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CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Ya no estoy orgulloso de ser de Tepito

CRÓNICAS DE LA CIUDAD / Ya no estoy orgulloso de ser de Tepito
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Pedro Flores

Sí, carnal, antes me sentía orgulloso de ser de Tepito y de ser habitante de “La casa blanca”, con sus tradiciones, bailes, adornos navideños, sus posadas y valores de respeto hacia sus vecinos y habitantes, ahora todo eso se ha perdido. Tepito tiene un cáncer incurable, del “Barrio bravo” no queda nada.

Quien esto afirma es Óscar Hernández González, de 57 años, todos vividos en “La casa Blanca”. Él es hijo de Manuel Hernández, quien en la novela “Los hijos de Sánchez”, escrita por Óscar Lewis, aparece con el nombre de Luis, y quien, al igual que su padre, se dedica a las “chácharas”, a hacer útiles las cosas inservibles, lo que ahora se llama reciclaje.

“Todo ha cambiado, ahora en tepito se ha perdido el estilo hasta para robar, antes era sin violencia, ahora te atraca gente que luego no es ni del barrio, con lujo de violencia y si no, que le pregunten a los chinos y a los coreanos que mejor se fueron antes de pagar derecho de piso.”

Óscar Hernández.

-¿Que pasó, no que era el barrio bravo?

“Era, tú lo has dicho, antes los tepiteños defendían su identidad barrial, pero todo ha cambiado, muchas de esas personas ya se fueron del barrio o se murieron, y los que están ahora no hacen nada, como es posible que 100 malandros controlen un barrio con más de 10 mil cabrones”, responde enojado Óscar Hernández.

“Se ha perdido la identidad que dio mucha popularidad al barrio: el box, el comercio y el fútbol. Durante mucho tiempo fue el box, ya ves cuantos jodidos salieron de aquí: el ‘Ratón’ Macías, el ‘Famoso’ Gómez, ‘El halimi’ Gutiérrez, Carlos Zárate, José ‘El Huitlacoche’ Medel, y el más viejo, el ‘Kid Azteca’, y ahora ya se perdió todo eso”, agrega Óscar.

“Del comercio, qué te digo, antes, cuando empezó la fayuca, todo era risas, ahora son lágrimas, ya que mucha gente se ha ido para el centro. En las viejas calles tradicionales, como las cerradas de Díaz de León, ya nadie quiere comerciar, ni los chinos ni los coreanos, a quienes les dieron en la madre.

“Y del fútbol, ‘El maracaná’ ya no es lo de antes, y si ahora tiene un orgullo es el Cuauhtémoc Blanco, que de Tepito llegó a Gobernador de Morelos, sin ser de allá, porque él nació aquí en Tepito”, dice el viejo comerciante.

“Todo se ha acabado en Tepito, desde que llegó López Obrador al gobierno de la ciudad. Se terminaron los bailes, ahora hay que hacerlos en los patios, donde teníamos al sonido ‘Casa blanca’, de Pepe Miranda, que era periodista creo que de El Sol de México. Lo que sí es que el barrio sigue siendo el ropero de los pobres”.

-¿Qué se necesita para que Tepito retome su identidad?

“Uuuy, está cabrón. Creo que a pesar de los pesares, lo que necesita no sólo Tepito, sino la ciudad es otro Arturo Durazo, ese si tenía los suficientes hue… sos para tener una ciudad segura; hasta el momento no hay quien haya buscado tener seguridad en el DF, y menos en Tepito, en donde antes, si eras del barrio no te atracaban, pero ahora hasta te tienes que cuidar de los vecinos.

“Pero en fin, como dice Cristina Pacheco: aquí nos tocó vivir. Y creo que, en lo particular, no me sacarán más que con los pies por delante, como a mi padre, de quien si heredé valores, y me dedico a honrarlo, siguiendo su “jale”, haciendo servible lo inservible.

¿Y LOS HIJOS DE SÁNCHEZ?

Esa es otra historia, respondió Óscar Hernández González, a quien en su juventud lo apodaban “El Pato”.

“Óscar Lewis había escrito ‘La Cultura de la Pobreza’, que causó mucho enojo al Presidente Miguel Alemán. Esa novela se basaba en lo que había pasado con una familia de Tepoztlán, Morelos, que se había avecindado en ‘La casa blanca’, y que después no quiso seguir con la secuencia del libro, y ahí conoció a mi abuelo Santos Hernández, que en la novela es “Jesús Sánchez, y se inició la historia”.

