…Ya ves cómo es Andrés Manuel

 

9 de agosto de 2018

Por Hugo Morales Galván

A partir de este miércoles 8 de agosto, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es el Presidente Electo de México. Obtuvo más de 30 millones de votos (53.19%). Sólo superado por José López Portillo (91.90) y Miguel de la Madrid Hurtado (70.99). Su victoria recrea el estilo el viejo Partido Revolucionario Institucional, matriz de los tres.  No es Muerto el Rey, Viva el Rey. Si no, Muerto el PRI, Bienvenido el Nuevo PRI.

¿Para qué sirven esos 30 millones de votos? Para varias cosas, peligrosas en su mayoría, porque se trata de un personaje que no escucha, que no atiende ni entiende más que a su sentir político. Quizás ni siquiera escucha a sus hijos/empleados ni a su esposa. Los personajes en su entorno aluden la frase: “…ya vez cómo es Andrés Manuel”. Lo dicen para justificarse; no como una especie de impotencia de quien pelea por debatir un punto de vista, sino como el que –intelectual o no— se somete, queriendo hallar compresión en su interlocutor.

Los millones de votos sirven para montar un aparato de control político, anunciando la transexenalidad de Morena. Seis años no le alcanzan para llevar a cabo su Cuarta Transformación. Los nuevos delegados federales serán una especie de vierreyes, y futuros candidatos a gobernar su entidad. En algunos casos, además serán legisladores federales o locales. Surrealismo puro. Nadie de los suyos se atreve a cuestionarlo. Los virreyes le responderán sólo a él. Olga Sánchez Cordero y Tatiana Clouthier, futuras responsables en la Secretaría de Gobernación, serán figuras de cera.

La votación será aludida para insuflar el pecho de sus votantes y decir que nadie será espiado porque desaparecerá el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Y le aplauden. Ninguna nación por más democrática, renuncia a la inteligencia política. Se trata de la Seguridad Nacional de un Estado. Deberá existir un aparato de inteligencia en coordinación con las oficinas de inteligencia del Ejército y de la Marina. Al Ejército y a la Marina no le pondrá imponer su voluntad.

Por cierto, el General Salvador Cienfuegos y el de la Marina, Almirante Vidal Francisco Soberón decidirán sus reemplazos, aunque sea por terna. Los militares que tanto criticó seguirán siendo la voz del orden en la institución.

Las “benditas redes sociales”, calificativo sagrado sólo si lo aplauden, le servirán para avanzar en la destitución de Consejeras/os del INE o Magistradas/os del TEPJF, vía cualquier reforma constitucional, si no le es retirada la multa de 197 millones de pesos impuesta por uso irregular de recursos para damnificados, o si no desconocen el resultado de las elecciones en Puebla. Tiene la mayoría, lo puede hacer.

Los medios de comunicación no se están sometiendo al futuro gobernante. De antemano se sumaron al juego (Pacto) que le permitió ganar. Primero creando una narrativa basada en el cártel de las encuestadoras; generando la percepción de que no había forma de revertir su triunfo. Medios impresos o electrónicos corrieron esa ruta. Crearon sólo una verdad, en la que el descrédito para Ricardo Anaya fue a la par. Se trató de una estrategia de largo plazo de los poderes fácticos, hacia quien sería su nuevo capataz en la hacienda (EZLN dix it).

Por eso las salidas de conocidos periodistas no obedece a una decisión de último momento. Estaban pactadas. Esas voces “críticas” no sirven en la actual coyuntura. Primero porque no eran críticas, sino voces pagadas.  En realidad el periodismo mexicano no pierde nada.

En política exterior es igual o peor que el presidente Enrique Peña Nieto y su aprendiz de canciller Luis Videgaray. Ellos pusieron el tapete rojo a Donald Trump, AMLO y su canciller Marcelo Ebrard le servirán el café. Lastimaron al Partido Demócrata, cuya oposición impide a Trump profundizar su política racista. Ebrard hacía campaña por la demócrata H. Clinton. Hoy, junto con su jefe, reniega de ellos. Los van a necesitar. Como dice la DEA, sobre Manuel Bartlett y el asesinato de Enrique Camarena Salazar, “la DEA no olvida”.

Una visión enfermiza de poder no garantiza futuro. Queriendo emular a Benito Juárez, ordenó a su equipo en imagen hacer lo necesario. Ahora tenemos una figura caricaturesca, con peinado engominado y trajes de clavillazo.

Allá va feliz con sus millones de votos. Acá, le espera la realidad cuando gobierne. Seguro en la CDMX, el “Betito”, y en Jalisco, el “Mencho”, también lo esperan para hablar de pacificación de México.