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SCREWBALL / Es hoy y ahora

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Ernesto Osorio

Todo gobernante sabe que al inicio de su mandato, debe ejecutar uno o varios actos de autoridad que le identifiquen y lo distingan de quien le precedió. Decía Max Weber que la autoridad de un gobernante se ejerce con un sustento legítimo y en esta medida se minimiza la necesidad de mantener los medios de coerción tales como la fuerza y la opresión.

La incipiente democracia que vive nuestra querida Ciudad de México ha transitado ya por esa experiencia con tres Jefes de Gobierno. Cuando Marcelo Ebrard llegó al cargo en el 2006, tenía que vencer un difícil obstáculo para poder legitimarse ante sus gobernados y marcar distancia con Andrés Manuel López Obrador, quien lo puso en una gran disyuntiva con el plantón de Paseo de la Reforma ya que tenía que demostrar  en pocos días, si su lealtad y compromiso estaban con los ciudadanos que habían votado por él o con su jefe político. Marcelo se decidió por lo segundo y después de 47 días de bloqueo, los capitalinos le criticaron su falta de atención y los niveles de confianza en su gobierno cayeron por los suelos. Él sabía que para revertir los daños a su imagen tenía que hacer algo, sacudir a la gente de la capital con acciones que pudieran demostrar que no era el títere de AMLO y que como Jefe de Gobierno era una autoridad con poder para cumplir con su obligación.

Fue así que en febrero del 2007 Ebrard sorprendió al desmantelar mediante un operativo policiaco una vecindad en el corazón del barrio de Tepito, en el que se comercializaba el contrabando y narcomenudeo, se prostituían jovencitas y el crimen organizado operaba a plena luz del día. El ataque a la “Fortaleza” de la calle de Jesús Carranza, en donde meses más tarde se levantaría un centro social, mostró al menos en la apariencia a un Jefe de Gobierno, dispuesto a arriesgarse a golpear al crimen organizado.

Pero eso no fue todo, un mes después desmanteló también a “La Ford” un predio gigantesco en Iztapalapa y en el que se comercializaban autopartes robadas,  y al amparo de este negocio, se cometían otros delitos. Su Consejera Jurídica Leticia Bonifaz, recuerdo, explicó que la estrategia para abatir la delincuencia, sería golpear en el corazón financiero de las organizaciones criminales y con ello, lograrían abatir la inseguridad y violencia en la capital.

Pero su estrategia, sólo tuvo esos dos destellos, y al concluir el sexenio, los resultados demostraron que no cumplieron con su objetivo.

En el 2012, Miguel Ángel Mancera llegó a la Jefatura de Gobierno con el mayor respaldo popular que haya registrado un mandatario capitalino, con poco más de 3 millones de votos y el 65% de la votación total a su favor. Su perfil como candidato externo del PRD le valió no arrastrar con el descrédito de ese partido, y su carácter ciudadano le ayudaron a echarse a la bolsa a la gente desde el primer día.

Sin embargo, los acercamientos con el gobierno de Enrique Peña Nieto, derivados del compromiso asumido por el PRD en el Pacto por México comenzaron a generar descontento entre los capitalinos y al igual que su antecesor, sabía que tenía que hacer algo, para demostrar que su administración sería distinta. Así que en sus primeros días de gobierno, rompió con una tradición que habían impuesto Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard para asignar, con base a las cuotas políticas del PRD, los cargos en el gabinete de gobierno. Mancera, fue el primero es designar a más técnicos y académicos en los cargos de su administración y alejó al PRD de su entorno de gobierno.

Pero hacía falta un golpe más fuerte que lo hiciera ver como autoridad y fue así que en mayo del 2013 anunció el cierre de la Línea 12 del Metro pues no solo se habían confirmado los daños estructurales que dejó pasar el gobierno que le precedió, sino que además se habían iniciado varias carpetas de investigación por presuntos actos de corrupción en la obra, donde se alertaba podía estar involucrado el ex Jefe de Gobierno.

Muchos vieron el hecho como una traición de Mancera a Marcelo Ebrard, pero otros sabíamos que con esta decisión, el Jefe de Gobierno se quitaría el estigma de haber sido el alfil de su predecesor y la idea de que le debía el cargo. Marcelo decidió autoexiliarse en París y las investigaciones sobre la línea 12, tuvieron el final que otras investigaciones de mucho ruido y pocas nueces: el archivo del olvido.

Ahora, pasados ya los primeros cien días de la administración de Claudia Sheinbaum y lejos de sus espectaculares anuncios de eliminar al agrupamiento de granaderos, modificar el programa “Médico en tu casa” y los señalamientos de alteración en las cifras de inseguridad, a la mandataria capitalina se le percibe ausente, fría y poco independiente

Es posible que la Jefa de Gobierno esté planeando ese acto de autoridad que la haga presente y notable para sus gobernados, pero lo cierto es que a pesar de tener las herramientas para hacerlo, se ha quedado contemplando el panorama.

La mejor oportunidad se la han obsequiado ya dos jueces en el largo litigio de la Linea 7 del Metrobus, pues a pesar de tener un mandato judicial para que sean retirados todos los enseres con publicidad exterior de sus muebles y parabuses, a la fecha no ha cumplido con la sentencia y se acerca a ser responsable de desacato. El otro fallo a su favor, es la revocación definitiva del Permiso Administrativo Temporal Revocable (PATR) que el gobierno de la capital le había concedido a la firma francesa JC Decaux a través de su filial en México Medios de Publicidad S.A. de C.V para el manejo de la publicidad en este medio de transporte, resuelto a finales de enero pasado por el magistrado del Tribunal de Justicia Administrativa de esta capital, Alejandro Delint, y con el cual ese lucrativo negocio que no deja nada a los capitalinos ha sido eliminado.

Desconocemos las razones por las cuales Sheinbaum se rehuse a cumplir con ambos mandatos judiciales; lo que sí es cierto, es que mientras más tiempo pase, la francesa Decaux y su filial seguirán haciéndose millonarios a costa de un negocio que se confirmó que es ilegal y gana al amparo de la corrupción, un mal que insiste la Jefa de Gobierno, se ha acabado.

De seguir sobre esa línea del bajo perfil y total apego a las disposiciones del Ejecutivo Federal, la idea de una nueva Regencia volvería a cobrar fuerza, y todo el trabajo que respetados activistas, mujeres y hombres de política que lograron darle a la Ciudad de México un gobierno soberano e independiente se habrá perdido para siempre. El momento de actuar, es ya, es hoy y es ahora.

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