Óscar, toma un cigarro y se ríe. Al preguntarle el motivo de su risa, comenta: “Me acuerdo mucho que mi padre recordaba con gracia la primera petición que le hizo el doctor Lewis. Fue que le enseñara a decir y comprender las groserías para poder entender el espíritu del barrio”.

“Incluso nos comentó su hija Judith que en una ocasión estaba su papá en una reunión con la colonia americana, y después de un chiste que dijeron los asistentes, se le salió decir: ‘A toda madre’, causando estupor entre el grupo”, cuenta el tepiteño.

“Mi padre siempre fue muy luchón y le molestaba mucho que la gente fuera huevona y que no supiera defender sus derechos, y yo lo aprendí de él y de mi tío pedro (Roberto) ambos muy unidos y chachareros de profesión.”

Óscar Hernández.

 

DE SANGRE BRAVA

Don Óscar conoció otro Tepito, vivió en la Casa Blanca, cuando en cada hogar había un taller familiar, por eso le molestaba mucho que dijeran en esa época que el barrio era cuna de delincuentes, y aseguraba que había mucho más humanismo que en otras partes.

Todo se acabó con el sismo del 85, muchas familias se fueron, otros murieron y el Banco Mundial, para ayudar a la reconstrucción, pidió que sólo fueran casas habitación, así se perdió mucho de la identidad barrial; además, las tradiciones se están perdiendo, ya no hay ni bailes ni posadas, cuenta el entrevistado.

“Mi padre tenía razón en muchas cosas, al terminarse los talleres familiares, la desintegración familiar y laboral se vino en cascada. Él decía que había que fomentar la capacitación de la mano de obra, pero ahora en los núcleos familiares no hay nada de Óscar Hernández eso, antes había un ratero en la familia, ahora hay familias de rateros en todos lados por la falta de valores y huevones que se han hecho los jóvenes”.

-¿Y tu familia?

-“Bien, gracias”.

-No, la de tus tíos Consuelo, Bertha y Pedro, ¿qué se han hecho?

-Bueno, de ellos te puedo decir que prácticamente todos los personajes centrales ya murieron. Del abuelo Santos sabes que murió allá en la colonia El Vergel, en 1997, y en el 2002 lo alcanzaron Pedro (Roberto Sánchez) y Manuel (Luis Sánchez), ambos murieron de cáncer, al igual que mi primo Gini, parece que es mal de familia, lamenta.

Óscar nos contó una anécdota de su tío Pedro, a quien le decían “El negro”, y que era muy bueno para el “moquete”: “Andaba ‘jarra’ el día de la muerte de Óscar Lewis, quien era su compadre, ya que había bautizado a su único hijo Gini, y al llegar a la Casa Blanca, alguien le dijo: tú pedo y tu compadre en la tumba (16/12/70), a lo que reaccionó agresivamente y el informante acorralado sólo le dijo: Cálmala cabrón, sólo lee los periódicos.”

De Bertha (Martha Sánchez), el tepiteño cuenta que murió hace seis meses al bronco aspirar. Dice que una de sus hijas, Consuelo, vive en Nueva York, “tuvo varios hijos y algunos son profesionistas, siguen viviendo en Acapulco. Nos hablamos de vez en cuando”, asegura.

“De Cristina (Consuelo Sánchez), siempre fue muy especial, introvertida, desde que era secretaria del doctor. Vivió un tiempo en Nuevo Laredo, sabemos que se casó y se fue a vivir a León, y luego se vino para el DF, y por referencias de sus hijos, sabemos que está en un asilo, tenía principios de Alzheimer.

“La Casa blanca”, con sus 179 departamentos y 60 accesorias, con sus casi 100 años de antigüedad, sigue viviendo con sus macetas, ropa tendida, ratas, teporochos, y la esperanza de que si hoy no la hago, mañana sí, pero, falta alguien que les grite: No sean pendejos, no se dejen sobajar, demuestren que los tepiteños sabemos hacer las cosas de forma honrada, y esos eran Pedro y Luis Hernández (Manuel y Roberto), los Hijos de Sánchez, dijo el tepiteño.

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