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Economía para Principiantes

Hablemos de bienestar

El modelo es insostenible, pero perfectible y esperemos esté en el centro de la agenda de la contienda del 24.

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La palabra Bienestar se ha convertido en el símbolo del sexenio, en su emblema, pero en realidad ¿Qué es el bienestar? ¿Existe una concepción clara e inequívoca de lo que comprende, de su duración, de sus alcances e incluso de si significa lo mismo para todos?

Para la Real Academia Española de la Lengua, el bienestar se define como el “Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien. o b) Una vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”.

Para la Secretaría del Bienestar, el concepto es “un estado de satisfacción personal, de comodidad y de confort que considera como positivos y/o adecuados aspectos como la
salud o bienestar psico-biológico, el éxito social y económico, el éxito profesional, el placer personal, la alegría de vivir y la armonía consigo. Parece que, en términos generales, todos coincidimos en que el bienestar es un estado aspiracional legítimo, justo
y además necesario para todos.

La diferencia puede radicar en la sustentabilidad del término, en su duración. Pongamos
algunos ejemplos: el beber alcohol nos provoca un estado de desinhibición, de euforia, de
alegría y hasta nuestros problemas inmediatos pueden parecer menores, hasta que el
grado etílico en nuestro torrente sanguíneo, nos provoca desorientación, mareos, y hasta
escenas más desagradables. Al día siguiente, viene la cruda, el recuento de los daños y
duele hasta la lesión a nuestras carteras. En ese caso, el bienestar resultó efímero y
hasta contraproducente.

El mismo caso aplica cuando nos damos un gusto culposo como el comprar algo que no
corresponde a nuestra realidad financiera o que simplemente no necesitamos, pero que
era objeto de nuestro deseo. Sentimos un inmenso bienestar al hacer la compra, pero una
resaca moral terrible al hacer nuestras cuentas. Como en el cuento de la cenicienta, de
pronto la carroza se convierte en calabaza y los caballos en ratones.

Traducido esto en el sentir de la población mexicana, podemos decir que estamos en
muchos sentidos, viviendo una especie de bienestar efímero. La gran mayoría de las
familias mexicanas está recibiendo recursos económicos que no recibía antes. Pensiones
para adultos mayores, Becas a estudiantes, Apoyos a madres jefas de familia, etc., y ello
ha mejorado drásticamente su manera de vivir y de relacionarse con los demás. En
Muchos casos eso ha ayudado a reconstruir el tejido social, a regresar la dignidad a los
adultos mayores, quienes ya no son una carga, ya que muchos de ellos, incluso hasta una
ayuda representan.

El traer un billete en el bolsillo genera una sensación de independencia, revalorización y
bienestar que, hasta antes de esta administración, no existía. Nos sentimos que
pertenecemos a una comunidad y no como marginados sociales.

Infortunadamente, el modelo no está generando los efectos multiplicadores deseados, no
está fortaleciendo el mercado interno ni está promoviendo el desarrollo comunitario, y ello en lugar de un desarrollo social, está generando un programa de dependencia a los
dineros públicos y un arma electoral de doble filo. El modelo es insostenible, pero
perfectible y esperemos esté en el centro de la agenda de la contienda del 24. Para que
no la cruda no vaya a resultar tan devastadora.

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