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PAN: agenda crítica

PAN: agenda crítica
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Jorge Lara Rivera

El próximo domingo 11 de noviembre se llevarán a cabo los procesos estatutarios del Partido Acción Nacional a efecto de elegir a sus dirigentes, tanto en el ámbito nacional como en estatal.

Marko Cortés Mendoza y Manuel Gómez Morín Martínez del Río participan en la contienda por la presidencia nacional del blanquiazul. Por lo que toca al liderazgo en la Ciudad de México, este se definirá entre Andrés Atayde Rubiolo y Jacobo Bonilla Cedillo.

En diversas etapas de la historia del PAN, las contiendas internas han sido ocasión de fuertes enfrentamientos e incluso de rupturas entre los grupos y liderazgos que han existido en su seno.

Antaño, en el PAN de la oposición testimonial, tanto los procesos y el resultado eran de interés e incumbencia solo para los integrantes del partido. Actualmente, dado el carácter protagónico y de primer orden que tiene dicho partido, el devenir de las contiendas, sus debates, polémicas, las propuestas, como los resultados finales son objeto de atención por parte de externos y hasta de la opinión pública.

Hoy, más que nunca, se puede afirmar que el PAN no le pertenece solo a los panistas. Ante lo que se advierte será un gobierno con expresiones autoritarias, incluso antidemocráticas, cuyo partido y aliados controlan una parte importante del poder legislativo y que ha demostrado tener intereses que en muchos casos contradicen a los de diversos sectores de la población, con agendas que privilegian más que el interés común, ciertas reivindicaciones ideológicas obsoletas, el partido fundado por el ex Rector de la UNAM, Manuel Gómez Morin, es visto actualmente como un instrumento al servicio de la pluralidad y como una fuerza que puede y debe ser capaz de desarrollar planteamientos opositores, de contención, fiscalización y control indispensables en toda democracia funcional.

La estructura del PAN y su vida orgánica en la actualidad son muy diferentes a las que tenía hace 20 años, cuando se alistaba para contender y eventualmente ganar la presidencia de la República. Entonces la militancia se conformaba por ciudadanos críticos, que privilegiaban tanto la preparación política, la participación informada y el debate. Hoy en día, se ha pasado de un eficaz partido de cuadros a una agrupación de conglomerados de afiliados que, en muchos casos solo participan cuando son conducidos a votar, precisamente en los procesos internos. La existencia de un padrón poco confiable, es decir con una militancia literalmente nominal, que ha sido denunciada por diversos dirigentes, líderes e incluso observadores, sigue siendo una condición prevaleciente.

Por lo anterior, una de las primeras tareas de las nuevas dirigencias será el plantear una estructura que repare definitivamente el tóxico desequilibrio que existe entre cantidad y calidad de los perfiles de los miembros activos, y que ha sido tan costosa en términos electorales.

Otro de los retos será el concitar de manera efectiva a la unidad, en lo hechos, a los panistas que han abandonado la brega al haber sido objeto de actitudes de exclusión.

A efecto de recuperar la confianza de la ciudadanía, el PAN deberá reivindicarse en el lustre que lo caracterizó durante décadas como instancia de denuncia y lucha eficaz contra la corrupción. En tal sentido las dirigencias tendrán que caer en cuenta que la ciudadanía ya tiene anteojos de observación que detectan de manera muy eficaz cuando un miembro del PAN incurre en prácticas de corrupción. El rescate de las capacidades de gestión eficaz del bien común deberá incluir un programa acreditable de acciones de honestidad que, desde la vida interna del PAN, se puedan proyectar hacia la vida pública.

De esa manera y ante el escenario que se vislumbra en el gobierno de López Obrador, sembrado de ocurrencias y promesas no cumplidas, muchos ciudadanos, amas de casa, profesionistas, estudiantes, empresarios, que dejaron de creer en el PAN, estarían en condiciones de reestablecer su confianza en él. Pero solamente lo harán cuando los panistas hayamos remontado nuestra crisis interna y probemos en los hechos el ser merecedores de dicha aprobación.

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