Home Influyentes Colaboradores CRÓNICAS DE LA CIUDAD / La célebre glorieta de ‘El caballito’

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / La célebre glorieta de ‘El caballito’

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / La célebre glorieta de ‘El caballito’
0

Pedro Flores

El cruce de Paseo de la Reforma y avenida Juárez es testigo mudo de gran parte de un México lleno de anécdotas en las cuales están inmersos, desde personajes de la vida porfiriana, como Ignacio de la Torre, el yerno incómodo de Porfirio Díaz, relacionado con la vieja leyenda de los “41”, hasta Pedro infante, Benny Moré, Kid Azteca, Tongolele, y el legendario Son Clave de Oro, cuyas andanzas se vivieron en el cabaret Waikikí.

La historia comienza en el siglo antepasado, con Ignacio de la Torre, nacido el 25 de julio de 1866, en la casa del Marqués del Apartado en las calles de Donceles y República Argentina. Ignacio era hijo de una acaudalada familia relacionada con el azúcar.

Este personaje estudió en los mejores colegios, tanto en México como en Estados Unidos, posteriormente, se casó con la hija más querida de Porfirio Díaz, Amada, quien, por cierto, era hija natural, producto de una relación con Rafaela Quiñones, originaria del estado de Guerrero.

La casa familiar se ubicó en el número 1 de la Plaza de la Reforma, justo frente a la estatua ecuestre de Carlos IV (Tolsá, 1802), al arranque del Paseo de la Emperatriz, y donde apenas unos años atrás había estado el acceso a la Plaza de Toros, en donde se afirma que cantó Enrico Caruso sin micrófono, y cuya voz se escuchaba hasta el exterior.

Ignacio de la Torre fue miembro de la Dirección del Banco de Londres y México; además, con el apoyo de su suegro, fue electo diputado de la XVI Legislatura; luego, en 1892, fue nominado para ser candidato a gobernador del Estado de México, y a pesar de que Amada les pidió a sus papás que lo ayudara para ocupar dicho cargo, Porfirio Díaz le hizo notar que no lo haría hasta que se retirara de “sus amigos”.

Las costumbres de Ignacio obligaron a que su matrimonio estuviera destinado al fracaso. Los esposos sólo se acompañaban cuando debían presentarse a los actos de sociedad y los de protocolo presidencial, como fue el arribo del representante del rey Víctor Manuel III, don Alfredo Capece Minutolo, “miembro de la nobleza italiana y Excelentísimo Marqués di Bugnano”. Para ese evento, Ignacio y su esposa convirtieron su casa en embajada italiana en forma honorífica.

Pero todo sucedió el 18 de noviembre de 1901. La policía realizó una redada en una ruidosa celebración de la calle de la Paz, hoy Ezequiel Montes, en lo que llegaría a conocerse como el “baile de los 41”, en el que la mitad de los hombres vestidos de mujer y cuya caricatura de José Guadalupe Posada pasó a la historia.

Manuel Romero Rubio, al dar el informe al presidente Díaz, le dijo: “Fueron 42 detenidos”.

-Son 41, señor secretario, dijo el héroe de mil batallas, luego de leer el nombre de Ignacio de la Torre.

-Sí, señor presidente, son 41, dijo el titular de Gobernación.

La reprimenda hacia Ignacio fue histórica. La mayoría de los involucrados fueron enviados a Mérida a realizar trabajos forzados, muriendo la mayoría de disentería y paludismo, en tanto que la pareja De la Torre-Díaz volvió a aparecer en innumerables fiestas y reuniones.

La casa fue asaltada en la decena trágica, “Nachito” fue detenido y encarcelado en la penitenciaría en 1918, confiscándole todos sus bienes. Para 1921, fue sede de la Lotería Nacional. La casa se fue deteriorando hasta ser demolida en 1931.

 

Cabareteando

“Por favor déjenme cantar, porque si no no me van a pagar, dijo en una ocasión el incipiente cantante Pedro Infante en el legendario cabaret Waikikí, ubicado en la primera cuadra de Paseo de la Reforma, en donde ahora es un majestuoso hotel y que, en su mejor momento, se convirtió en la “Casa de todos”.

