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TROYA / Lo malo del pueblo bueno

TROYA / Lo malo del pueblo bueno
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Elena Chávez González

La tragedia en la que murieron más de un centenar de personas mostró la cara del pueblo bueno, como lo llama el presidente Andrés Manuel López obrador. En redes sociales se juzgó, condenó y sentenció por igual a todos los hombres, mujeres y niños que acudieron a llevarse un poco de gasolina: delincuentes de huachicol, merecedores de morir en agonía lenta, quemados.

La explosión hace más de una semana en un ducto de PEMEX en el municipio de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo nos lleva a cuestionarnos qué clase de sociedad somos, la solidaridad que nos caracterizaba ante el mundo ya no existe; ahora México se divide entre los buenos y los malos, los que están con el presidente López Obrador y los que están en su contra, no hay puntos intermedios.

Nunca en mi vida profesional había visto tal insensibilidad por parte de seguidores de un político, el odio sembrado a lo largo de doce años de campaña ha hecho mella en la consciencia de quienes creen ser mejores que otros, de quienes piensan que los equivocados deben desaparecer de la faz de la tierra. ¡este es el pueblo bueno de la cuarta transformación!

El robo de gasolina en nuestro país es una realidad no de ahora, de años, quizá de décadas atrás; lo nuevo, lo terrible, es la falta de piedad, misericordia, empatía y humanismo entre nosotros mismos.

Los hechos casi vandálicos en los que participaron, primeramente, pobladores de Veracruz contra animales de granja destazándolos vivos en plena carretera veracruzana fueron aterradores: violencia primitiva, frialdad ante el dolor de seres sintientes inofensivos e ira desmedida al atacarlos no significan pobreza, más bien son la falta de valores al interior de las familias.

El robo de gasolina en la que participaron hombres y mujeres, llevando además a niños, es la cruda verdad de que la corruptibilidad es de masas, no de unos cuantos como se ha querido vender la historia de combate al huachicoleo. La sociedad en su conjunto está corrompida y muy difícilmente cambiará porque les es más redituable lo ilegal que lo legal.

La actitud burlona, festiva de centenas de internautas asegurando que las víctimas de la explosión eran vulgares ladrones que merecían morir me eriza la piel, me provoca angustia, tristeza y ganas de encerrarme entre mis cuatro paredes que me protegen del exterior para no mirar la descomposición humana.

No quiero tratar en estas líneas si los pobladores de Tlahuelilpan eran o no culpables del delito de robo de gasolina, lo que deseo destacar es el fin, aún tenía esperanzas de que no, de los valores humanos, alegrarse de la muerte de una persona y celebrarlo en redes sociales es el preámbulo de lo que nos espera como sociedad: niños y jóvenes violentos y crueles con sus semejantes. ¿Este es el pueblo bueno?

Lamentablemente no es el gobierno el único responsable de lo que está sucediendo en nuestro país, es la familia, principalmente los padres que han olvidado inculcar en sus hijos sentimientos de amor y bondad. Quienes actúan de manera tan brutal siguen patrones que han vivido al interior de sus hogares, si los padres roban o golpean es el ejemplo que siguen los niños y jóvenes durante su crecimiento.

Los valores llámense morales, éticos o sociales son cualidades que van de la mano, que impulsan a las personas a actuar de una u otra forma, a determinar de manera crítica qué se considera correcto e incorrecto, son parte de nuestros principios como individuos y nos ayudan a relacionarnos con las personas de nuestro entorno, con quienes compartimos la vida misma.

Celebrar la muerte de cualquier persona, independientemente de su función en la vida; asesinar animales cruelmente, adoctrinar a niños, fustigar a la violencia debe ser tema de debate, de reflexión urgente o de lo contrario resignémonos a los actos de irracionalidad, rapiña y voracidad de los que fuimos testigos.

La violencia de acuerdo con su significado es un fenómeno social que afecta a todos los seres humanos, es un comportamiento deliberado que provoca o puede generar daños físicos o psíquicos a otros seres y se asocia con la agresión, ya los sentimos, ya lo vivimos.

Azuzar a los ciudadanos en contra de otros puede tornarse peligroso para quien lo hace, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho de esta práctica un sentido de vida, ha sido su arma para llegar al poder y su pueblo bueno quiere sangre… ¿Hasta dónde llegaremos?

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