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Gobierno a mano alzada

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Arturo Páramo

La inversión de infraestructura pública en México está en entredicho.

El domingo pasado, en Gómez Palacio, Durango, grupos de transportistas de esa localidad conurbada a Torreón, Coahuila, se apostaron en el mitin que encabezó el presidente Andrés Manuel López Obrador, con pancartas en rechazo al proyecto de Metrobús que conectaría ambas ciudades, además de Matamoros (Coahuila) y Lerdo (Durango).

A la llegada del presidente, durante su recorrido en el que saluda a los asistentes y a lo largo del mitin los transportistas gritaron en varios momentos en contra del proyecto que ya tenía presupuestados 450 millones de pesos.

El metrobús de La Laguna lleva adelantados sus trabajos en el lado coahuilense, y aún no ha arrancado en el lado duranguense.

Los grupos organizados de transportistas de Gómez Palacio orillaron a gritos a que el presidente a defender públicamente el metrobús. El propio López Obrador explicó que el proyecto ya se le había presentado y que consideraba que no debía quedar trunco. Hubo más gritos.

El presidente reiteró que el proyecto incluso ya tenía presupuesto asignado. Su construcción era un hecho. Los gritos de los transportistas arreciaron.

Entre los asistentes al mitin la opinión era que los transportistas defendían su fuente de trabajo, el valor de sus concesiones, mientras que sus unidades y su servicio son de baja calidad.

López Obrador resolvió aplicar una consulta a mano alzada que decidió que el Metrobús, un proyecto planeado, presupuestado y considerado como adecuado por el propio presidente, fue cancelado pese a la aparente resignación del titular del Ejecutivo.

De consolación, en una votación subsecuente a mano alzada entre los asistentes se optó por invertir los recursos asignados en obras de abasto de agua potable en lugar de la conclusión de un hospital que está a medias.

Lo sucedido en Gómez Palacio es una alerta a los empresarios que ya se han llevado varios golpes en el último semestre.

La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional en Texcoco mediante una consulta, o la clausura de cerca de 500 proyectos inmobiliarios en la Ciudad de México, y ahora el proyecto de Metrobús en Gómez Palacio.

Cuesta trabajo pensar que el presidente, creador del primer proyecto de autobús con carril confinado durante su gobierno en el entonces Distrito Federal consienta mantener el actual sistema de transporte en lugar de adecuar ambos en una convivencia económicamente sana para ambos.

El fin de semana, además, lanza otro dardo a Carlos Slim pidiéndole que no cierre la mina de San Francisco del Oro, en Chihuahua, y califica al empresario como uno de “dimensión social”.

La relación del presidente con el empresariado es tensa, difícil, de contrastes y de sobresaltos.

En tanto, el presidente apuesta todo a la estrategia para regular el ingreso y tránsito de migrantes centroamericanos por el país, removiendo al director del Instituto Nacional de Migración y colocando a un incondicional de mil batallas.

Francisco Garduño participó a López Obrador en diversos cargos en la Jefatura de gobierno.

Tras la derrota en la campaña de 2006, estuvo a cargo de la conformación de las bases de la Fundación Honestidad Valiente y de la Convención Nacional Democrática.

Acompañó a López Obrador en sus campañas presidenciales de 2012 y 2018, y había sido nombrado recientemente como titular de reclusorios federales.

Ahora, sin experiencia en materia migratoria será pieza clave en la instrumentación de una estrategia en la que el gobierno se juega su viabilidad.

Garduño y Marcelo Ebrard son sometidos a una tremenda presión, son hombres caminando al borde de un abismo, por un estrecho corredor. Cruzar el abismo con vida tiene una recompensa vital. Un paso en falso lleva al desastre total.

Así vive el gobierno federal actual, siempre al borde del abismo.

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