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CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Si no conoce Revillagigedo, no conoce el Centro

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Si no conoce Revillagigedo, no conoce el Centro
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Pedro Flores

Los condes de Revillagigedo, padre e hijo, ambos virreyes de carácter austero y con un gran amor por enaltecer la corona de España desde su reducto de las nuevas tierras conquistadas, han pasado a la historia no por su labor en la hacienda y educación pública, sino por el reconocimiento que de ellos se hace en una calle del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Juan Francisco de Güemes y Horcasitas Gordón (1681-1766) defendió los intereses de la corona aumentando la recaudación, incrementando la cultura y la expansión de la lengua castellana y evitando el contrabando, fue así como se extendió el virreinato al norte de la república. A él se debe haberle puesto Reynosa a esa ciudad, ya que era su tierra natal en la península ibérica.

Su hijo Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla (1738 – 1799), a quien heredo el título de Conde, llegó al Virreinato años más tarde (1789 -1794), ya en tiempos de Carlos IV, y se destacó por embellecer la capital y por mejorar las comunicaciones con el resto del territorio, pues construyó carreteras y estableció un sistema regular de correos.

Tuvo siempre gran pasión por la cultura mexicana; impulsó la enseñanza secundaria, fundó el Colegio de Minas, la escuela de Botánica los indios y cátedras de enseñanza secundaria. Recopiló documentos sobre la historia de México y, cuando mandó a empedrar las calles, descubrió el Calendario Azteca en 1790, entre otras joyas prehispánicas; además, ordenó el primer censo ese mismo año.

Ahora a los Revillagigedo se les recuerda por la calle que inicia en la Alameda y termina en Arcos de Belén, y en donde se han tejido muchas de las historias del México “moderno”.

La calle Revillagigedo en 1913. Esta calle inicia de sur a norte con la tienda de “Salar”, uno de los luchadores de leyenda, junto con el “Súper astro”, un negocio cuyas tortas son inacabables.

Si caminamos otro poco encontraremos el hotel San Diego, el refugio favorito de la Sonora Matancera antes de encontrar el Casa Blanca. Cuya chiquicafetería de enfrente tiene gran historia con esos artistas. Y ya que hablamos de músicos, qué nos pueden decir las paredes de la cafetería San José, ubicada en Revillagigedo y Ayuntamiento.

Refugio durante muchos años de todos los artistas de la XEW, cuyas fotografías autografiadas son parte del atractivo de saborear un buen café todas las mañanas y platicar con algunos viejos asistentes sobre las anécdotas de la Época de Oro de dicha estación.

Hablando de estaciones, la de la Cruz Verde está adelante, en Victoria y Revillagigedo, en donde está actualmente el Museo de la Policía, ahí se observa orgullosa una torre, misma que fue severamente dañada en la “Decena trágica”. Ahí se resguardaban gente leal a Francisco I. Madero.

Este edificio fue construido durante el Porfiriato en un irremisible Art Deco que revela los gustos arquitectónico de la época. Su constructor, Federico Mariscal, fue alumno de Adamo Boari, quien construyó el Palacio de Bellas Artes.

Inaugurado en 1908, fungió como estación de bomberos, Cruz Verde, juzgados e inspección de policía. Ahí, el 21 de agosto de 1940, murió en el hospital el político y revolucionario ruso León Trotski, quien había sufrido un atentado el día anterior.

La Escuela de Ciencias Sociales y Administrativas del IPN se fundó en 1957, en la calle de Emilio Donde, pero el espacio de la escuela se tornó insuficiente para una población escolar siempre en aumento, por lo que su directora Guadalupe Moreno Torres, hizo gestiones para la construcción de un edificio apropiado, y por decreto presidencial, se expropió el terreno ubicado en la calle de Revillagigedo número 83, donde permaneció hasta junio de 1999.

Y qué decir del restaurante Lincon, que durante el siglo pasado fue el clásico centro de reunión de políticos de todos los niveles. Fundado en 1947, es uno de los pocos que mantiene su mobiliario original de mediados del siglo XX, en donde sobresalen muebles acabados con pino y caoba, sillas de modelos antiguos pero muy cómodas y, además de sus desayunos, este restaurante es famosos por sus criadillas en salsa molcajeteada.

Las leyendas sobre dicha rúa son muchas, algunos de los viejos vecinos hablan de la aparición de fantasmas, de personajes que se ven caminar entrada la tarde por donde alguna vez vivió José Ives Limantour, el genio financiero del Porfiriato, el mismo José María Marroqui, médico, escritor e historiador mexicano, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Además de ellos ahí vivieron en su mejor época la actriz Emilia Guiú, famosa por su interpretación en la película “Angelitos negros”, con Pedro Infante, y Jorge “El Che” Reyes, un actor de la llamada Época de Oro del cine mexicano, quien hizo más de 100 películas, y que era muy amigo de Arturo de Córdova.

Reyes también condujo para la televisión el programa “Adivine mi chamba”, y posteriormente se convirtió en dueño de varios centros nocturnos en los que también fungía como animador.

Todo lo perdió debido a los malos manejos de dinero, y con sus escasos ahorros abrió una tienda de ropa para hombre en la Zona Rosa de la Ciudad de México, que también llegó a perder. Murió solo y en la pobreza, víctima de enfisema pulmonar por su adicción al tabaco.

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