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TROYA: Sandoval, Morena clasista

TROYA: Sandoval, Morena clasista
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Por Elena Chávez González

Si alguien está pensando que el desliz mental de Irma Eréndira Sandoval de cerrarle la puerta a las “tortilleras” para ser parte de Morena fue un error al calor de la contienda electoral, está muy equivocado.

Efectivamente, la morenista es clasista: no le gusta mezclarse con la clase trabajadora que gana salario mínimo, aunque en su discurso hable de justicia e igualdad para los pobres.

El encuentro que en días pasados sostuvo Sandoval en el Foro Forbes Mujeres Poderosas 2018, sirvió para que la candidata a la Secretaría de la Función Pública de Andrés Manuel López Obrador sacara a relucir su verdadera personalidad: soberbia, discriminadora y alzada, como la conocen sus más cercanos colaboradores.

Irma Eréndira, nieta del luchador social Pablo Sandoval Cruz e hija de Pablo Sandoval Ramírez, quien fuera diputado por el PRD en la 57 Legislatura, es conocida en su natal Chilpancingo por los desplantes que les ha hecho, primero a militantes del PRD y ahora a los que mutaron al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Incluso, sus allegados cuentan a modo de anécdota que ella dijo que no compartiría la cena con una persona humilde, expresión que la pinta como clasista.

En un mitin político en la capital guerrerense, la ex diputada constituyente acompañó al entonces candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador, donde permitió que el pueblo, los jodidos de este país, como los llama entre amigos y familiares, la saludaran de mano. Al término del evento y ya en su camioneta le dieron gel antibacterial para desinfectarse las manos.

No es de extrañar, mucho menos de sorprenderse, que la doctora Sandoval diga que no quieren asalariadas o tortilleras en su partido Morena, donde sólo caben mujeres “fifís”, como la ex panista Tatiana Clouthier con su reloj de más de 400 mil pesos en la muñeca o como Yeidckol Polevnsky, quien gasta en una mascada 12 mil pesos o más recientemente como Layda Sansores, a quien por cierto se exculpó de corrupción por el gasto de dinero público en tintes y maquillajes.

Sandoval se roza exclusivamente con científicas y académicas con quienes puede charlar en amenas cenas y tertulias en su residencia de Coyoacán, en inglés –of course-, para que su esposo el también académico John Ackerman no olvide su lengua madre.

Como diputada constituyente coincidí con Irma en la vieja casona de Xicoténcatl, yo como externa del PRD y ella como militante de Morena. Su curul estaba muy cerca del espacio destinado a medios de comunicación, siempre en compañía de Jaime Cárdenas, con quien hizo la mancuerna perfecta para rechazar todas las iniciativas presentadas y acusar desde tribuna a la “mafia del poder” de todas las maldiciones de que es víctima nuestro país.

En ese recinto, Sandoval también marcó distancia de muchas mujeres constituyentes, entre ellas sus propias compañeras de partido: Patricia Ruiz Anchondo, Gabriela Rodríguez, Margarita Valdés, Elvira Daniel y, desde luego, con la hoy morenista Dolores Padierna, quien era en el momento coordinadora del PRD. Con ellas, ni el saludo, ni siquiera con gel antibacterial.

Debo reconocer que me gustó su carácter fuerte y decidido, mostraba valores y convicciones, de las que ahora me doy cuenta, carece. Apoyar y defender el pragmatismo a muerte de su candidato presidencial con tal de llegar al poder no la hace diferente a las mujeres que desde la “mafia del poder” aprobaron el Pacto por México y que ahora son sus compañeras de partido o promotoras del voto lopezobradorista, como la ex lideresa magisterial Elba Esther Gordillo.

Habría que preguntarle a Irma Sandoval si las mujeres que ganan un salario mínimo con su trabajo honesto, como las empleadas de las tortillerías, valen menos que Gabriela Cuevas, Nestora Salgado, Claudia Sheinbaum, Beatriz Gutiérrez, Manuela Obrador Narváez, Rocío Nahle, Esthela Damián y otras tantas que andan por ahí con licenciaturas, maestrías y doctorados. Sólo habría que recordarle que títulos académicos o de ascendencia familiar no borran de tajo trayectorias oscuras, muy oscuras, ni presentes ignominiosos…

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