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Los amigos de Andrés

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Si los constructores de cabecera del próximo gobernante presentaran un video con las “bondades” que significaría darles la construcción de una magna obra pública, aunque ello significara clausurar una en marcha y el erario tuviera una pérdida mayúscula, ¿estaría mal?

Si esos mismos amigos se aliaran con una constructora extrajera para competir por un proyecto complementario, en caso de que el gobierno no aceptará iniciar una nueva obra y se decidiera por la que está en marcha, ¿estaría mal?

Si un gobernante supiera que el papá de quien va a ser su subsecretario de Gobernación sería el encargado de aplicar la encuesta mediante la cual el gobierno decidirá sobre qué obra hacer, y por ello cobraría 50 millones de pesos al erario, ¿estaría mal?

Si el propio gobernante reconociera que la gran mayoría de las promesas que hizo en campaña eran falsas y que no las pondrá cumplir porque en realidad no tenía idea de que el dinero que aseguró que se robaban en realidad no existe, ¿estaría mal?

Si alguien prometiera bajar la gasolina, eliminar impuestos, dar becas, ayudas a viejitos, madres solteras, “ninis” y acabar con la violencia tan luego como se sentara en la silla presidencial, y después dijera que eso no ocurrirá, ¿estaría mal?

Si un candidato utilizó el hastío de la gente en contra de los políticos corruptos, que roban impunemente a los mexicanos, para ganar las elecciones y después de ganar asegurara que no actuará contra ellos y que los protegerá, ¿estaría mal?

Si el candidato alababa a la prensa que en su campaña publicó que él era la opción y que estaba arriba en las encuestas, y ya que ganó y empieza a echarse para atrás de lo que prometió recibe críticas, y ahora califica a esa prensa como vendida o “fifí”, ¿estaría mal?

Si un partido en el gobierno hubiera rescatado del ostracismo a líderes sindicales corruptos y los hiciera legisladores para premiarlos por su contribución al pueblo, otorgándoles inmunidad y recursos públicos, ¿estaría mal?

Si quien va a ser su coordinador presidencial hubiera sido uno de los principales beneficiarios del Fobaproa, que fue tu bandera política para llegar al poder, y ahora anuncias un reforestación frutal millonaria, a sabiendas que es el negocio de tu coordinador, ¿estaría mal?

Bueno, pues si la mitad de eso lo hubieran hecho gobiernos emanados del PRI o del PAN, o del PRIAN, como lo llamaban los pejistas, los chairos de las redes sociales y los jilgueros de Morena ya hubieran incendiado el país.

Y es que parece que la Casa Blanca se quedaría chiquita en comparación con todos los negocios que los amigos del próximo Presidente de México planean hacer, y todo bajo el amparo de la Cuarta Transformación.

El grupo constructor Riobóo, consentido de López Obrador durante su administración al frente del Gobierno del Distrito Federal, y al que le otorgó ilegalmente la construcción de los segundos pisos, quiere construir el nuevo aeropuerto en Santa Lucía.

Presentó un video sobre sobre las “bondades” que tendría el proyecto si lo construyeran ellos. Pero si no fuera así, ya inició una alianza con extranjeros para hacer obras complementarias al aeropuerto que ya se construye.

Por si el gobierno de López Obrador decide mantenerla; el chiste es tener una tajada del pastel, pues creen que el futuro presidente se las debe por apoyarlo en sus campañas presidenciales.

El futuro de esa obra se decidirá por una encuesta que prepara una empresa encabezada por Eduardo Robledo Rincón, padre de Zoe Robledo, quien será su subsecretario de Gobernación.

Por otra parte Carlos Urzúa, propuesto para ser secretario de Hacienda, ya dijo que ni va a bajar la gasolina, ni los impuestos, y que tampoco habrá di- nero suficiente para los programas sociales que El Peje prometió en campaña.

El mismo Andrés Manuel dio a conocer que no acabará con la delincuencia en cuanto se siente en la silla presidencial ni sacará al Ejército de las calles, como prometió.

Dijo que no castigará a Rosario Robles, a pesar de que la Auditoría Superior de la Federación tiene documentados millonarios desvíos, y que no meterá a la cárcel a ningún famoso.

Ni siquiera investigará al Presidente Enrique Peña Nieto sobre acusaciones de corrupción en su gobierno, porque quiere llevársela con “amor y paz”.

En su campaña, el tabasqueño arremetió contra líderes corruptos como Carlos Romero Deschamps, de los petroleros. Muchas veces lo hizo contra Elba Esther Gordillo, de los maestros, y contra Joel Ayala, de los burócratas.

Ahora resulta que ya no hay líderes corruptos; incluso algunos ya están en Morena y hasta con cargos legislativos, y los chairos de toda la vida no lanzan una sola crítica; es más, justifican los incumplimientos y hasta los festinan.

Olvidan que aunque el bono democrático que ganó López Obrador es muy grande, aún no inicia su mandato y ya se lo está acabando, pues quienes creyeron en sus palabras están recibiendo su dosis de realidad.

El tabasqueño no es culpable directo de lo que pase en el país, pues él no lo ha gobernado. Pero sí es responsable de la gran incertidumbre en que viven hoy muchas familias a las que les dio esperanzas de una vida mejor.

Las expectativas que generó en su campaña, y su posterior triunfo, fueron tan altas que es imposible sostenerlas; tendrán que venir a la baja.

Sería un buen principio que se preocupara por la honestidad de la gente que llega con él, pero ya se vio que quie- nes lo rodean son zopilotes en busca de carroña, y de beneficios propios.

Grupos del estilo de HIGA, que fueron ligados al aún Presidente Peña Nieto, aparecerán ahora con Andrés Manuel, pero con nombres muy diferentes.

Es sus campañas anteriores el propio tabasqueño se había negado a aceptar ayuda de empresarios, sindicatos y grupos de poder, pues decía que no quería llegar a la Presidencia de la República atado de manos y debiéndole favores a todo mundo.

Más rápido cae un hablador que un cojo, porque su triunfo se debió al apoyo de los poderes fácticos, con los que hoy está unido, aunque él no quiera.

Recibió el apoyo de los maestros de Elba Esther, quien emblemáticamente y como un mensaje de cinismo abandonó la cárcel el mismo día en que López Obrador recibió su constancia de mayoría como Presidente Electo.

Fue tan obvio el pacto con ella que hasta uno de los abogados que la defendió, y con el que piensa llegar al altar, fue candidato a un cargo por la coalición pejista Juntos Haremos Historia.

Lo de Napoleón Gómez Urrutia, quien vivió refugiado en Montreal por las mineras canadienses a las que favoreció en México, a costa de la ex- plotación de los trabajadores, no tiene nombre: robó a los mineros 55 millones de dólares y hoy en senador de Morena.

¿Alguien ve alguna diferencia entre los gobernantes que están por irse y el que llega?

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