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Una nueva era política para México

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Por Martín de J. Takagui

Mucho aguantó el sistema político mexicano, para bien o para mal, lo veremos en seis años, sin embargo, lo que sí es claro es que la actual forma de organización política partidista tendrá que transformarse, en ello le va la existencia, por lo menos al PAN, al PRI, al PRD y al PVEM.

El triunfo contundente, claro y reconocido por las principales fuerzas políticas del país, de manera explícita, es histórico por varios motivos, por diversos aspectos que, pasarán a la historia como la segunda alternancia y, sí es determinante; es un punto de partida que deberá asumirse con cuidado, con respeto y con la cabeza fría, además con una muy amplia visión de futuro por los demás partidos políticos, para adaptarse a las nuevas condiciones.

El primero hecho histórico de estas elecciones, es que por primera vez, en México, un partido político gana la elección presidencial en su primera competencia, pues a pesar de que en 2015, ya existía Morena y logró importantes posiciones legislativas, su primera competencia por la Presidencia de la República la ganó con una gran ventaja.

Otro, que puede ser el de mayores alcances, es que desde 1997, ningún presidente de la República pudo contar con una mayoría en el Congreso de la Unión que respaldara sus políticas de gobierno, a través de la consolidación de reformas legales y constitucionales, para dar forma a sus propios Planes Nacionales de Gobierno.

En esta ocasión, tanto en la Cámara de Diputados, como en el Senado de la República, Morena se perfila al lado de sus aliados electorales, Encuentro Social y el Partido del Trabajo, como mayoría, lo que brindará una gran comodidad al titular del Ejecutivo para realizar las transformaciones del país, que anunció el propio López Obrador en su primer evento masivo la noche del domingo pasado en el Zócalo de la Ciudad de México.

La elección 2018 también es histórica, porque el resultado electoral y la participación ciudadana en los comicios superó las expectativas, ya que el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, dio a conocer que los niveles de participación lograron entre 62.9 y 63.8 puntos porcentuales, de la lista nominal y de ellos, López  Obrador alcanza entre 53 y 53.8 por ciento de los votos emitidos.

El último presidente de México que ganó con más de la mitad de los votos válidos, fue Carlos Salinas de Gortari, quien logró una votación a su favor de 50.36 por ciento, lo que le representó menos de 13 millones de votos en 1988, hace exactamente 30 años.

La de López Obrador es una elección que superó las expectativas, si bien se esperaba que ganara, no que fuera un triunfo tan contundente, pues la competencia por la Presidencia de la República, se definió en 2012 con siete puntos de diferencia, cifra que se consideró muy importante, porque en la de 2006 la ventaja de Felipe Calderón fue por menos de un punto.

La sociedad mexicana, ha dado también una gran lección a los partidos políticos y a los gobernantes, las decepciones políticas tienen costos, los engaños también cobran facturas y se demuestra una vez más que los triunfos electorales no son para siempre.

Hoy la mexicana, es una sociedad informada, responsable, consciente de lo que hacen y dejan de hacer sus gobernantes; una sociedad que sabe, y ha quedado demostrado, que su voto cuenta y se cuenta bien, que el sistema democrático y comicial funciona y por lo tanto, ahora los ciudadanos mexicanos sabemos el verdadero valor de nuestro voto.

El reto hoy, es mayúsculo para ambas partes del mostrador, López Obrador y su gabinete, deberán atender todo aquello que comprometieron, aquello que no se había resuelto, como la reducción de los niveles de pobreza y de la corrupción; pero también los mexicanos deberán adaptarse a una forma diferente de hacer política y los partidos políticos de oposición tendrán que aprender una nueva forma de comunicarse y de convencer a los electores.

Por otro lado, el próximo Presidente de la República tendrá el bono social, el llamado bono de la legitimidad, que no es otra cosa que más que ese gran respaldo de la base electoral, quienes confían en él y podrán respaldar sus iniciativas y acciones.

Al mismo tiempo, el gobierno deberá poner en marcha una serie de estrategias para que los resultados de su gestión comiencen a verse, que sean tangibles desde los primeros meses de su administración, porque de otra manera, ese bono social podría desvanecerse, ya que ese es uno de los bonos más volátiles y depende de la concreción de resultados concretos que se dejen sentir entre los mexicanos.

En síntesis, se trata de un resultado electoral construido con altos niveles de participación y una gran distancia frente al segundo lugar, triunfo indiscutible comparable solamente a las épocas del PRI en los años setenta y ochenta, cuando prácticamente era un partido único, hegemónico.

La diferencia es que hoy las coaliciones de los tres principales candidatos son competitivas y el proceso electoral se reguló con una ley, con reglas comiciales adecuadas a una competencia que garantiza la máxima equidad, las leyes a nadie favorecieron y puede decirse que se cumplieron a cabalidad, la elección es válida y el triunfo legítimo, no solamente en la presidencia, sino en miles de cargos de los tres órdenes de gobierno.

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