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EVIDENCIAS / Cero plástico en CDMX

EVIDENCIAS / Cero plástico en CDMX
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Patricia Sotelo

Imagino que un día me despierto, me levanto y voy a comprar un café y no me lo sirven en vaso desechable sino en uno de material biodegradable, y no hay pijas de plástico para mezclar el azúcar. Luego voy al supermercado y veo que la carne, el pollo y los vegetales ya no se venden en charolas de unicel, ni se usan plásticos para cubrirlos. Que las cápsulas de café desaparecieron. Que al pagar en caja no me dan bolsas de plástico para llevar mis artículos. Que al salir de ahí compro un jugo en un puesto y me lo dan también en un vaso hecho de material ecológico y, por supuesto, los popotes no existen. Y la señora que vende quesadillas y chilaquiles en la esquina tampoco usa recipientes de unicel.

Algo así estaremos viviendo en la Ciudad de México en aproximadamente un año y medio. Claro, si se cumple lo que el Congreso capitalino aprobó la semana pasada, prácticamente por unanimidad. Los legisladores de todas las fracciones parlamentarias reformaron la Ley de Residuos Sólidos para prohibir la utilización y distribución de plásticos de un solo uso, por lo que a partir de diciembre de 2020 ya no se podrán comercializar, distribuir y entregar bolsas de plástico al consumidor, salvo que sean compostables. Solo podrán usarse las que sean necesarias por razones de higiene o que previenen el desperdicio de alimentos.

Y a partir del primer día de enero de 2021 también estarán prohibidos los tenedores, cuchillos, cucharas, palitos mezcladores, platos, popotes o pajitas, bastoncillos para hisopos de algodón, globos y varillas para globos, vasos y sus tapas, charolas para transportar alimentos y aplicadores de plástico de tampones.

Hacer realidad esta disposición sería avanzar hacia una forma de vida más amigable con el medio ambiente y con nuestro hábitat, al nivel de países del primer mundo, pero se requiere apoyo de la industria, acciones efectivas del gobierno y, sobre todo, un cambio de cultura de todos los capitalinos para modificar nuestros hábitos.

No será una medida fácil para nadie, pero es necesaria y urgente. De acuerdo con datos de la organización Greenpeace, en México una persona genera 650 bolsas de plástico al año. Es decir, 54 al mes; casi dos bolsas diarias. Si hacemos un cálculo por 20 millones de personas que viven en la CDMX y zona metropolitana, estamos hablando de 13 mil millones de bolsas al año; mil 83 millones al mes; ¡36 millones de bolsas al día! Y cada bolsa tiene una vida útil de 12 minutos y tarda entre 400 y mil años en degradarse.

Estas escandalosas cifras corresponden solo a las bolsas de plástico, pero falta contabilizar los millones de cápsulas de café, vasos, platos desechables, y demás plásticos que ahora están en la lista negra.

La nueva disposición encontrará, por supuesto, resistencias, empezando por los industriales del plástico que deberán modificar su tecnología para poder producir materiales compostables, es decir, que puedan biodegradarse fácilmente, porque eso implica inversión y afecta sus intereses económicos.

Las autoridades del gobierno capitalino y también del gobierno federal deberán sostener el apoyo a esta medida y no ceder a presiones de los empresarios; aunque sí buscar la forma de apoyarlos en la transición tecnológica.

Pero, sin duda, la resistencia más fuerte es la cultural, porque a pesar de que los ciudadanos sabemos de las implicaciones negativas del uso de plásticos, nos resistimos a modificar nuestros hábitos por comodidad. Cuesta trabajo ir de compras y llevar bolsas de tela o recipientes. O hacer una reunión en casa y usar platos, vasos o cubiertos que no sean desechables. Incluso, nos empeñamos en comprar globos a los niños.

Sin embargo, hoy se abre una oportunidad para cambiar. Es apenas un paso ante la terrible realidad de la contaminación por la gran cantidad de basura que generamos. Ojalá la CDMX ponga el ejemplo de que se puede vivir con cero plástico.

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