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José Ramón y Mandibulín

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Adrián Rueda

Hace algunas generaciones ya, en televisión pasaba una caricatura llamada Mandibulín; la historia de un tiburón que se hizo famoso por su frase: “Ya nadie me respeta”.

Esa broma corre jocosamente por los pasillos del Antiguo Ayuntamiento de la capital, donde los secretarios del gobierno andan como perritos sin dueño, en espera de entregar a sus relevos; tienen un jefe blandengue al que se le hace tarde para irse.

Pero si ya le urge entregar el changarro para terminar con sus angustias, alguien le debería recordar a José Ramón Amieva que aún le faltan dos quincenas para dejar de ser jefe de Gobierno de la CDMX y que, mientras tanto, debe desquitar la chuleta.

Para nadie es un secreto su pánico a las responsabilidades, pero tiene que aceptar que nadie le torció la mano para aceptar ser el sustituto de Miguel Ángel Mancera, quien dejó inconcluso el cargo al optar por una senaduría, así que ahora se aguanta y termina.

Porque seguramente no le da pena recibir su cheque quincenal como si lo desquitara, así que al menos debería tener tantita vergüenza para dar un manotazo en la mesa y exigir un poco de respeto, pues, hasta donde se sabe, todavía es el gobernante formal.

Qué triste papel el de Amieva, a quien seguramente nadie recordará jamás una vez que llegue el 5 de diciembre y deje el Antiguo Ayuntamiento, en donde es prácticamente un mueble más.

Y es que desde hace semanas lo importante que pasa en la CDMX lo está viendo Claudia Sheinbaum, quien es jefa de Gobierno electa, sí, pero entrará formalmente en funciones hasta el 5 de diciembre.

Para ilustrar lo que está pasando con las autoridades de la ciudad, basta recordar tres hechos que marcaron esta semana la vida de los capitalinos y que, en teoría, tendría que estar viendo directamente Amieva.

El primero de ellos fue el corte de agua con motivo del mantenimiento al Sistema Cutzamala, pues, aunque el jefe de Gobierno estuvo a la espera de recibir la orden para reanudar el mantenimiento, quien ofreció soluciones al respecto fue Sheinbaum.

Algunos podrán decir que no hay nada de malo en ello, pues es un tema que preocupó a todos los capitalinos, pero si se le suma que fue Claudia la que se reunió con los alcaldes capitalinos para decidir la estrategia de 15 días de apoyo a los migrantes, la cosa cambia.

La responsabilidad en ese tema es totalmente de Amieva, quien incluso se llenó la boca presumiendo a la CDXM como Ciudad Santuario e invitó a la caravana a llegar a la capital; Sheinbaum es la que está decidiendo al respecto y eso que no le toca.

Igual ayer la morenista se reunió con el gobernador mexiquense Alfredo del Mazopara ver temas estratégicos de la agenda metropolitana como movilidad, servicios y seguridad, por ejemplo.

Si bien Claudia será la responsable a partir de diciembre, por pura cortesía debieron invitar a Amieva, sólo que, como a Mandibulín: ya nadie lo respeta.

CENTAVITOS…  Aunque los morenos del Congreso de la CDXM aparentan cierta calma ante la inminente salida de su lideresa, Ernestina Godoy, por los rincones se ve a varios de ellos afilándose los dientes, pues no tarda ni tantito la guerra entre caníbales para ver quién se queda con el botín en Donceles. Lo dicho, cuando un solo partido tiene todo y se queda sin rivales, lo único que procede es el canibalismo: ¡ay, nanita!

https://www.excelsior.com.mx/opinion/adrian-rueda/jose-ramon-y-mandibulin/1276711

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