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RETOS DEL CONGRESO DE LA CDMX

RETOS DEL CONGRESO DE LA CDMX
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Todo está listo para que, en los próximos días, se consolide la refundación de la Ciudad de México y los capitalinos comencemos una nueva era en materia política. Un régimen político cambia cuando se modifican sus normas legales, se transforman sus estructuras de gobierno y se redefinen los valores que sustentan el poder público. Ni más ni menos, eso es lo que sucede en la CDMX.

El voto popular castigó los excesos y desaciertos de los gobiernos emanados del PRD y decidió que Morena asumiera el gobierno de la capital, con 11 de sus 16 delegaciones que ahora serán alcaldías. Todo será nuevo en materia política.

Cambio de partido por uno que jamás ha gobernado, habrá primera Jefa de Gobierno electa y del mismo partido que el Presidente de la República -lo que no ocurría hace más de 20 años en la capital-, y cambia el régimen al entrar en vigor nuestra primera Constitución local.

Otra modificación esencial es que llega el fin, con el cierre de la VII Legislatura, de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y, a partir del próximo 17 de septiembre, entra en funciones el Primer Congreso de la CDMX.

Los anales de la ALDF se remontan a la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, creada por decreto el 10 de agosto de 1987, un órgano facultado para dictar bandos, ordenanzas y reglamentos que perdura con esas atribuciones hasta 1994, con la II Asamblea.

El 25 de octubre de 1993, la Asamblea de Representantes deja de ser reglamentaria para convertirse en creadora de leyes.

Es entonces cuando la III Asamblea de Representantes del Distrito Federal adopta la posición de I Legislatura.

El 22 de agosto de 1996 se denominó ALDF, en virtud de un nuevo decreto, donde se establece que estará integrada por diputados locales, en lugar de representantes.

Con la extinción de la ALDF culminan más de 30 años de historia que, debe reconocerse, colocaron a la legislación de la CDMX a la vanguardia del país en materia de respeto a las libertades y a las garantías individuales. Pero en la nueva etapa que viene los retos del Primer Congreso de la CDMX son enormes y variados. El primero será atender el mandato popular, expresado en las urnas el pasado 1 de julio, que exige al Legislativo local austeridad, eficiencia, erradicar la opacidad y transitar hacia la transparencia total. No es para menos.

La ALDF pasará a la historia como el parlamento más caro del país, según un estudio de la Barra Mexicana Colegio de Abogados A.C., el cual documenta que en 2017 los 32 congresos locales costaron 16 mil 349 mdp, pero el de la capital fue el más oneroso con más de mil 903 mdp.

Una tarea inaplazable es la elaboracióny aprobación de gran parte de la legislación secundaria que mandata la nueva Constitución y que dejó pendiente la ALDF.

Por ejemplo, las normas que definirán el sistema anticorrupción local, la designación del fiscal y los magistrados, pero también la del contralor y la del titular del Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública, Protección de Datos Personales y Rendición de Cuentas local. La elaboración de leyes tan relevantes como la General de Desarrollo Urbano local, entre otras insoslayables para transitar hacia una ciudad más habitable y menos violenta.

Otra tarea esencial es aprobar el Presupuesto 2019, pero con la nueva visión de austeridad, ahorro y eficiencia propuesta en campaña por los morenistas.

Hasta ahora, la primera promesa de Morena, que llega con una mayoría apabullante al Congreso local para darle estabilidad a su gobernadora Claudia Sheinbaum, es reducir a la mitad los gastos legislativos.

Veremos si como roncan duermen los morenistas a la hora de formular leyes, generar consensos y rendir cuentas a quienes los contratamos.

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