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¿Qué pasará con las clínicas de VIH-Sida?

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Por Alejandra Martínez

Olivia López Arellano, una médico, doctora en Ciencias de la Salud, epidemióloga y maestra en Medicina Social, será a partir de diciembre la nueva Secretaria de Salud de la Ciudad de México.

En la conferencia de prensa en que se dio a conocer su nombramiento, la doctora delineó las prioridades que dará a su trabajo, entre las cuales no dijo una sola palabra respecto a la atención del VIH y las clínicas de especialidad.

Y el tema importa, primero, porque la Ciudad sigue siendo la entidad con mayor número de casos de VIH-Sida en el país; también, porque hoy, a 18 años de que naciera la primera clínica de especialidades, cada día aparecen nuevas críticas a la forma en que operan estas unidades médicas, especialmente la primera, ubicada en la calle de Benjamin Hill, colonia Condesa.

Lo que nació como un gran logro de la sociedad civil, enfrenta hoy saturación en el servicio, falta de medicamentos, largas esperas en las citas, escasez de personal, violación a la Ley de Protección de Datos Personales, abandono de las políticas de prevención, condicionamiento para la entrega de condones y, entre otros, hasta acoso sexual por parte de algunos médicos hacia las y los pacientes.

En enero de 2000, Rosario Robles, entonces jefa de gobierno sustituta, inauguró la primera Clínica de Especialidades de VIH-Sida, un sueño hecho realidad para activistas sociales, médicos y comunidad LGBTTTI. Jorge Saavedra fue su primer director, quien tuvo que hacer frente a presiones de enfermos, rechazo de los vecinos e incluso amenazas de bomba. Toda una serie de sentimientos y situaciones encontradas.

Desde su concepción en la década de 1990, el objetivo de la clínica fue ofrecer prevención y tratamiento médico a quienes carecían de seguridad social, lo que se fue cumpliendo, aunque la cantidad de pacientes ha venido incrementando hasta dificultar la calidad del servicio.

El año pasado, el reporte de población atendida superaba ya los 13 mil pacientes, para quienes sólo hay 15 médicos especializados y 4 de interconsulta, lo cual significa que el promedio de pacientes que atiende cada médico sea de 700, situación que sin duda impacta negativamente en la calidad del servicio.

La queja principal de los usuarios es la mala atención de médicos y trabajadores sociales; algunos de éstos, que dieron su testimonio de forma anónima, comentaron que la clínica Condesa se ha convertido “más en un espacio para el ligue que para la atención médica”, razón por la cual muchos de los pacientes han optado por cambiar su tratamiento a la Clínica de Iztapalapa, que abrió sus puertas en 2015 en la colonia Vicente Guerrero y donde la atención es mucho mejor.

La saturación del servicio y los problemas de calidad y oportunidad en la atención obligan a revisar lo que está sucediendo en ambas clínicas. Hace falta revisar la plantilla médica, la sensibilización del personal y el nivel de los otros servicios que se brindan a los pacientes.

La población de usuarios, los directivos, el personal médico y los activistas, sin embargo, confían en que la clínica se mantendrá abierta a pesar de haber nacido bajo un gobierno emanado de otro partido.

El hecho de que no se haya mencionado el tema dentro de las prioridades de la próxima secretaria de Salud enciende los focos de alerta para permanecer muy al pendiente de este delicado tema.

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