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María Rojo, víctima de doble discriminación

María Rojo, víctima de doble discriminación
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Alejandra Martínez

El domingo 30 de septiembre, unas horas antes de la toma de protesta de los nuevos alcaldes de la Ciudad, la Sala Superior del Tribunal Electoral devolvió el triunfo a Manuel Negrete para la ahora alcaldía de Coyoacán.

La decisión generó reacciones y declaraciones airadas en contra del PRD, muy especialmente dirigidas a Mauricio Toledo, principal dirigente del partido en esa demarcación.

Vale la pena ir más allá de todo lo que se dijo, para revisar lo que no resultó tan evidente.

Días después de la mencionada resolución del Tribunal, se publicó en El Universal una columna en la que se dice que Morena dejó sola en la pelea a María Rojo -muy al contrario de lo que ocurrió con los perredistas y Negrete-, sin abogados ni dirigentes que la respaldaran.

Por su parte, Ernestina Godoy, presidenta de la Mesa Directiva del Congreso Local, en una declaración hizo referencia a lo que probablemente fue la principal razón que llevó a Morena a actuar de esa manera. Al parecer, los morenistas vieron que de realizarse una nueva elección en Coyoacán ésta sería en marzo, en el pleno arranque del gobierno de la Ciudad y el federal, de manera que no habría quién organizara el proceso electoral, y peor aún ¿quién cuidaría el voto, cuando todos en Morena estarían concentrados al 100% en las labores de gobierno?

Este argumento, tan sencillo, fue el que vino a complicarlo todo, y convirtió a María Rojo en víctima de doble discriminación. Primero, víctima de Mauricio Toledo, de su violencia, sus agresiones y ataques, y, segundo, víctima de los tiempos políticos, que, de todas todas, jugaron en su contra.

Para el PRD la vuelta del triunfo a Negrete fue una buena noticia, cuando menos en apariencia, pues en vista de los resultados que obtuvo en la elección de julio, la decisión del tribunal representa una bocanada de aire. Pero hacia el interior del partido los dirigentes saben muy bien que el precio de ese triunfo va a ser muy alto.

Mientras tanto, Toledo se ufana de ser uno de los pocos liderazgos que mantienen vivo al PRD, partido que se encuentra en su peor momento histórico debido precisamente a figuras que logran triunfos muy caros, generando pésima imagen para el partido en su conjunto.

La violencia de género que denunció María Rojo en su contra no es un caso aislado; tres años antes, Evangelina Hernández, entonces candidata a diputada local en Coyoacán, también fue agredida de forma similar. En ambos casos las víctimas tenían dos circunstancias en su contra: ser mujeres y no ser parte del equipo político de Toledo.

Hoy que el tribunal federal refrendó el triunfo del PRD, será difícil que Morena regrese a disputarle el liderazgo en las calles, al menos por ahora. Tendrá que esperar un mejor momento para cazar a su presa, y para facilitar que ese momento llegue, es decir para debilitar la fuerza clientelar del perredista, se dispondrá de los recursos del gobierno federal y del de la ciudad.

Mientras ello ocurra, Toledo seguirá exigiendo al PRD más espacios y prerrogativas para su grupo político. Mantener cuadros como éste explica mucho del deterioro del PRD, cuyos dirigentes re- conocen de palabra que urge un cambio, pero en los hechos no están dispuestos a cambiar.

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