Para reconstruir hace falta un plan con pies y cabeza

 

26 de octubre de 2017

Por la Mafia del Poder

Hace unas semanas, la Ley de Reconstrucción propuesta por el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera Espinosa, fue duramente cuestionada por varios comités y organizaciones vecinales que la consideran más como una forma de favorecer a los desarrolladores inmobiliarios que a las personas que perdieron su hogar con el sismo del 19 de septiembre.

Y como no considerarla así, si en opinión de expertos en desarrollo urbano resulta sorprendente, por no decirle tramposo, que se haya sacado una iniciativa así en tan poco tiempo.

Por su puesto que el argumento oficial es, fue y será que la emergencia ameritaba una acción urgente y concreta para cubrir las necesidades de los capitalinos en materia de vivienda.

Sin embargo, el punto clave será que, como todas las cosas que se hacen sin consultar a los directamente involucrados y a los especialistas del área, pues terminará enmendándoles la plana, en el mejor de los casos, y en el peor, resultará otro bodrio legal sin pies ni cabeza.

Quienes saben de desarrollo urbano y no de tiempos políticos u oportunismo, consideran que primero era el debate de ideas y propuestas, y después el trazo de objetivos concretos y realizables.

Sólo entonces se podría pasar a la ejecución pero de una manera integral, no solamente reconstruyendo los edificios derrumbados y aumentando la densidad población en ellos, sumándoles más pisos a los ya permitidos, sino creando un plan para repoblar diversas zonas de la CDMX, particularmente en la zona centro.

Bien dice el dicho que las crisis son oportunidades, y el sismo ha abierto la posibilidad de repensar la forma como debe distribuirse y planearse la ciudad.

Existen por lo menos 180 predios en la zona centro que les han arrebatado su vocación habitacional y ahora funcionan como estacionamientos o bodegas del comercio ambulante o informal.

El corredor de Tlalpan es otro ejemplo con edificios en abandono que tienen un alto potencial para habitarse porque poseen las condiciones idóneas para establecer comercios en la parte baja y tienen una envidiable conexión con el transporte público.

Lo que falta es voluntad política y altura de miras para entender que no se trata sólo de levantar lo caído e incluso aumentarlo, sino de sentar las bases para una política de vivienda que haga una ciudad mejor distribuida, que incentive el uso del transporte público y sea accesible a la mayoría de la población.

Un caos la movilidad en la ciudad

Ayer se llevó a cabo por sexto año consecutivo el Desafío Modal, que no es otra cosa que un ejercicio promovido por varias organizaciones no gubernamentales involucradas en el tema de la movilidad, y con la cual evalúan cuál es la forma más eficiente de transportarse por las ciudades.

Los datos son realmente alarmantes, pues más allá de consolidarse la bicicleta como el medio más rápido y económico para moverse en ciertas zonas y en cierto horarios en la ciudad, resultó que, caminando, se hace exactamente el mismo tiempo que si se usara un auto.

Es decir, en la Ciudad de México, en un recorrido en hora pico en día laboral, hacia una zona de alta demanda de viajes, un automóvil particular, ya sea taxi, coche propio, o de alguna aplicación para celular, su velocidad promedio es de entre cuatro a seis kilómetros por hora.

Y mientras el gobierno no desarrolle un transporte público eficiente y seguro, que invite a los conductores a dejar sus autos, la cifra de 6 millones de autos en la zona metropolitana de la CDMX continuará creciendo año con año.

*El Irreverente publica de lunes a viernes.


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