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Superdelegada light para Claudia

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Adrián Rueda

A diferencia del resto del país, donde Andrés Manuel López Obrador designó superdelegados de su gobierno para hacerles sombra a los mandatarios locales, en la Ciudad de México se encargó de no incomodar en lo más mínimo a Claudia Sheinbaum.

A un día de que el tabasqueño rindiera protesta como Presidente de México, doce gobernadores fueron convocados a una reunión con los superdelegados pejistas; asistieron todos los convocados, menos el jalisciense electo Enrique Alfaro.

A propios y extraños ha molestado la creación de esta figura, que concentrará los programas y recursos que la federación reparte a los estados, lo que los convierte en un contrapeso bastante fuerte para los gobernadores.

Razones hay muchas, pues, en la mayoría de los casos, los superdelegados son candidatos perdedores en sus respectivas entidades o aspirantes a ocupar el cargo, por lo que, desde su nuevo puesto, estarán en campaña permanente, usando recursos públicos.

Uno de los pocos lugares en los que López Obrador decidió poner a una superdelegada de chocolate es en la CDMX, a fin de que no haga la menor sombra a su alumna consentida, Claudia Sheinbaum Pardo.

La representante pejista en la capital será Cristina Cruz Cruz, la misma que se prestó al puesto de marioneta durante la elección de Sheinbaum como candidata de Morena, pues de la nada apareció inscrita como su contendiente interna. Ello a pesar de que la candidatura fue decidida por una encuesta —así haya sido patito—, en la que quedaron en el camino Martí Batres, Ricardo Monreal y hasta Mario Delgado, quien se inscribió de última hora.

¿Si ya habían impuesto a Claudia, para que necesitaban otra contendiente en la precampaña? Adivinaron, como Sheinbaum era precandidata única, la ley le impedía hacer campaña al interior de su partido; entonces apareció doña Cristi.

¿Quién era ella? Lo único que se sabía es que había sido la encargada de Finanzas de los morenos con Batres, y que había intentado llegar a la Asamblea Constituyente que en 2016 elaboró la Constitución de la CDMX.

Era una enemiga de chocolate que aceptó ser sparring de la favorita, mientras llegaba el tiempo de las campañas oficiales para promoverse a plena luz del día. Bueno, pues ahora le pagan con el hueso de superdelegada en la CDMX, pero es claro que no tendrá facultad alguna ante sus compañeros, pues la que mandará aquí será la jefa de Gobierno, y todo el mundo sabe que no es precisamente “accesible”.

Así que en otras entidades los delegados estatales de Programas Integrales de Desarrollo del Gobierno Federal —nombre oficial del ese cargo— serán una piedra en el zapato; en la capital sólo habrá un florero, por mucho que Martí quiera hacer ruido a través de ella. Que se preocupen los gobernadores por los “virreyes” que les impondrán; aquí en la capital la doctora no tiene por qué incomodarse, pues le concedieron un nombramiento bastante light con doña Cristina.

CENTAVITOS… Cierto que la mayoría de los mexicanos no quieren a Nicolás Maduro, pero no era necesario el maltrato que recibió durante su visita a la toma de posesión de López Obrador, donde le pidieron que no fuera al Congreso porque se iba a armar la gorda, y que mejor llegara directo a la comida a Palacio Nacional. Si bien lo sentaron con otros mandatarios y hasta se sacó la foto, muchos piensan que le faltó algo de dignidad al venezolano para no venir. Es como si te invitan a la cena de Año Nuevo, pero te piden que entres por la puerta de servicio y que comas en la cocina.

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