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Tira-tira entre exjefes de Gobierno

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Adrián Rueda

Un intenso intercambio de acusaciones en redes sociales entre Luis Serna, exsecretario particular de Miguel Ángel Mancera, y la alcaldesa Layda Sansores, al que se sumaron dos personas cercanas a Marcelo Ebrard, ha puesto nerviosos a más de uno en la 4-T.

Todo empezó con la intervención en un domicilio de la colonia Tlacopac, al cual el Invea colocó sellos de clausura por remodelar sin permiso; Layda aseguró que era una casita de Mancera.

El exjefe de Gobierno negó de inmediato que la lujosa mansión —exhibida en fotos tomadas por drones— le perteneciera, como lo aseguraba la alcaldesa, y entonces fue Serna quien salió al quite diciendo que la casa es de él, no de su exjefe, y que estaba declarada.

Lejos de disculparse por involucrar incorrectamente a ManceraLayda se fue a la yugular de Serna, a quien le cuestionó, ¿cómo le hizo para comprar una casa de 63 millones cuando ganaba un millón de pesos anual?

El tema enfureció de tal forma al exfuncionario, que se le fue encima a Alberto Esteva, director general de Administración de Layda, y a Fabián Medina, jefe de oficina del canciller Ebrard, con quienes trae añejas rencillas.

Y aquí es donde viene lo bueno, pues, en su coraje, Serna lanza advertencias muy interesantes en contra de ambos funcionarios, a los que les deja claro que él tiene mucha información comprometedora del canciller y de ellos mismos.

Medina, quien hace unos meses fue grabado en una conversación con un desarrollador en Álvaro Obregón hablando de presuntos negocios sucios avalados por Esteva, le pregunta si en su declaración patrimonial incluyó los bienes de su mamá y de sus ex.

Serna se desborda calificando a Fabián como “pequeño jefe de oficina” y “pedazo de mierda”, y le advierte que con su familia no se meta. “Te la pelaste conmigo”, le reitera, y todo el texto se lo arroba no sólo a Ebrard, sino a Claudia Sheinbaum y a YSQ. Le recuerda al canciller que le habló a sus oficinas para anticipar los ataques y que le dejó mensajes —que al parecer no fueron escuchados—, por lo que “habrá consecuencias” y lo amenaza con no parar e irse con todo en contra de su equipo.

“Aquí estoy, señor canciller… ¿para qué me provocan si estaba en el olvido y callado?”, escribe Serna.

Y advierte que ahora va con todo y que no parará, pues un hombre sin tiroides y en lucha permanente contra el cáncer —males que padece— “puede decir una y hacer mil tonterías”, velando la amenaza de revelar secretos.

Como secretario particular de ManceraSerna tenía acceso a todo tipo de información del gobierno anterior que encabezó Marcelo.

CENTAVITOS

Aunque el affaire entre Serna y los marcelistas pudo ser una excelente cortina de humo para Sheinbaum ante la paliza por la contingencia ambiental, la jefa de Gobierno ya quedó tocada internacionalmente luego de que El País la exhibió ante el mundo como una autoridad inepta para conducir los destinos de una de las capitales más grandes del mundo.

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