Su gran época fue entre los 40 y 50, coincidió con el inicio de las grandes rumberas y de la época de la gran vida nocturna que se vivió en México, con el despegue de la XEW y de canciones con “alto contenido social”: “Traicionera”,  “Callejera”, “Hipócrita”, “Aventurera”, “Amor perdido”, “Yo vivo mi vida”, “Perdida”, “Arrabalera”, “El plebeyo”, “Amor de la calle”, “Quinto patio”, “Cabaretera”, “Amor de cabaret”, “Luces de Nueva York”.

Todas ellas, interpretadas por personajes que se mantuvieron en el gusto del público durante muchos años, como Los Panchos, con Hernando Avilés de primera voz, Fernando Fernández, Mario Alberto Rodríguez, María Luisa Landín, Chelo Silva, Lupita Palomera, Amparo Montes, Salvador García, Chelo Silva, Emilio Tueri, Toña “la Negra”, Pedro Vargas, y naturalmente, Agustín Lara en su “Hora azul”. Muchos de ellos amenizaban la variedad del Waikikí

En la “Casa de todos” no había discriminación, el español José Moselo, su dueño, decía que en el Waikikí cabían todos, y efectivamente, además de concurrido, era económico; iba gente de todas las clases sociales, mexicanos y extranjeros que acudían a  tomar una cerveza para contrarrestar el calor sofocante o a echarse una cubita del mero mero ron potrero!”; y ¿por qué no?, recordar también aquel lema popular: “De los astros, el sol, de los habaneros, Ripoll”.

El salón era grande, tenía 190 mesas, se habla de que había como 30 meseros, 10 ayudantes, tres cantineros, dos jefes de piso, una empleada en el guardarropa, seis guardias para la puerta, y el maestro de ceremonias, además de las chicas “malas” que habitualmente estaban todo lo contrario, con sus vestidos brillantes y escotados, que convivían y conbebían con los clientes.

El boom del mambo y las rumberas hizo explosión en el Waikikí, así, en las noches se podía a escuchar a Benny Moré cantando “mamboletas” con Pérez Prado, ver bailar a las figuras del momento, Tongolele, Kalantan, Su Muy Key, (Rosa Su López, 1929-1951), Alexandrova, que fue esposa del cronista de Toros Pepe Alameda, Tula Montenegro, Eda Lorna,  Josefina del Mar, Gema, quién inspiró a Güicho Cisneros para hacer el bolero con el que se dieron a conocer “Los Dandys”, además del “Son Clave de Oro”, con sus cantantes Chepila, Cascarita y Moscovita.

Se habla de una leyenda de Pedro Infante. En esa época él pudo ser parte del elenco del cabaret Waikikí, y fue gracias a su amigo Alfonso Rodríguez, un mesero del salón Maya del Hotel Reforma, que pudo entrar a trabajar a ese lugar, cantando boleros luego de ganar un concurso de aficionados en el Teatro Colonial.

Las crónicas dicen que en 1942 logró grabar dos temas con la RCA Víctor Mexicana: “Guajirita” y “Te estoy queriendo”, pero fueron un verdadero fracaso. Los productores le dieron su carta de retiro y le aconsejaron que dedicara su tiempo a otra cosa, porque no servía para ese oficio. Hoy, esos temas son considerados joyas musicales.

En 1955, con las medidas “extraordinarias” del “regente de hierro”, Ernesto P. Uruchurtu, cerraron el cabaret por malos ejemplos para la sociedad y exceso de riñas: lo último tal vez pudo ser cierto, porque todavía en vida, Luis Villanueva, el Kid de Tepito, luego Kid Chino, por sus ojos, y finalmente Kid Azteca, le pregunté: Oye, campeón, ¿y por qué no salías del Waikikí?

Jocosamente me respondía: “Ay, Pedrito, porque entre tantas peleas, ahí entrenaba”.

ESCRIBE UN COMENTARIO

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.