara sólo en ciertas zonas, con boletas sin folios, que los organizadores se llevaran las urnas a sus casas, que los de otro partido estuvieran con micrófono en mano induciendo a los votantes y que sólo bastara la palabra de una persona para aceptar los resultados?

Por supuesto que no y es muy lamentable que aún no sea Presidente de la República y esté actuando peor que los gobernantes que tanto criticó, pero escudándose en el pueblo, según él.

Es preocupante que El Peje piense que aún está en campaña y se quiera hacer de nuevos enemigos, pues los que tenía -aquéllos a los que llamaba “La Mafia del Poder”- ya los derrotó.

Parece que ahora agarrará de blanco a los ciudadanos que no apoyan sus políticas y a los medios de comunicación, a quienes tachó de asesinos al compararlos con la “prensa Fifí” que -según él- fue la instigadora del asesinato de Francisco I. Madero.

Dice que es defensor de la libertad de expresión, pero que los periodistas que lo critican son pagados y hasta potenciales golpistas, pues están en contra de la democracia.

Ya se ve que está creando enemigos imaginarios para justificar el fracaso de las políticas que prometió en campaña y que no se ve cómo es que las va a cumplir. Seguro echará la culpa de su ineptitud a los periodistas.

El futuro Presidente encabeza a un pequeño grupo de ancianos que deci- dieron por los millones de jóvenes de este país cancelarles la posibilidad de incrustarse en la modernidad, con un aeropuerto que iba a estar a la altura de los mejores del mundo.

¿Por qué México no puede tener una obra monumental para deslumbrar al mundo y atraer turistas y negocios, y se tiene que conformar con un aeropuerto discreto, casi bicicletero?

Con su decisión López Obrador no sólo se da un tiro en el pie -eso sería lo de menos-, sino lo da en una pierna al país, pues además de las demandas que caerán en cascada en contra de México, introduce un elemento que es peor que la negatividad: la incertidumbre.

No hay nada peor que no saber lo que pueda pasar y esa es una regla de oro en los hombres del dinero: si no les aseguran sus inversiones, se llevan sus recursos a otro lado.

Porque si López Obrador ofrece pagar cien mil millones a los empresarios que reclamarán incumplimientos, seguro ese dinero lo tomarán del Presupuesto Público; esa sería la pérdida menor, pues el que perderá a largo plazo será el pueblo.

Los fanáticos de El Peje festinan en redes sociales que se les acabó el negocio a los empresarios voraces, y que tanto PAN como PRI se sentarán a llorar su derrota por la cancelación de sus contratos.

Seguramente ignoran que los empleos, muchos de los cuales ellos tienen, los crean los empresarios, no el Gobierno. Y que si los empresarios no invierten, pues no hay trabajo ni dinero.

Los empresarios no se morirán de hambre, a final de cuentas tienen mucho dinero y pueden hacer más en otros lugares. El problema será cuando México entre en crisis inflacionaria, de empleos y demás, entonces sí entenderán los pejistas la importancia del capital privado.

Por otro lado, ni modo que quienes vayan a construir el aeropuerto en Santa Lucía lo vayan a ser de a gratis o porque sean almas caritativas.

La gente de Texcoco se quedará con sus terrenos infértiles, sumida en la pobreza y sin ninguna posibilidad de generar mayor riqueza; los capitalinos sin la posibilidad de crear otra Ciudad Universitaria en los terrenos del actual aeropuerto de la CDMX.

Después de la farsa de consulta que organizó, Andrés Manuel puede someter todo lo demás a consulta sin ningún problema, y desde ahora anticipar que, con esa metodología, no perderá ninguna votación, así se tratara de una reelección.

Si en estos momentos fueran las elecciones presidenciales, con toda seguridad sus fanáticos volverían a votar por él, pero ¿y los demás que lo apoyaron creyendo que iba a ser mejor que los que han estado?. Probablemente no se arriesgarían.

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